-Buenas tardes soy personal de policía. ¿Tiene documentos?
- No.
- ¿Se acuerda del número?
- No.
-Ah, y se puede saber por qué no se acuerda de su número de documento?
- Es por un problema que tuve hace poco. Perdí mi memoria a largo plazo.
- Usted es muy pillo. sabe por qué lo paramos...
- No. ¿por que?
- No importa. vaya, vaya, circule.
- Gracias oficial!
(sigue caminando y se sienta en una plaza a escribir esto)
viernes, 16 de julio de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
El juego de la oca
Una noche, sobrio en la ciudad de la furia, perdí la agenda con los números que había acumulado durante ocho años de trabajo y relaciones personales. Claro, nunca la encontré.
Una mañana en Humahuaca, me desperté y advertí que había perdido a mi mujer, pese a que todavía la tenía a mi lado, durmiendo. Con ella perdí mi casa, mis cosas -libros, discos, sentires-, una parte del tiempo que compartía con mi hijo, el auto que era de su mamá y, sobre todo, perdí irremediablemente el sentido de la ubicación. Ya nada iba a ser igual. Comprendí al perder lo más importante que en la vida -por lo menos en la mía- no existe el progreso: existen la mutación, el cambio, la inestabilidad y la estabilidad, los proyectos que se levantan y los que se desmoronan. Descubrí entonces que la vida podía ser el juego de la oca, que a cada paso se puede volver al punto de partida...
Una madrugada, casi un año después de haber perdido todo eso, perdí también la billetera con el documento, el carnet de conducir, la foto de mi hijo, las credenciales de mi trabajo, el carnet de la prepaga y toda la plata que tenía. Fue en una situación confusa en la que el alcohol -con muy poco- había logrado nuevamente que pierda la soberanía sobre mi propio ser: que dejara de decidir qué quiero y qué no quiero para mi.
Todo el tiempo pierdo papeles, a cada rato advierto que ya no tengo lo que creía atesorar, nunca encuentro lo que busco en el momento que pretendo y, lo más preocupante, me olvido de las cosas con una facilidad que me hace pensar que ya no soy la misma persona que fui. Hoy mi vida es asi y ya no sé si cambiará. Ojalá que si. Un poco de monotonía y de orden, un poco de calma, me vendría bien para después si largarme a la más osada de las aventuras en busca, una vez más, de cambiarlo todo. Animarme a recuperar lo que resigné y lo que me robaron mucho antes de lo que hubiera perdido todo lo que en estas líneas admito. Ese es mi deseo.
Una mañana en Humahuaca, me desperté y advertí que había perdido a mi mujer, pese a que todavía la tenía a mi lado, durmiendo. Con ella perdí mi casa, mis cosas -libros, discos, sentires-, una parte del tiempo que compartía con mi hijo, el auto que era de su mamá y, sobre todo, perdí irremediablemente el sentido de la ubicación. Ya nada iba a ser igual. Comprendí al perder lo más importante que en la vida -por lo menos en la mía- no existe el progreso: existen la mutación, el cambio, la inestabilidad y la estabilidad, los proyectos que se levantan y los que se desmoronan. Descubrí entonces que la vida podía ser el juego de la oca, que a cada paso se puede volver al punto de partida...
Una madrugada, casi un año después de haber perdido todo eso, perdí también la billetera con el documento, el carnet de conducir, la foto de mi hijo, las credenciales de mi trabajo, el carnet de la prepaga y toda la plata que tenía. Fue en una situación confusa en la que el alcohol -con muy poco- había logrado nuevamente que pierda la soberanía sobre mi propio ser: que dejara de decidir qué quiero y qué no quiero para mi.
Todo el tiempo pierdo papeles, a cada rato advierto que ya no tengo lo que creía atesorar, nunca encuentro lo que busco en el momento que pretendo y, lo más preocupante, me olvido de las cosas con una facilidad que me hace pensar que ya no soy la misma persona que fui. Hoy mi vida es asi y ya no sé si cambiará. Ojalá que si. Un poco de monotonía y de orden, un poco de calma, me vendría bien para después si largarme a la más osada de las aventuras en busca, una vez más, de cambiarlo todo. Animarme a recuperar lo que resigné y lo que me robaron mucho antes de lo que hubiera perdido todo lo que en estas líneas admito. Ese es mi deseo.
jueves, 1 de julio de 2010
relaciones.
la gente conoce demasiado a demasiada gente
dicen, que la conocen
pero sólo es momentáneo
y espero que todos se den cuenta,
que estamos solos.
en un espacio y en un tiempo loco
o real
dicen, que la conocen
pero sólo es momentáneo
y espero que todos se den cuenta,
que estamos solos.
en un espacio y en un tiempo loco
o real
viernes, 18 de junio de 2010
Circular
El planeta entero no tiene sentido
Ni las guerras
ni la paz
Ni la muerte
ni que hay después.
