martes, 29 de julio de 2008
Asfixia, a veces asfixia.
Las horas de trabajo no pasaban más, el viernes parecía burlarse del reloj y dejar las agujas clavadas para que nunca sean las 2. Mi deseo era llegar, pero nada me indicaba que sería otro viernes de esos que ya conté alguna vez.
Mi mente abrumada se cansó de pensar y de repente ya estaba en el micro viajando para allá. El viaje parecía normal y como mi imaginación se sentó a descansar, decidí cerrar los ojos un rato.
Me puse la campera, agarré mi mochila y bajé del micro. El cielo estaba más gris, pero sabía que ese olor y ese espesor no podían ser normales. Raro, pensé, dijeron que se había ido. Pero era olor, no había rastros de él, entonces para qué preocuparme. Al fin y al cabo ya estaba donde quería estar.
La tarde cayó antes de lo esperado y yo todavía estaba dando vueltas en el centro, con mi mochila a cuestas, buscando un amigo para saludar. Era extraño que a esa hora no haya rastros de nadie, sólo dos autos buscando lugar para estacionar, como si no vieran que tenían toda la ciudad. Una vez más, no le di importancia y camine hasta mi casa, mi estómago ya me pedía comer.
Mi hermana me dijo que había una fiesta, y como siempre dije vamos y a las 12 de la noche salimos.
Apenas cerré la puerta de entrada, apenas me vi en el mundo exterior, supe que no iba a ser una noche más, las cosas estaban demasiado raras, y justo ese lugar. El olor era intenso ahora y el espesor dejaba poco espacio para caminar. Pero como quería llegar a tomar aunque sea una cerveza, bajamos.
En la orilla del río las cosas parecían aumentar de tamaño. Más dramatismo. Pero por ahora estábamos todos tomando cerveza y escuchando la banda. Todos sabíamos que no era normal, a todos nos pegó ese efecto, pero todos sabíamos disimular.
Mi percepción de la noche comenzó a cambiar cuando de casualidad salí afuera a saludar a una amiga. De adentro todo parecía estar bien, pero ahora ya no la podía encontrar. No veía. Entonces le grite para que me viera, para saludarla. Pero no me veía. Nos escuchábamos, sí, pero no nos veíamos. A mi amiga al final no la saludé, escuché más voces y supuse que estaba acompañada, entonces me prendí un cigarrillo y entre a buscar a los chicos.
Era tarde y me quería ir. Todos salimos. Nos subimos al auto. No se veía, pero suponíamos que podríamos llegar al boliche, total todos se fueron. De alguna forma se fueron, y nosotros, claro, no queríamos ser menos. Pero no se veía, y los pulmones empezaban a cerrarse. Un alambrado nos detuvo y pensamos que sería mejor que caminemos todos juntos. Pero el espesor ya molestaba demasiado y el aire parecía tomar un color tan oscuro que prefería mejor no respirar. Aunque mucha opción no tenía, después de todo, ya no lograba hacerlo. Y quería parar a tomar aire. Situación por demás asfixiante, no había aire y no había refugios para que pueda escabullirme y sacar un poco de oxigeno. Mi amiga me llevaba, yo estaba resignada a pensar que en algún momento iba a dejar de caminar, y entonces decidí dejar volar mi imaginación por todo el lugar, claro que esta vez en voz alta, para acortar camino, para aliviar el peso, para reír y no llorar.
La ciudad estaba oscura, negra, la madrugada húmeda, el olor picaba en mi nariz y el espesor no me dejaba ver ni respirar. El humo era intenso, faltaba poco, pero no aguantaba más. Sería mejor descansar, pero ya estábamos solas, mi amiga y yo, y quizá el ruido de un falcon nos asustó y decidimos no parar.
