martes, 31 de mayo de 2011
viernes, 27 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
Anarquia 2.0
¿Anarquista? ¿Y todavía existen? Eso es del pasado, ahora, como están las cosas me parece imposible. Sería un caos que nadie nos gobierne. Es imposible organizar algo si nadie da órdenes. Es una utopía que por algo ya no existe más. ¿O vos ves al partido anarquista por algún lado?
¿Y que me decís vos de la política actual? Es igual desde que nació: promesas para que los voten y listo, gracias, en cuatro años nos vemos… total ya te vas a olvidar y se pueden presentar de nuevo. Ganó con el 42 % de los votos. Claro, si te ponen en la cabeza que si no votás te lleva la policía y que ya que es obligatorio voy, voto al que creo que va a ganar (así me siento un poco del lado ganador alguna vez) y me vuelvo a mi casa. Lo único que necesito es a alguien que me diga lo que tengo que hacer. Y eso es al democracia. Por ahora.
El día 15 de mayo de 2011 se juntaron en España desocupados, “mileuristas, amas de casa, inmigrantes, y ciudadanos en general” con un objetivo concreto: impulsar un cambio drástico en el manejo de la democracia que, para ellos, estaba en manos de políticos ladrones y banqueros (no hace falta acá el adjetivo).
En un comunicado de Democracia real YA del dia 17 resumen muy bien su propuesta: "...Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo..."
Lo que el Movimiento de indignados 15-M no tiene es un líder, alguien que les dé las órdenes. Y por ahora parece que no lo necesitan.
Conocí a los Sex Pistols en la secundaria. Y ahí también conocí la palabra anarquía y a investigar algo que es más que una palabra: es La idea. Me sentaba al lado de un compañero, El Larva, que también escuchaba los Sex Pistols. Un profesor histórico de Historia le dijo un dia: “Usted es la manzana podrida que pudre el cajón”. Y esa frase me quedó, tanto como la idea que venia detrás.
La democracia está muerta. Existe como formas olvidadas, como las definiciones de diccionario, opaca, para unos pocos que saben bien como funciona y no quieren que todos los demás lo sepan. Casi como una conspiración de los poderosos. Pero ellos necesitan, aunque sea de vez en cuando, que alguien los vote, que alguien los legitime.
El anarquismo no está muerto. Cambia, se adapta, sobrevive. Muchas veces quisieron hacerlo desaparecer, mancharlo, atacarlo, desprestigiarlo. Pero sigue vivo, como un virus, metiéndose desde adentro del sistema. Como esa manzana podrida amenaza con extenderse como una plaga. Y el movimiento 15-M sabe aprovechar bien las nuevas armas: desde intervenciones individuales en programas de radio, información al instante de todo lo que pasa en Twitter, Manifiestos a los que se puede adherir, transmisiones de video desde los acampes en la puerta del Sol, apoyo de intelectuales, humoristas, uso de redes sociales, blogs, fotos y páginas de internet.
Uno de los documentos que circula titulado Todos a una, Por fin habla de los objetivos concretos para lograr un cambio en la democracia española. Son básicamente la reforma de la ley electoral, la verdadera separación de poderes y la Regeneración política (erradicar la corrupción, en otras palabras). Termina con una referencia que dice “Y de esto va todo, de ir todos a una como en Fuenteovejuna. Nada más y nada menos”. Y la referencia a Fuenteovejuna es respaldada por las máscaras de Guy Fawkes que se ven en las fotos y la idea de ser todos anónimos en el sentido comúnmente usado en las comunidades online como 4Chan (muchos usuarios actuando anónimamente de forma coordinada hacia un objetivo acordado).
Y las máscaras que no solo hacen referencia a la película (V de Vendetta esconde la idea de A de Anarquía) si no también a la Conspiración de la Pólvora, y la idea de revolución que flota en el aire (uno de los hastags de Twitter es #spanishrevolution ). Esa idea de revolución que parecía olvidada, propia de los tiempos donde la anarquía era una idea fuerte, casi una posibilidad.
Como sigue esto nadie lo sabe. Pero alguien en algún lugar encendió una mecha y no sé si va a ser fácil apagarla. Porque son todos y nadie los responsables de seguir. Mientras tanto voy a volver al punk que me hizo escuchar por primera vez la palabra Anarquia y bajarme algún disco de los Clash, puede que sea London Calling, puede ser que tenga ganas de escuchar la canción número seis.
martes, 17 de mayo de 2011
Memorias de linyera.
PLAZA ROMA.