La política, el hambre y
la obesidad.
Nada tiene sentido.
Todo es y deja de ser
en algún momento.
Todo el amor del mundo
nace
y desaparece
y nadie parece darse cuenta
a nadie parece importarle.
En un barrio
a la tarde
los colores son todo.
Los chicos en la esquina
la radio encendida.
Y todo,
todo tiene sentido
por noventa minutos.
Ni las guerras
ni la paz
Ni la muerte
ni que hay después.
La política, el hambre y
la obesidad.
Nada tiene sentido.
Todo es y deja de ser
en algún momento.
Todo el amor del mundo
nace
y desaparece
y nadie parece darse cuenta
a nadie parece importarle.
En un barrio
a la tarde
los colores son todo.
Los chicos en la esquina
la radio encendida.
Y todo,
todo tiene sentido
por noventa minutos.
martes, 15 de junio de 2010
Suerte
Con los $2 que me quedan en la billetera voy a ir hasta el quiosco de la calle Uriburu que tiene 4 máquinas con internet para contarles lo que les voy a contar. Pero para eso tengo que empezar desde que me levanté, después del lluvioso Lunes salí a caminar un rato para tomar el sol, abrí la puerta de calle y me olvidaba la billetera y un par de monedas que puse en el bolsillo sueltas y salí por la calle Cordoba, paré en un Maxiquiosco a comprar cigarrillos y pagué con $5, me dió el Phillip Morris de 10, me devolvió $2 (los que me quedan) y los puse al lado de los dos de $10 que quedaban adentro. Doblé en Cerrito y caminé hasta Yrigoyen, miré la vidriera del resago militar y ví un gorro de oficial de marina como el que tiene Kerouac en su personaje de La Vanidad de los Duluoz pero supuse que no me alcanzaba para comprarlo así que ni pregunté el precio y di la vuelta por dónde venía, yendo para el bajo pasé por la embajada de Francia y ví el cartel que decía: BICENTENARIO ARGENTINO: FRANCIA TE SALUDA, o algo así, no recuerdo bien. Seguí por Del Libertador hacia el lado de la Facultad de Derecho y decidí sentarme un rato en La Plaza Francia! Ahora me doy cuenta que no existen las casualidades, así que mirando para la facultad a un par de metros de Pueyrredón, me senté en el pasto en la posición del Loto (o parecida), me saqué el pullover de lana tejida a mano por la ex mujer del hermano del Subcomandante B y la campera Adidas azul de una ex novia de Misael que me prestó el pero que jamás se la devolví, me saqué los lentes y me dispuse a tomar sol escuchando música con el MP4 de mi hermano que hbía agarrado antes de salir. Hacía un rato largo que estaba así con el sol en la cara, dormitando casi cuando siento alguien al lado mío que me habla: - Loco te viá pegá un tiro... dame todo lo que tenés. En un tono calmado me lo dijo así que no me sobresalté y abrí los ojos lentamente y vi a los 3 pibes de gorrita deportiva campera y zapatillas que me rodearon. - Dame el Mp3, el celular y la guita - me dijo el que me había amenazado y estaba a mi derecha de cuclillas ahora, con la mano adentro de la campera Azul Francia! Posta que es verdad, mientras estoy escribiendo me acuerdo de estos detalles insignificantes para cualquier persona normal, así que le doy primero el Carlitos (como le dice mi hermano a su MP4) y le digo: - ¿Te gustan los Porretas?- Por que era lo que estaba escuchando. Me miró serio y no dijo nada, así que supongo que no los conoce, o pensaba que yo estaba loco, o que le estaba ofreciendo droga, no sé. Así que me pide el celular y como estaba sentado era difícil revisar los bolsillos, tranquilamente voy vaciando todo lo que tengo, primero saco el atado de puchos que enseguida lo agarró, después el Nokia 1100 que tengo que devolverle a MatíasF que me lo prestó, pero cuando lo ve me dice: - No, No.... -
- Es el único celular que tengo.... le digo. Y lo dejó en el pasto entre yo y él.
- Dame la guita. Me dice. Así que busco con bastante dificultad en el otro bolsillo y después se la doy.