Llegamos. Entré desesperada y el agua le dio vida a mi garganta, aunque sentía que seguía siendo espeso el aire del lugar. Pero había llegado. Y como no quería desentonar con los colores de la noche, un fernet fue mi primera opción. Y para no desacostumbrarme a pensar en respirar, me prendí un cigarrillo y empecé a bailar.
lunes, 28 de julio de 2008
El regreso del hijo pródigo
Anónimo
Cartucho: Se corre el comentario de que venís este fin de semana
Yo: Ya estoy acá. En Baradero City
jueves, 17 de julio de 2008
Sobre la Mala Memoria
de las mismas cosas por primera vez"(Nietzche)
A veces tengo la sensación de que mi memoria es malísima. Y no mala en el sentido de no acordarme de las cosas (aunque en definitiva sí, eso es lo que pasa) sino mala en el sentido de no acordarme las cosas que sí quiero acordarme. Tengo miles de recuerdos inútiles en mi cabeza, pero algo que verdaderamente me importa y me lo acaban de recordar hace diez minutos y es verdaderamente importante ya me lo olvidé. Y no sólo eso. Me olvidé que lo debería recordar. Así tengo la cabeza llena de recuerdos inútiles, resultados de partidos que no le importan a nadie, números de teléfonos a los que ya no llamo más, fórmulas matemáticas, imágenes intrascendentes y canciones de grupos que alguna vez estuvieron de moda.
Mi memoria es mala en el sentido que no está a favor mío sino en contra. Nietzsche decía que el olvido es el estado natural del hombre y el hecho que tenga una memoria es por años de disciplinamiento a sangre y fuego. Mi memoria no es así. Le falta para llegar a eso. O ya lo pasó y tiene una autonomía nunca antes vista.
Viajando, en un colectivo que nunca tomo, veo un negocio al que quiero ir algún día. El negocio es una cervecería donde elaboran y venden al público cerveza artesanal. Lo primero que tengo que recordar es el nombre, que era... (agujero en la memoria), para buscar la dirección exacta. Si no lo recuerdo puedo buscar la calle y la altura y volver algún día, bueno, la calle era... (mente en blanco) y la altura era... (no está). Pero si todo esto falla siempre queda un último recurso. Recordar la línea de colectivos, para saber el recorrido, buscar la calle y encontrar la cervecería. La línea de colectivos es la número... (no, tampoco está).
jueves, 3 de julio de 2008
Dime tú para quien trabajas
(o un mes trabajando para Luis Miguel)
Todos sabemos más o menos para quien trabajamos. Pero en realidad creo que puede ser pensado al revés. Trabajamos para alguien cuando le damos plata a ese “alguien”. Por que la plata en si, no sirve para nada: es sólo un medio para conseguir otra cosa.
Entonces. Si trabajar para alguien significa pagarle, lo que resulta interesante ponerse a pensar (por lo menos eso pensaba anoche, a raiz de lo que voy a contar a continuación) es cuanto tiempo trabajamos y para quién.
Con facilidad se puede hacer un cálculo de cuanta plata por hora nos pagan por trabajar. En base a eso se puede hacer un cálculo de cuanto tiempo por año trabajamos para cada persona / empresa / negocio / o lo que sea.
Por ejemplo yo trabajo 4 horas por mes para el que fabrica mi shampoo. Dos horas por mes para los que hacen los chocolatines Jack, para completar la colección de muñequitos ( si, los estoy coleccionando de nuevo). No quiero saber cuanto tiempo por año estoy trabajando para fábricas de cervezas. Por suerte nunca trabajé para una tabacalera. Eso es trabajo insalubre. Para tener un reproductor de mp3 trabajé una semana en una empresa china que nunca oí nombrar. Y la lista sigue.
En realidad todo esto empezó cuando MariCel me pidió que le averigue sobre el precio de las entradas de Luis Miguel. Estaban como 500 pesos, creo. Pero no hay más. Agotadas. En la reventa cuestan 1200 pesos. Si, mil-doscientos pesos. Un mes entero trabajando para Luis Miguel. Todo un mes levantandote temprano para eso. Y trabajar para él no es muy grato. O si. Es exactamente igual a tu trabajo de siempre. Con la diferencia de que al final podés ir a verlo cantar. Y si tenés ganas escucharlo. Pero es todo un mes trabajando para él.
¿No querés, mejor, trabajar tres dias juntos para los Fabulosos Cadillacs y que ellos nos dejen ir a al recital? Yo creo que voy a hacer eso, si querés acompañame...
jueves, 26 de junio de 2008
Like Hunter
y mucho más
Fue el Pity el primero en darse cuenta. O mejor dicho el primero en animarse a decírmelo. “Últimamente no me doy cuenta si estás borracho o estás normal”. Y eso es lo que intenté toda mi vida. Como Hunter S. Thompson en Las Vegas. Intentar sacar todo el jugo posible a los pomelos. Ver la vida, la realidad de otra forma.