Compré una hamburguesa en el puesto de la vereda de la plaza, con salsa criolla y cebolla frita y me senté en el pasto tomando el sol. Recargando energías. Terminé la hamburguesa y saqué el paquete de Manitou y los papelillos y cuando empiezo a armarlo veo que un policía se acercó y está parado frente mío con una sonrisa de oreja a oreja : - Hola...
-Hola
-Ah! Yo pensé que estaba armando algo raro
-Ya no hay nada raro en este mundo
-¿Y qué estás fumando?
-Manitú. Tabaco sin agregados químicos ¿Quiere uno?
Le mostré el paquete. Se puso serio, media vuelta y se fué.
Prendí el cigarro y me lo fumé y me acosté en el pasto y me dormí con el sol del otoño en la cara
-Amigo... Hola amigo...
Entre sueños abro los ojos y veo el rosario colgado al cuello, anteojos oscuros y una sonrisa:
-Disculpas por interrumpir tu sagrada siesta de todos los días, usted sabe la situación de la gente de la calle, no quiero molestarlo así que voy a ser brevísimo... nosotros no tenemos hogar así que le pido una moneda, lo que pueda...
-No puedo darte nada
-¿No tenés plata?
-No
Se quedó mirándome serio por un minuto larguísimo, después dijo: -¿Te puedo hacer una pregunta?
- Claro
-¿No te vas a enojar?
- No
-Porque es una pregunta sarcástica...
-Pregunte nomás. Le digo intrigado
¿¡PARA QUÉ CORNO TRABAJA!?
Se dió la vuelta y se fué. Yo Cerré los ojos.
Todavía no sé que responderle
Compré una hamburguesa en el puesto de la vereda de la plaza, con salsa criolla y cebolla frita y me senté en el pasto tomando el sol. Recargando energías. Terminé la hamburguesa y saqué el paquete de Manitou y los papelillos y cuando empiezo a armarlo veo que un policía se acercó y está parado frente mío con una sonrisa de oreja a oreja : - Hola...
-Hola
-Ah! Yo pensé que estaba armando algo raro
-Ya no hay nada raro en este mundo
-¿Y qué estás fumando?
-Manitú. Tabaco sin agregados químicos ¿Quiere uno?
Le mostré el paquete. Se puso serio, media vuelta y se fué.
Prendí el cigarro y me lo fumé y me acosté en el pasto y me dormí con el sol del otoño en la cara
-Amigo... Hola amigo...
Entre sueños abro los ojos y veo el rosario colgado al cuello, anteojos oscuros y una sonrisa:
-Disculpas por interrumpir tu sagrada siesta de todos los días, usted sabe la situación de la gente de la calle, no quiero molestarlo así que voy a ser brevísimo... nosotros no tenemos hogar así que le pido una moneda, lo que pueda...
-No puedo darte nada
-¿No tenés plata?
-No
Se quedó mirándome serio por un minuto larguísimo, después dijo: -¿Te puedo hacer una pregunta?
- Claro
-¿No te vas a enojar?
- No
-Porque es una pregunta sarcástica...
-Pregunte nomás. Le digo intrigado
¿¡PARA QUÉ CORNO TRABAJA!?
Se dió la vuelta y se fué. Yo Cerré los ojos.
Todavía no sé que responderle
domingo, 15 de mayo de 2011
Soñé con un perro o De donde vienen las ideas
Muchos leen pensando en que todo lo que escribo es verdad, y eso está bueno a veces y a veces no. Porque hasta lo que es verdad, una vez escrito es otra cosa.
Ayer soñé con un perro (puede que haya sido Pimbo, puede que no). Soñé con un perro y es verdad. La verdad más absoluta.
Yo era de alguna manera amigo de ese perro y me acompañaba a todos lados. Y en todos lados los demás perros me miraban. Con esa cara que ponen los perros cuando piden algo. O quieren algo. Y no solo los perros me miraban. También los niños. Pero no parecía que me estaban pidiendo algo. En sus ojos había esperanza.
Después el sueño se pone borroso, estoy durmiendo poco y los sueños se comprimen y se hacen más densos, casi reales, pero siguen siendo sueños y hay cosas que no se pueden explicar. La cuestión es que había como una profecía o algo así. El perro que me acompañaba era una especie de presagio, el perro me había elegido a mí por algo. Yo iba a comandar un ejército de niños y perros. Contra todos los que se me pusieran enfrente.
Me acuerdo que me podía comunicar con los niños casi telepáticamente. Ellos todavía no habían sido educados para usar solo cinco sentidos, y veían mucho más allá. Yo los escuchaba, los veía de la mano de sus madres planificando un futuro sin adultos. Veía a los perros jugar con los adultos, sumisos, mientras conspiraban con los niños. “Míralos que lindos como juegan” decían.