Creo que alguna vez intenté explicar esto de alguna manera. Existía una teoría que hablaba de eso, “Agregá LSD a tu vida” y una especie de relato que creo que se llamaba “La Solemnidad Diaria” (También está la canción “Lavandina, Suavizante, Detergente” pero eso es otra historia) que hablaba de eso. Creo que nunca escribí ninguna de las dos. Pero esto estoy casi seguro de estar escribiéndolo.
La vida es muy aburrida y muy corta para tomarla seriamente. Hay que darse cuenta que la vida es corta pero ancha, como decía AC. Todo puede ser interesante. De cualquier situación se puede imaginar algo totalmente ilógico. Y lo más importante es actuar en consecuencia.
¿Cual es la diferencia entre un loco y una persona normal? Los locos, casi todos, están encerrados. Nada más. Ah... y las personas normales mandan a arreglar los anteojos en vez de atarlos con cinta aisladora. Los menos locos usan cinta scotch, que no se nota tanto.
Esto es un ejemplo de lo que digo. Detrás de un pedazo de cinta puede haber una historia, que puede o no ser real, pero que se transforma en algo real en el momento que alguien la dice o la escribe.
Supongo que esto no tiene un fin claro muy claro es casi un fin en sí mismo, pero sirve para quitar un poco esa idea de que la vida, la vida normal, cotidiana, solemne, etc. tiene que ser aburrida. Es decir ES aburrida pero hay formas de hacerla un poco menos dramática.
Creo que lo que más me gusta es ver la reacción de la gente ante algo que la deja descolocada, sin saber que esperar, hacer, pensar o decir.
Si tengo que inventar una historia en la que Seba se moría por tener una licuadora para que la cajera del supermercado se ría, lo hago. Sin ningún problema. Y eso no se lo esperaba. Y tampoco sabe que es parte de un plan. O de otra forma de vivir la vida. O no se que carajo es, pero habíamos ido a comprar las primeras cervezas del día.
jueves, 19 de junio de 2008
Cosas que me molestan soberanamente I
Tal vez porque nunca quise entenderla. Tal vez porque me la hicieron entender a la fuerza. ¿Complicado? Para nada. Y sí, igual que a mi amigo, me molestan mucho las personas que dicen “No quiero lastimarte, pero...”. Es poco creíble.
Creo que el problema siempre está en el pero. Si le sacamos el pero, la frase es más sencilla, más sincera. “No quise lastimarte”. Sinceridad y respeto, “Ok, perdón. Fue sin querer”.
Pero el pero complica todo, porque encierra compasión, o lo que es peor lástima. ¿Y después de eso a quién le gusta la lástima? Al menos yo nunca me lleve bien con ese sentimiento. Me gusta pelear con él, y no me gusta generarlo. Y si lo genero mal por ti. No voy a ser más benevolente con vos por eso. No me va a doler menos. Duele igual.
La frase es una paradoja, “no quiero lastimarte…pero”. El pero ya lastima. No lo digas. No digas nada. Después de todo, siempre se sabe "cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos".
Pero nos empeñamos en decirla: “no quiero lastimarte…pero”. A mí me parece que es una frase hecha, para muchos es obligatorio decirla, porque encierra lo que es, pero que nadie se atreve a decirlo sin anestesia: el principio del fin.
¿Pero para que más vueltas? ¿Para que más dolor? ¿Para qué la compasión? ¿Para que complicar las cosas?
De mi parte odio los preámbulos, odio los prólogos, odio los prefacios, odio las introducciones. Odio los peros. Los peros siempre encierran algo que complica las cosas. Como la frase inversa “No quiero quererte…pero”. Siempre esconde algo. Pero sin el pero es lo mismo. Entonces ¿Para qué agregar palabras?