Y en un momento o yo me decidí, o pasó un cometa o algo y nos juntamos todos en la plaza. Miles de perros, de raza, callejeros, de adorno, de exposición, sarnosos y pelados. Y en sus lomos, con sus sonrisas, sus babas cayendo, sus juguetes punzantes, sus lindos rulitos, miles de niños dispuestos a todo. Yo iba a la cabeza del ejército y nadie podía pararnos, estábamos destinados, tarde o temprano, a conquistar el mundo. Y con un grito telepático (si es que eso existe) nos lanzamos al ataque mientras todos los adultos huían ante el sonido ensordecedor de lo que parecía un solo ladrido. Un solo ladrido. Un solo ladrido me despertó y vi el perro pasando la lengua por mis zapatillas.
Ahora que lo pienso bien, creo que en mi sueño no había un perro. Si, definitivamente no soñé con un perro anoche.
Pero de eso nadie tiene por que enterarse.
miércoles, 27 de abril de 2011
Un Re cuerdo
Me encontré con una ex novia a la vuelta de la iglesia del pueblo. Iba vestida de blanco.
-Te vas a casar – le dije.
- Sí -me contestó.
-Bueno, le dije, tal vez porque la quería, por lo menos me queda la certeza de que no me vas a olvidar, que lo nuestro fue único e irrepetible, y que voy a ser un recuerdo que va a vivir siempre en tu corazón..
-Disculpame… ¿Y vos quien sos? – me dijo.
miércoles, 20 de abril de 2011
La vieja en el umbral
La señora me mira cuando me acerco. Está sentada en el umbral de su casa, con las piernas apretadas y se bambolea. Tiene el pelo blanco y una permanente que pierde consistencia; sus ojos saltones y su cuerpo flácido.
Cuando me ve, hace un gesto que es casi un soliviantarse, una acogida, un recibimiento. Entonces, creo en él, creo en su mirada y confio por un instante que habrá un saludo, un intercambio más intenso, un reconocimiento. Vivo a veinte metros de su casa hace un año y medio; en definitiva lo merezco.
Por eso, por ese gesto inicial de cada encuentro creo que me conoce. Pero cuando doy ese paso que me separa de ella, la vieja me mira primero la frente y enseguida sus ojos se pierden hacia el cielo. Entonces, ya no logro encausarlos hacia mi.
Es ahí cuando me quedo sin nada y me siento huérfano de esa señora que se se queda en la puerta de su casa, todos los días, durante horas, desde quién sabe cuándo. De esa mujer que se sienta en el umbral y gira lentamente en pivot, que ve pasar los autos del pasaje en el que vivo y en el que vive. La ceremonia se repite y vuelvo a caer en la trampa del extravío. Me ilusiono hasta que la frustración me deja huérfano otra vez.
La vieja no lo sabe muy probablemente. No percibe que voy siempre a su encuentro en busca de su acogida, que debe querer decir otras cosas para mi. Se me ocurre que la anciana de mi cuadra es otras que no termino de identificar y que en su pasado guarda historias que me incluyen. En cambio, para ella mi cuerpo que se acerca es apenas una sombra que no termina de envolverla, otra presencia que se esfuma y nunca logra rescatarla de su extravío.
Cuando me ve, hace un gesto que es casi un soliviantarse, una acogida, un recibimiento. Entonces, creo en él, creo en su mirada y confio por un instante que habrá un saludo, un intercambio más intenso, un reconocimiento. Vivo a veinte metros de su casa hace un año y medio; en definitiva lo merezco.
Por eso, por ese gesto inicial de cada encuentro creo que me conoce. Pero cuando doy ese paso que me separa de ella, la vieja me mira primero la frente y enseguida sus ojos se pierden hacia el cielo. Entonces, ya no logro encausarlos hacia mi.
Es ahí cuando me quedo sin nada y me siento huérfano de esa señora que se se queda en la puerta de su casa, todos los días, durante horas, desde quién sabe cuándo. De esa mujer que se sienta en el umbral y gira lentamente en pivot, que ve pasar los autos del pasaje en el que vivo y en el que vive. La ceremonia se repite y vuelvo a caer en la trampa del extravío. Me ilusiono hasta que la frustración me deja huérfano otra vez.
La vieja no lo sabe muy probablemente. No percibe que voy siempre a su encuentro en busca de su acogida, que debe querer decir otras cosas para mi. Se me ocurre que la anciana de mi cuadra es otras que no termino de identificar y que en su pasado guarda historias que me incluyen. En cambio, para ella mi cuerpo que se acerca es apenas una sombra que no termina de envolverla, otra presencia que se esfuma y nunca logra rescatarla de su extravío.
miércoles, 13 de abril de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
Golpes
Me gusta el boxeo. Soy de los que lo consideran un deporte de alto rendimiento, con reglas claras. Durante unos años lo practiqué con un entrenador que me incentivaba con frases como: los golpes no alimentan o tengále bronca al cuerpo. Por alguna razón siempre me quedaron grabadas esas frases, así como también el rostro de mi entrenador, tallado por los golpes. Golpes es una serie de retratos de estos hombres que han dedicado sus vidas a este noble y sacrificado deporte. El objetivo es rendir homenaje a estos notables y valerosos luchadores que siempre dejaron todo y que con demasiada frecuencia se quedaron sin nada. (Diego Levy)
la muestra se inaugura el 13 de abril y cierra el 28 de mayo.
lunes, 28 de marzo de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
La idea
"Lo que nos hace avanzar no son las distintas zanahorias que nos ponen delante si no los cuchillos que tenemos clavados en la espalda"
sábado, 19 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
El cuadrado vicioso
A decir verdad, nadie tiene ganas de ponerse a leer las propuestas políticas de los diferentes candidatos y mucho menos ponerse a investigar corrientes o ideas alternativas a la dominante. Y eso es porque trabajamos mucho y la televisión necesita gente que la mire. Si no, no existe. Y porque después de un dia entero de ir de un lado al otro lo que quiero, lo que necesito es sacarme los zapatos y ponerme a ver televisión. No pensar. No hacer nada. Comer lo que hay. O pedir algo. O lo que sea. Ni en eso quiero pensar.
Pero… ¿Y si es al revés? ¿Y si estoy así por hacer esto? ¿Si estoy así por no pensar al final del día? Tal vez lo que necesito para cambiar es sólo probar de pensar un solo día, intentar cambiar algo. Incidir. Comprometerme. Estudiar las diferentes opciones, ventajas, desventajas. Posibilidades de cambio real y, por que no, utópicas. Reunir toda la información, comparar y, por una vez en la vida, actuar. Provocar un cambio que de verdad incida en nuestras vidas cambiándola radicalmente. Me imagino lo que va a ser tomare el control quizás por primera vez.
Yo ya decidí.
Un Phillips con pantalla LED de 42 pulgadas.
Pero… ¿Y si es al revés? ¿Y si estoy así por hacer esto? ¿Si estoy así por no pensar al final del día? Tal vez lo que necesito para cambiar es sólo probar de pensar un solo día, intentar cambiar algo. Incidir. Comprometerme. Estudiar las diferentes opciones, ventajas, desventajas. Posibilidades de cambio real y, por que no, utópicas. Reunir toda la información, comparar y, por una vez en la vida, actuar. Provocar un cambio que de verdad incida en nuestras vidas cambiándola radicalmente. Me imagino lo que va a ser tomare el control quizás por primera vez.
Yo ya decidí.
Un Phillips con pantalla LED de 42 pulgadas.
jueves, 10 de marzo de 2011
Pobres Culturales
“Este libro se terminó de imprimir el día 13 de Julio de 2002 en los talleres ubicados en la calle…”. ¿Quién no leyó esto alguna vez? Y si yo quiero imprimir 10 páginas a doble faz tengo que tirar la mitad porque salieron mal me imagino en una tirada de 5000 ejemplares algo debe sobrar. Sobre estas ideas se sentaron las bases del proyecto. Y también éramos pobres, hay que decirlo.
En ese momento éramos pobres. No pobres de andar mendigando y pasando hambre. Pero cuando la plata no abunda lo primero que se recorta del presupuesto tiene que ver con la cultura. Porque con la comida algo hay que beber y porque algunos libros son demasiado caros y la cerveza siempre cuesta más o menos lo mismo. Se puede decir que no éramos pobres, si no pobres culturales.
En los países del llamado primer mundo la cultura y las tecnologías que la acompañan son una cosa más en la que gastar la plata que de alguna manera siempre sobra, aunque sea un poco. No sé si comprar un libro en España es más barato o que ellos tienen más plata para gastar en eso. Pero da la sensación que es más fácil acceder a la mayoría de los bienes culturales. Y además la tecnología llega antes y mejor.