Hay gente que se contenta con el pero porque a veces implica una posibilidad. Pero a veces. En el caso de “no quiero lastimarte…pero” no existe ninguna posibilidad. Ya esta, me lastimaste en el mismo momento que lo dijiste. En el mismo momento que incluiste el pero, en ese instante me dejaste ¿Para que más explicaciones? ¿Para que ser más explícitos? ¿Para qué el pero? Si al final de todo es "el mismo cuento que termina mal".
domingo, 15 de junio de 2008
Cosas que me molestan soberanamente
Me molestan mucho las lapiceras que tienen un capuchón que es de otra lapicera. Y no encaja bien. Nunca. También las que tienen un botoncito atrás y el botoncito no anda.
Me molesta terminar un libro muy bueno demasiado rápido, casi sin poder disfrutarlo. Y más me molesta no poder hacer eso con un libro muy malo.
Me molesta tener una idea en un lugar donde no puedo anotarla. Como por ejemplo cuando me baño. Suelo tener buenas ideas en la ducha. Pero nunca nadie las va a conocer. También eso es culpa de mi Mala Memoria.
Me molesta que se termine algo que es muy barato y fácil de conseguir en un momento en que es muy dificil de volver a conseguirlo. No estoy hablando de cerveza. Pueden ser fósforos. O fernet.
Me molestan mucho las personas que dicen “No quiero lastimarte, pero...”. Es poco creíble.
Me molesta mucho tener que transcribir algo que ya escribí en un cuaderno o algo asi. Sobre todo porque está lleno de errores, falta de sentido, faltas de ortografía y mala sintaxis. Y siempre hay que cambiarle algo. Si fuera por mí, le pagaría a mi abogado para que lo hiciera. Pero tampoco confío en él.
Me molesta mucho tener que levantarme de la cama cuando ya estoy acostado porque me olvidé de hacer algo que tenía que hacer. Sobretodo en invierno.
También me molesta demasiado la gente que habla mal pensando que habla bien. En especial dos palabras: Coletivo en vez de Colectivo y Setiembre en lugar de Septiembre. Y lo peor de todo es que la última palabra es correcto decirla de las dos maneras, dicen.
viernes, 6 de junio de 2008
Reflexiones de una mente trasnochada
¡Pobre Pinocho, él si que será siempre un infeliz!
miércoles, 4 de junio de 2008
C.N.I.M.Q.U.C.D.P.
Creo que todo esto de las teorías y puntos de vista sobre el mundo tiene que ver de alguna manera con la libertad. Libertad de pensar lo que quiera y de vivir como quiera (en algunos casos como pueda). Ya que la libertad, aunque existe cierta paradoja que podría hacerla imposible de practicar, empieza por la cabeza.
Por lo menos para mi la libertad es libertad de elección y cuando uno elige libremente es verdaderamente libre.
Los hijos de familias ultra-religiosas por lo general siguen la religión familiar. No conocen otra cosa. No tuvieron la oportunidad de elegir otra cosa. Ahora si vos conoces la las diferentes alternativas y elegís eso, bien por ti. Eres libre.
Cuando dije que para mi la libertad empieza por la cabeza en realidad me refería a otra cosa. A la cabeza, pero del lado de afuera, mas específicamente al pelo. Porque alguien verdaderamente libre debe tener la libertad de elegir como peinarse o cortarse el pelo. Y eso es imposible si le dejan esa tarea a un peluquero. No se puede hablar con un peluquero. En realidad no se le debería hablar a nadie que tenga tijeras o navajas a su disposición. Pero también no se les debe hablar por que no escuchan. O lo que es peor, escuchan y hacen justamente lo contrario de lo que se le pide. Por eso algunos peluqueros son tan caros. Hacen sólo algo parecido a lo que le piden. Y por eso cobran más.
Para comenzar a ser libre abandoné las peluquerías. Hace más de 10 años que no voy a una. Desde que se murió el último peluquero que, a pesar de su oficio, ya estaba cansado de hacer lo contrario y hacía mas o menos lo que uno le pedía. Pero se murió y nunca más volví a una peluquería.