Acá nos enteramos de los nuevos avances de la tecnología pero no los vemos. O los vemos en las vidrieras de los Shoppings con un cartelito con muchos mas ceros que nuestros recibos de sueldo. Entonces la televisión 3D, el sonido increíble, los televisores gigantes, los libros electrónicos, internet de 1000 gigabytes son una noticia lejana, algo que vamos a acceder cuando ya no sea lo que es. Mientras tanto vemos películas mal grabadas, escuchamos discos con mala calidad en parlantes de computadora, en monitores minúsculos, escuchamos la radio con un solo auricular porque el otro se rompió y seguimos leyendo libros de papel, baratos, y mirando en las vidrieras los libros demasiado caros (tan lejos del libro digital).
Cuando digo éramos pobres supongo que no saben a quienes me refiero. En esa época éramos tres. El Negro, su mujer y yo. De alguna manera así empezó todo. Empezó cuando no teníamos nada más para leer. Los libros baratos (que valían la pena, como “Días de Ron” y “1280 almas”), los que salían con el diario los domingos, los de Parque Rivadavia, los saldos de la avenida Corrientes, y los que el Negro había podido imprimir en el trabajo antes de renunciar. Ya no había nada. Estábamos los tres sentados en la mesa. Nosotros dos tomando cerveza y Karina, la mujer del Negro cosiendo. Y ahí me di cuenta. Releyendo la última página de algún libro y mirando como de los retazos de tela que encontrábamos en la calle, en las puertas de los talleres clandestinos que tenían inmigrantes ilegales hasta las 2 de la mañana cosiendo. Si de los retazos de tela se podía crear algo nuevo, útil y valioso lo que debíamos buscar era retazos, partes, páginas de libros y con paciencia reconstruirlos.
Cuando esa idea llegó a mi mente lo primero que hice fue escribirla en mi libreta. Después terminar el vaso de cerveza y por ultimo explicar la idea al Negro. La mayor virtud y el peor defecto del Negro es que dice siempre que sí. Y eso me dijo: “Si, lo hacemos”. Karina lo miró de costado porque lo conoce bien y sabe que siempre dice que sí. Pero si yo no hago nada en nada queda. Casi siempre. Pero hice. Primero con una vieja guía Filcar que tenía hice un mapa gigante de la ciudad uniendo todas las paginas. Quedó divino en el living, ocupaba casi toda la pared. A partir del mapa fuimos marcando todos los talleres en donde se imprimían los libros. Elegimos los más nuevos y sólo los ubicados dentro de los límites de la capital. Cuando teníamos cerca de cuarenta direcciones marcadas en el mapa las dividimos en dos y nos las repartimos. A cada uno le tocaría vigilar la mitad (al final fuimos los dos a todas, pedaleando de aquí para allá). Se debía corroborar si seguía en funcionamiento, horarios de salida de los trabajadores, a qué hora sacaban la basura y a qué hora pasaba el camión recolector. Cuando tuvimos todo más o menos sistematizado comenzó la parte interesante del proyecto Frankenstein, como le habíamos llamado.
Le habíamos llamado proyecto Frankenstein porque pensamos que unir los fragmentos de la basura iba ser un poco como jugar al Cadáver exquisito. Pero no tan aleatorio ni surrealista. Debíamos formar un cuerpo, darle vida a un libro, a partir de fragmentos que no son nada más que unas letras en un papel, sin principio, ni fin, ni sentido. Además porque el primero de los libros que logramos recomponer (o revivir) fue una versión para niños de Frankenstein que encontramos en la primera etapa de reconocimiento, casi sin querer y que en solo 3 días paso de ser una pila de papeles a ser un libro hecho y derecho. El primer triunfo, el primer paso para la venganza de los pobres culturales.
Los comienzos no fueron fáciles, debíamos ser rápidos, silenciosos, cuidadosos, estar atentos, invertir demasiado tiempo y pelearnos con cartoneros. Además de todo esto teníamos que seguir trabajando en nuestros trabajos “normales” y eso solo para terminar la recolección. Después había que lograr reunir los fragmentos en un libro. Y no siempre se podía. Por lo general a todos los libros le faltaban páginas. La solución era sacarlos de la biblioteca y fotocopiar las partes faltantes. Pero eso significaba más trabajo. Además mientras Karina seguía cosiendo retazos nosotros también tuvimos que agarrar aguja e hilo para encuadernar prolijamente los libros que llegábamos a armar. En un par de meses éramos casi expertos en encuadernación. Y nuestra biblioteca clandestina, pobre e ilegal cada vez tenía más libros. A veces, si teníamos suerte, lográbamos armar dos ejemplares de un mismo libro. Eso ameritaba una cerveza bien fría en el balcón.