A partir de entonces fui libre de hacer con mi pelo lo que quería. Así también pasaron por mi cabeza maquinas de pelar inexpertas, tijeras desafiladas, tinturas de colores (el mejor recuerdo es de un “rojo Gilda”), crestas, decoloraciones, tijeras afiladas y peinados a lo Clash. No siempre salía bien, pero era parte de ser libre. Libre para equivocarme, pero también libre para aprender de los errores. Libre para escuchar opiniones de los demás y tenerlas en cuenta o no (depende de quien venga). Libre de elegir el color o el momento inadecuado. Libre para elegir. Libre para saber quien se haría cargo de mi pelo. Libre para cortarlo yo frente al espejo. Libre. Total, siempre vuelve a crecer
Nota: el título de presente artículo se debe a esto.
Una verdad oculta
Podía sentir una vibración oculta detrás de aquella frase sin lograr descifrarla. Quizás sólo era que, por una vez en la vida, había escuchado al alemán. Este tipo delirante que habla todo el tiempo disparando incoherencias, como si estaría diciendo normalidades sin mayores trascendencias. Porque él se encuentra en la clase de gente con carácter peligrosa. Pero peligrosa de escuchar. Cuando estás a su lado, tenés que aparentar que estás entendiendo lo que dice, pero en realidad no lo haces. Es decir, escuchar pero no oír. Decir siempre que si, pero a veces que no. Por las dudas y sobre todo si sos mujer.
Pasaron semanas, meses y años intentando escribir. Pero aquella frase volvía a mi cerebro diciéndome: -¡Dale Negro! seguí intentando aunque no salga ni mierda de lo que estás haciendo.-
Intenté escribir cualquier cosa. No me importaba qué, ni cómo lo hacía. Escribía mientras cagaba, cuando comía; en el viaje al trabajo, camino a casa; escribía sin pensar, pensando, mintiendo; con la mano izquierda, con la derecha, con ambas y no lograba sacar nada interesante. Hasta llegué a pensar que: si lo hacía como el culo escribiendo con la mano, quizás debiera intentar con el culo, lo que no lograba con la mano. Pero me sonó a puto y decidí no intentarlo.
El problema no era poder escribir nada bueno, sino que no podía descifrar el mensaje oculto en esa frase. Y eso empezaba a manifestarse en el incremento de mi ira.
Comenzaba a acumular demasiados escritos y todos malos. Excesivamente malos. Parecía que mi mano tenía un cerebro propio que decidía, por sí misma, que escribir. Porque lo que yo pensaba e intentaba escribir, no era justamente lo que quedaba escrito.
Ya todo esto comenzaba a fastidiarme mucho, como para no volver a escribir jamás. O por lo menos dejar por un tiempo; pero eso no iba a ocurrir.
Al fin un día, sentado en el inodoro intentando escribir otro artículo para el blog, logré darme cuenta la verdad oculta en aquella frase. Pude identificar que era una oración con dos momentos diferentes. En principio me decía que lo que había escrito hasta el momento era una verdadera cagada (sino no se explica la parte “Seguí intentando. Porque a escribir se aprende escribiendo”). Luego, y lo más importante, estaba en la parte que decía: “Vos escribí, no importa qué, sólo escribí.” ¡Claro! De esa forma lograba mantenerme lo bastante ocupado para no entender que haber creado un blog, entre otras cosas, significaba compartir algo entre amigos. Que más allá de estar bien o mal escrito, seguimos adelante con un proyecto que lleva más de dos años. Continuamos inventando historias, teorías y relatos que nos identifican bajo el mismo nombre de Escritoresquenoescriben.
martes, 3 de junio de 2008
Asalto al vacío
¿Cómo luchar ante algo que no tiene definición, que no tiene esencia, que no tiene dirección?
Si tuviera las respuestas el vacío dejaría de existir. Pero está ahí. Tan quieto e inmóvil que a veces pienso que es parte de mí. Tan silencioso que muchas veces no se deja oír.
Pero a veces quiere gritar y golpea para poder salir.
Y entonces te da opciones: dejarlo ir u ocultarlo para que nunca pueda salir.
Dejarlo ir siempre se torna difícil. Ya te acostumbraste a vivir con él. ¿Qué harías sin él? ¿Hacia donde irías sin el? ¿Qué sería de vos sin él? Y lo peor, ¿Cómo serías sin él?
Es tan difícil imaginarlo que lo más fácil es ocultarlo para que siga siendo parte de vos. Como si siempre hubieses vivido con él. ¿Cómo explicarlo? Es una respuesta que vengo buscando hace tiempo.
Y sin embargo está ahí, solemne, borrando tu memoria y haciéndote creer que tu vida sin él es un agujero vacío.
Es un arma de doble filo, sin el vacío te sentís vacío.
lunes, 2 de junio de 2008
Relaciones de pareja
lunes, 26 de mayo de 2008
domingo, 25 de mayo de 2008
Ana Bella
Sé que cualquiera puede llegar a verla y no pensar lo mismo. Decir que hay muchas mujeres más lindas que ella, pero eso depende de lo que los demás piensen. Los estándares de belleza cambian todo el tiempo, pasan del invierno al verano, de la bulimia a la anorexia todo el tiempo y son impuestos a los demás por personas que saben todo de todo. Pero la belleza propia de Ana-Bella es distinta.
Yo entiendo la belleza de Anabela como parte de una teoría que nunca escribí (Creo que nunca la escribí...como la teoría de la Mala Memoria). Bueno, la teoría dice algo asi como que "las cosas existen en la medida que la gente cree en ellas". Esto se aplica a todas las cosas desde Dios hasta una lapicera. ¿Existe Dios? Depende de la cantidad de gente que lo crea, algunos llaman a eso fe. Funciona como funcionan las páginas de Intenet o la cantidad de gente que lee un blog o un libro. Existe un libro si nadie lo lee? Y un blog? Esto sólo existe si lo estás leyendo. Es algo así como la pregunta esa de que si hace ruido cuando cae un árbol si nadie lo oye caer. Asi es la belleza de Anita.
La belleza de Anita es única y especial porque existe porque ella cree en su belleza ciegamente. Y por su forma de creer te convence tambien de que es así. Y convence a la banda amiga que le aguanta el corazón y a todos los que pasan a su lado. Es algo contagioso y por eso existe.
Si ella quiere brillar, brilla mas que el sol, con sólo pensar en brillar. Pero no es nada fácil ser así. Porque lo verdaderamente difícil es ser el primero en creer algo. La mayoría que piensa así se encuentra en los manicomios actualmente. Al parecer no lograron convencer a nadie. Pero Anita no es así, no. Anabela te convence, te arrastra a donde quiere y no podés decir que no. Y tiene amigas dispuestas a creer en algo mejor, aunque lo que vivan no sea así. Dispuestas a creer, pero sobre todo a brillar. Porque ellas lo quieren así. Y Ana Bella también.
lunes, 19 de mayo de 2008
viernes, 18 de abril de 2008
El fin de la Barbarie
Para los maniqueístas, como para los que adhieren al sistema binario, existen sólo dos posiciones. O están conmigo o contra mí. O uno o cero. Y como todos ven bien estar cerca de la civilización, la barbarie es lo que debe ser eliminado. “La Barbarie” es el bar de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en la sede de la calle Ramos Mejía, cerca del Parque Centenario. Es una de las únicas sedes de la UBA donde venden cerveza. La otra es Ciudad Universitaria (el hecho que curse una carrera en cada sede al parecer no es casualidad). Pero este bar, más allá del nombre, se convirtió en blanco para las tropas comandadas por el señor Bush.
Después de una larga investigación, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica decidió acabar con este espacio. Que literalmente desapareció a raíz del efecto de una bomba “inteligente” (inteligente porque fue a la facultad, pero no tanto, porque destruyó casi cuatro manzanas alrededor). Pero los motivos de Bush no fueron los que se podían pensar en un primer momento.
A Bush no le molestó el póster de Evo Morales, ni que sea un espacio autogestionado que no responde a ningún partido político, ni que apoyen la labor de empresas recuperadas, ni que esten a favor del comercio justo, ni que vendan libros “de izquierda”, ni siquiera le molestó la música subversiva que pasan. Lo que le molestó a Bush, lo que se vio al otro día en las pantallas de la CNN y TN, fueron esas imágenes, provenientes de una cámara oculta en la que se ve claramente a un terrorista detrás del mostrador gritando: Mate!, Mate!, Mate! Y eso no es lo peor. La última imagen que se observa antes de que el misil guiado por computadoras impacte, es la de una mujer que grita a viva voz: árabe!, árabe!, árabe!. Y ya sabemos que al miedo no le gusta el terrorismo. Y a la Civilización no le gusta La Barbarie.
viernes, 11 de abril de 2008
La Vida
Una fuerza que se autoalimenta en la medida que transitamos ese camino, manifestándose en cada instante mas notable e identificable a causa de sus amenazas constantes.