El mayor problema del proyecto Frankenstein era la imposibilidad de elegir. No sabíamos que nos podíamos encontrar en esas bolsas negras que cargábamos hasta el departamento. Ni siquiera después de desparramarla en el living y leer un par de fragmentos sabíamos a que libro pertenecía. Y una vez que sabíamos no siempre era una buena noticia. Muchas veces era basura y seguía siendo basura. A veces en las bolsas venían mezclados dos o más libros. Y el trabajo era doble o triple. Pero las soluciones surgieron por dos lados diferentes.
Por un lado comenzamos a elegir lo que podíamos, es decir elegir los talleres que imprimían los libros que nos podían llegar a interesar. Es decir, aquellos que imprimen acá pero te los cobran como si fueran hechos en España con el mismo papel que se imprimen los Euros. Y eso por lo general daba buenos resultados. Aunque a veces no. La otra solución fue un poco menos normal. Armamos libros a partir de fragmentos de varios otros libros. A veces separados por capítulos, otras no. Algunos libros armados así tenían un poco de poesía, algunos dibujos, fotos y fragmentos de libros de cocina. Algunos quedaban realmente buenos.
Durante años dejamos de comprar libros. Y a pesar de eso nuestra biblioteca crecía a un ritmo acelerado. Cada vez nos tomaba menos tiempo terminar la reconstrucción de un libro. Pero en algún momento algo cambió. No me acuerdo que estaba mirando cuando se me ocurrió otra cosa. Creo que estábamos tratando de combinar tres libros para hacer uno nuevo cuando se me ocurrió algo. Karina seguía cosiendo y las partes del libro no encajaban bien, había algo que faltaba. Y en ese momento le dije al Negro: “Creo que esto no va más, tenemos que ponernos a escribir”. Y el Negro, con la tranquilidad que lo caracteriza, me dijo: “Si, lo hacemos”. Y Karina lo miró de reojo mientras cosía entre las telas que había comprado.
En ese momento éramos pobres. No pobres de andar mendigando y pasando hambre. Pero cuando la plata no abunda lo primero que se recorta del presupuesto tiene que ver con la cultura. Porque con la comida algo hay que beber y porque algunos libros son demasiado caros y la cerveza siempre cuesta más o menos lo mismo. Se puede decir que no éramos pobres, si no pobres culturales.
En los países del llamado primer mundo la cultura y las tecnologías que la acompañan son una cosa más en la que gastar la plata que de alguna manera siempre sobra, aunque sea un poco. No sé si comprar un libro en España es más barato o que ellos tienen más plata para gastar en eso. Pero da la sensación que es más fácil acceder a la mayoría de los bienes culturales. Y además la tecnología llega antes y mejor.
Acá nos enteramos de los nuevos avances de la tecnología pero no los vemos. O los vemos en las vidrieras de los Shoppings con un cartelito con muchos mas ceros que nuestros recibos de sueldo. Entonces la televisión 3D, el sonido increíble, los televisores gigantes, los libros electrónicos, internet de 1000 gigabytes son una noticia lejana, algo que vamos a acceder cuando ya no sea lo que es. Mientras tanto vemos películas mal grabadas, escuchamos discos con mala calidad en parlantes de computadora, en monitores minúsculos, escuchamos la radio con un solo auricular porque el otro se rompió y seguimos leyendo libros de papel, baratos, y mirando en las vidrieras los libros demasiado caros (tan lejos del libro digital).
Cuando digo éramos pobres supongo que no saben a quienes me refiero. En esa época éramos tres. El Negro, su mujer y yo. De alguna manera así empezó todo. Empezó cuando no teníamos nada más para leer. Los libros baratos (que valían la pena, como “Días de Ron” y “1280 almas”), los que salían con el diario los domingos, los de Parque Rivadavia, los saldos de la avenida Corrientes, y los que el Negro había podido imprimir en el trabajo antes de renunciar. Ya no había nada. Estábamos los tres sentados en la mesa. Nosotros dos tomando cerveza y Karina, la mujer del Negro cosiendo. Y ahí me di cuenta. Releyendo la última página de algún libro y mirando como de los retazos de tela que encontrábamos en la calle, en las puertas de los talleres clandestinos que tenían inmigrantes ilegales hasta las 2 de la mañana cosiendo. Si de los retazos de tela se podía crear algo nuevo, útil y valioso lo que debíamos buscar era retazos, partes, páginas de libros y con paciencia reconstruirlos.