Esta tan indeseada fuerza, no es otra cosa que nuestra propia vida. Que parece estar, o mejor dicho está, siempre observando desde la vereda de enfrente, para poder atacar y maltratarte.
En principio la vida parece tener un único objetivo. Tratar que nunca puedas cumplir tus deseos, convencerte que el camino elegido es otra vez el incorrecto, darte a entender que seguís meando fuera del tacho.
Pero en la medida que nos aferramos a nuestras decisiones y seguimos el sendero elegido, nos comenzamos a dar cuenta que la vida no pretende terminar con la construcción de tu destino. A ella no le interesa, de hecho siquiera cuestiona, si el camino elegido es el apropiado o no. Sólo trata de que de alguna manera u otra no lo transites. Insiste de forma constante que cuestiones tu elección.
Pese a las dificultades que en principio presenta el camino, uno sigue firme en su desición y comienza a convencerse que eligió el camino correcto. Y es justo ahí, en éste momento de convencimiento y satisfacción, es donde ella descarga sus mejores artilugios para lograr derribarte. No tolera una manifestación de conformidad y es por eso, que la muy hija de puta, ataca en ese momento y no en otro.
Te das cuenta, que a razón de tus decisiones y convicciones, estás enfrentado con tu peor rival a vencer, con el mas temido y jodido rival, está frente a tus ojos tu propia y temida vida.
Te sentís golpeado, aniquilado, pero seguís y pensás a cada instante sus posibles movimientos, para así lograr ubicarte un paso delante de ella en batalla.
Pero te encontrás sin fuerzas, angustiado, humillado, derrotado. Es casi imposible vencerla, siempre está ahí, para persuadirte, confundirte y dispuesta a lo peor de sí, capaz de irse para abandonarte.
Te tiene debilitado, provocás lástima y euforia al mismo tiempo en los demás.
No lográs distinguir tus decisiones a causa de la inseguridad y ese miedo constante que ella provoca.
La vida es muy dura cuando lo desea, puede tratarte como a un perro abandonado bajo un frío ensordecedor y agonizante. Puede lastimarte, herirte y dejarte tirado donde y cuando ella quisiera.
Entonces la comenzas a odiar, hasta el punto en que te enfureces con vos mismo, y al fin ahí logras descifrar el verdadero objetivo de tu propia vida. El por que hace ésto una y otra vez.
La vida te hace enfrentar contigo mismo, logra abrir tus ojos para ver la maldita realidad. Hace que cuestiones tus deseos y objetivos, tus aparentes convicciones y virtudes. Hace que trabajes en vano, para dar cuenta que la mayoría de la veces no alcanzamos nuestros objetivos, por el sólo hecho de no estar seguros en lo que hacemos. No perseguimos de modo eficiente lo que en realidad queremos. Te hace dar cuenta que un obstáculo, es solo eso, un maldito obstáculo para aprender de él y luego patearlo y dejarlo de lado.
Encontrarte con tu vida, es una experiencia de pocos, logra dar cuenta de lo que en realidad es lo importante, dejando de lado aquellos problemas superficiales que antes eran un todo. La solución no es ganarle la batalla a la vida, sino que entenderla, amigarte y juntos salir para el mismo camino.
lunes, 7 de abril de 2008
Media Verónica
Para mi media hermana, Verónica
Me suelen decir que soy un insensible, que soy demasiado frío. Quizás tienen razón. O quizás sólo tengo sentimientos para mi, y para nadie más. La cuestión es que si algo me conmueve o me emociona nadie se entera. O casi nadie. Y a nadie debería importarle. Pero les importa, y lo que le importa a la gente es el hecho que no demuestre nada. Ni ante la muerte, ni el dolor, ni la desgracia. Nada. Y eso de alguna manera los pone en desventaja. Hay algo que ellos no saben. Y que yo si se de ellos.