Cuando esa idea llegó a mi mente lo primero que hice fue escribirla en mi libreta. Después terminar el vaso de cerveza y por ultimo explicar la idea al Negro. La mayor virtud y el peor defecto del Negro es que dice siempre que sí. Y eso me dijo: “Si, lo hacemos”. Karina lo miró de costado porque lo conoce bien y sabe que siempre dice que sí. Pero si yo no hago nada en nada queda. Casi siempre. Pero hice. Primero con una vieja guía Filcar que tenía hice un mapa gigante de la ciudad uniendo todas las paginas. Quedó divino en el living, ocupaba casi toda la pared. A partir del mapa fuimos marcando todos los talleres en donde se imprimían los libros. Elegimos los más nuevos y sólo los ubicados dentro de los límites de la capital. Cuando teníamos cerca de cuarenta direcciones marcadas en el mapa las dividimos en dos y nos las repartimos. A cada uno le tocaría vigilar la mitad (al final fuimos los dos a todas, pedaleando de aquí para allá). Se debía corroborar si seguía en funcionamiento, horarios de salida de los trabajadores, a qué hora sacaban la basura y a qué hora pasaba el camión recolector. Cuando tuvimos todo más o menos sistematizado comenzó la parte interesante del proyecto Frankenstein, como le habíamos llamado.
Le habíamos llamado proyecto Frankenstein porque pensamos que unir los fragmentos de la basura iba ser un poco como jugar al Cadáver exquisito. Pero no tan aleatorio ni surrealista. Debíamos formar un cuerpo, darle vida a un libro, a partir de fragmentos que no son nada más que unas letras en un papel, sin principio, ni fin, ni sentido. Además porque el primero de los libros que logramos recomponer (o revivir) fue una versión para niños de Frankenstein que encontramos en la primera etapa de reconocimiento, casi sin querer y que en solo 3 días paso de ser una pila de papeles a ser un libro hecho y derecho. El primer triunfo, el primer paso para la venganza de los pobres culturales.
Los comienzos no fueron fáciles, debíamos ser rápidos, silenciosos, cuidadosos, estar atentos, invertir demasiado tiempo y pelearnos con cartoneros. Además de todo esto teníamos que seguir trabajando en nuestros trabajos “normales” y eso solo para terminar la recolección. Después había que lograr reunir los fragmentos en un libro. Y no siempre se podía. Por lo general a todos los libros le faltaban páginas. La solución era sacarlos de la biblioteca y fotocopiar las partes faltantes. Pero eso significaba más trabajo. Además mientras Karina seguía cosiendo retazos nosotros también tuvimos que agarrar aguja e hilo para encuadernar prolijamente los libros que llegábamos a armar. En un par de meses éramos casi expertos en encuadernación. Y nuestra biblioteca clandestina, pobre e ilegal cada vez tenía más libros. A veces, si teníamos suerte, lográbamos armar dos ejemplares de un mismo libro. Eso ameritaba una cerveza bien fría en el balcón.
El mayor problema del proyecto Frankenstein era la imposibilidad de elegir. No sabíamos que nos podíamos encontrar en esas bolsas negras que cargábamos hasta el departamento. Ni siquiera después de desparramarla en el living y leer un par de fragmentos sabíamos a que libro pertenecía. Y una vez que sabíamos no siempre era una buena noticia. Muchas veces era basura y seguía siendo basura. A veces en las bolsas venían mezclados dos o más libros. Y el trabajo era doble o triple. Pero las soluciones surgieron por dos lados diferentes.
Por un lado comenzamos a elegir lo que podíamos, es decir elegir los talleres que imprimían los libros que nos podían llegar a interesar. Es decir, aquellos que imprimen acá pero te los cobran como si fueran hechos en España con el mismo papel que se imprimen los Euros. Y eso por lo general daba buenos resultados. Aunque a veces no. La otra solución fue un poco menos normal. Armamos libros a partir de fragmentos de varios otros libros. A veces separados por capítulos, otras no. Algunos libros armados así tenían un poco de poesía, algunos dibujos, fotos y fragmentos de libros de cocina. Algunos quedaban realmente buenos.
Durante años dejamos de comprar libros. Y a pesar de eso nuestra biblioteca crecía a un ritmo acelerado. Cada vez nos tomaba menos tiempo terminar la reconstrucción de un libro. Pero en algún momento algo cambió. No me acuerdo que estaba mirando cuando se me ocurrió otra cosa. Creo que estábamos tratando de combinar tres libros para hacer uno nuevo cuando se me ocurrió algo. Karina seguía cosiendo y las partes del libro no encajaban bien, había algo que faltaba. Y en ese momento le dije al Negro: “Creo que esto no va más, tenemos que ponernos a escribir”. Y el Negro, con la tranquilidad que lo caracteriza, me dijo: “Si, lo hacemos”. Y Karina lo miró de reojo mientras cosía entre las telas que había comprado.
lunes, 3 de enero de 2011
El Siempreterno es real

Apuramos el último trago y subimos. Adentro está tocando Fútbol, un power trío con batería guitarra y violín que suena bien. Muy bien. Un excelente aperitivo para lo que viene. La gente está tranquila, es la calma antes del Siempreterno. Pedimos una cerveza más en la barra.
Termina Fútbol y sale el Siempreterno a la cancha: Ricciardi en la batería, el Ruso en bajo, Minimal (con el siete en la espalda) en guitarra y al frente Rotman y Mimí Maura.
Lo primero es una declaración: no los queremos! (pero están acá). Lo segundo es una advertencia: “el disco dura 22 minutos, vamos a tratar de tocar algunos otros temas para que sea un poco más largo…”
Así empieza, como el disco, El Siempreterno. Con fuerza. Suena bien también. Pero tiene fuerza. Suenan bien también los covers que hacen (Moonage daydream de Bowie, Love will tear us apart de Joy Division y Gimme Gimme Gimme de Black Flag). Y cuando sube Flopa a tocar un tema. Ahora, cuando Minimal canta “El Desengaño” es evidente (además de que es uno de los mejores violero de la Argentina) que todos escuchamos Pez y, por supuesto, Cienfuegos (en especial cuando suena La Eternidad).
Párrafo aparte para Mimí Maura. A veces no hace falta nada más que actitud para seducir (aunque quizás esas medias de red ayudan). Y esa voz, por supuesto que nos deja a todos con la boca abierta, como queriendo beber un poco más de ansiedad.
Los 22 minutos se estiran bastante. Y a pesar de eso y de las cervezas no vamos al baño. No queremos perdernos ni un segundo del Siempreterno. Y tampoco nos dan respiro. Rotman agradece al lugar por dejarlos tocar y pide perdón por las molestias ocasionadas. “acá tocó Hermética – le recuerda Minimal – al lado de eso somos los Parchís” mientras se ríe, como para confirmar el buen clima.
“Son la selección nacional del ascenso y la reina de la belleza del club de barrio” dice alguien. Y tiene razón. Pero algo nos hace pensar que están cerca de (o por lo menos merecen) jugar en primera. El recital termina con un bis y una promesa: “en febrero volvemos a tocar”. Caminamos por las calles de San Telmo con la seguridad de que el Siempreterno nos brindó uno de los mejores recitales de nuestras vidas. Y eso no es poco.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
Resto del Mundo
Los suicidas olvidados
Los antojos a las dos de la mañana
Los borrachos con teléfonos
Una mano sujetando el pelo cerca del bidet
Las musculosas sin corpiño
Doscientos kilómetros en una hora
Llorar bajo la lluvia
Las buenas intenciones
Los que aceptan ser perdedores
Los que pierden por no ceder
Encontrar lo que no se busca
El sexo con sirenas
Compartir la última cerveza
Las despedidas sin besos ni lágrimas
Las reconciliaciones sin amor
Eso es lo que hace mover al mundo.
El resto es poesía.
Los antojos a las dos de la mañana
Los borrachos con teléfonos
Una mano sujetando el pelo cerca del bidet
Las musculosas sin corpiño
Doscientos kilómetros en una hora
Llorar bajo la lluvia
Las buenas intenciones
Los que aceptan ser perdedores
Los que pierden por no ceder
Encontrar lo que no se busca
El sexo con sirenas
Compartir la última cerveza
Las despedidas sin besos ni lágrimas
Las reconciliaciones sin amor
Eso es lo que hace mover al mundo.
El resto es poesía.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Número 2
jueves, 16 de diciembre de 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
Despedidas
Llueve en la ciudad
y se transforma
en un río, un mar, en
un cementerio
de paraguas olvidados,
abandonados, sacrificados por
tener un brazo roto, por
darse vuelta en el momento
equivocado, por no poder
resistir, por no cumplir bien su
función.
Por eso son reemplazados,
por alguien nuevo, fuerte, que
las protege y seguro tiene
auto y las lleva a cenar
donde ellas quieren.
y se transforma
en un río, un mar, en
un cementerio
de paraguas olvidados,
abandonados, sacrificados por
tener un brazo roto, por
darse vuelta en el momento
equivocado, por no poder
resistir, por no cumplir bien su
función.
Por eso son reemplazados,
por alguien nuevo, fuerte, que
las protege y seguro tiene
auto y las lleva a cenar
donde ellas quieren.
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