Pero en realidad no soy tan así. Muchas cosas me llegan al corazón, peo nadie lo sabe. Incluso cosas estúpidas como una canción o una frase en una película. Pero creo que lo peor de todo fue ese lunes.
Ese lunes. Porque tenía que ser lunes, no podía ser de otra manera. Mi abuelo siempre contaba ese chiste que decía “un tipo se murió un lunes, que mala manera de empezar la semana!”. Ahora que me acuerdo de ese chiste tengo que decir algo. No solo parezco insensible, si no que también tengo un humor demasiado negro. Y ácido. Además es inoportuno, un poco irónico y lo peor de todo es que a veces causa gracia.. Bueno, ese lunes, el lunes que me enteré, mal y pronto, de lo que te pasó me quedé sin palabras, fue algo demasiado extraño para mi, una sensación rara, que no recuerdo haber sentido antes. Fue como darme cuenta de que algo que das por sentado no sea así, una especie de inseguridad que te dice que cualquier cosa es posible, que nada es seguro, y que por eso tenés que valorar todo lo que tenés. Es como pensar en un día en el que el sol deje de salir. Y ese día el sol no llegó nunca, ni siquiera a las nueve de la mañana.
Esa sensación de inestabilidad, inseguridad y falta de reacción continuó hasta que te pude ver. Y un poco más también. Porque cuando te vi ni yo era yo, ni vos eras vos. Yo no estaba haciendo chistes ni vos estabas corriendo de un lado al otro. Pero ahí estabas, con algunos cables de más, el optimismo de siempre y una pantalla para decirme lo que yo ya sabía con sólo mirarte.
Y estando ahí, viéndote tan quietita que no parecías vos, solo atiné a agarrarte la mano, para que tengas donde apoyarte y para que yo me de cuenta que estabas ahí. Que si hoy no sale el sol puede salir mañana. Para darme cuenta de qué es lo importante y que lo demás no importa. O importa muy poco. Cuando algo así borra todo, de pronto no importa que la cartera combine con los zapatos o que me olvide de lavar las zapatillas. Todo eso de pronto deja de tener sentido.
Pero ahora estas mejor, sos vos otra vez y yo, para bien o para mal, vuelvo a hacer un chiste que no debería hacer, o si, pero de alguna manera este titulo y esta dedicatoria significan que lo peor ya pasó. Que yo soy yo. Y vos sos cada vez más vos. Otra vez.
jueves, 13 de marzo de 2008
Por que en el cielo no hay...
martes, 15 de enero de 2008
Donde escriben los que no escriben
Ahora tengo 27 billetes de dos pesos -son la nada despreciable suma de 54 pesos- con algún tipo de inscripción en él (pienso que el número 27 no es algo casual en mi vida, pero esa es otra película). 27 billetes escritos por alguien, para alguien, por algo.
Lo de los billetes surgió también por azar, luego de ver pasar por mis manos una increible cantidad de dinero. Y todo eso de nuevo por casualidad. Fue justo después de descartar los mensajes de texto por considerarlos algo muy personal, alejado de los medios de comunicación. No generan un llamado de atención general como las incripciones que circulan de mano en mano. Y lo de los fotolog surgió porque son, por la forma en que están escritos, lo más parecido a un mensaje de texto, pero públicos. Y en parte también por la inscripción de un billete de dos pesos en particular. El mensaje que contenía era el siguiente:

Ya me imagino la tapa del libro, el título ("Billetes de dos pesos y fotologs: Donde escriben los que no escriben") Prólogo de Pablo Alabarces. Un hermoso libro donde conviven el Gauchito Gil, San Cayetano, listas de supermercado, bandas de rock, declaraciones de amor, direcciones de mail y propuestas indecentes. Todo eso y más. Sumado a las firmas de fotologs que muestran saludos, links a otras páginas, mails, propuestas indecentes y, por que no, declaraciones de amor. Y todo sin censura, sin supervisión, sin reglas de ortografía. Al alcance de todos, para leerlo, pero también para escribirlo y ser protagonista, anónimo y no tanto. Pero protagonista al fin.