- ¿Qué me está dando loco? Me dice después de agarrar mi billetera que está hecha con el envase Tetrabrik de Cindor que me regalaron Tosh y Karina el Sábado.
- Es mi billetera... así que se pone a mirarla y como no puede abrirla le arranca el botón que sirve como cierre, saca la plata y me dice -¿No tené más?-
- No... le digo, pero estoy seguro de que me había escuchado las monedas del bolsillo de atrás pero no me dijo nada.
-A ver... el bolsito...
- No tengo... esta es mi ropa le digo levantando el pullover y escondiendo un poco los lentes que son herencia de mi abuelo, pero son oscuros y graduados para mi miopía. Mi único bien preciado además. Creo que los vió pero tampoco le dió bola, para mi alivio...
- Mirá loco te viá devolvé tu cosas me dice y se saca el Mp4 de la campera, me lo da junto a la billetera y al celu de mati, agarra el atado y me dice que sólo agarra los $20 y me los muestra...
- ¿Me convidás un pucho? me dice, y otro para mi amigo....
- Sí, y dame uno para mí le digo pero agarra dos y me devuelve el paquete...
- ¿Me dás fuego? Me dice el que estaba adelante mío pero no había dicho hasta ahora nada... Busqué el encendor y se lo dí, me lo devolvió y prendí mi cigarrillo.
-¿Sabés por qué no te robamos? Me dice.
- No...
- Porque sos más pobre que yo.
- Sólo estoy desempleado...
- No me mandés a la Policía.
- La Policía me gusta menos que vos le digo....
Me da la mano y se van, a probar suerte con algún otro creo.
- Suerte!
Así que acá estoy $20 pesos más pobre nomás y con el botón roto de la billetera.
Pero tengo que pagar internet además que ya va por los $2, todavía me quedan las monedas en el bolsillo de atrás.
- Es el único celular que tengo.... le digo. Y lo dejó en el pasto entre yo y él.
- Dame la guita. Me dice. Así que busco con bastante dificultad en el otro bolsillo y después se la doy.
- ¿Qué me está dando loco? Me dice después de agarrar mi billetera que está hecha con el envase Tetrabrik de Cindor que me regalaron Tosh y Karina el Sábado.
- Es mi billetera... así que se pone a mirarla y como no puede abrirla le arranca el botón que sirve como cierre, saca la plata y me dice -¿No tené más?-
- No... le digo, pero estoy seguro de que me había escuchado las monedas del bolsillo de atrás pero no me dijo nada.
-A ver... el bolsito...
- No tengo... esta es mi ropa le digo levantando el pullover y escondiendo un poco los lentes que son herencia de mi abuelo, pero son oscuros y graduados para mi miopía. Mi único bien preciado además. Creo que los vió pero tampoco le dió bola, para mi alivio...
- Mirá loco te viá devolvé tu cosas me dice y se saca el Mp4 de la campera, me lo da junto a la billetera y al celu de mati, agarra el atado y me dice que sólo agarra los $20 y me los muestra...
- ¿Me convidás un pucho? me dice, y otro para mi amigo....
- Sí, y dame uno para mí le digo pero agarra dos y me devuelve el paquete...
- ¿Me dás fuego? Me dice el que estaba adelante mío pero no había dicho hasta ahora nada... Busqué el encendor y se lo dí, me lo devolvió y prendí mi cigarrillo.
-¿Sabés por qué no te robamos? Me dice.
- No...
- Porque sos más pobre que yo.
- Sólo estoy desempleado...
- No me mandés a la Policía.
- La Policía me gusta menos que vos le digo....
Me da la mano y se van, a probar suerte con algún otro creo.
- Suerte!
Así que acá estoy $20 pesos más pobre nomás y con el botón roto de la billetera.
Pero tengo que pagar internet además que ya va por los $2, todavía me quedan las monedas en el bolsillo de atrás.
lunes, 7 de junio de 2010
viernes, 28 de mayo de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
Seguridad
Poema de MATIASF del libro que aún busca Editorial
Nunca dos más dos da tres.
Los billetes sólo dicen la verdad
cuando alguien escribe algo en ellos.
Después de todo es papel.
Y nadie mata ni muere por un poco de papel. Nadie lo haría.
Pero aceptar vivir es aceptar morir.
Nadie va a matarte por la espalda.
Esto no es la selva,
no existe la ley del más fuerte.
Vamos a matarte nosotros.
Puede ser una bala,
morir de hambre
o cosas más ingeniosas.
Te damos lo que nos pedís. Seguridad.
Y ahora que estás seguro.
¿Que es lo que pensas hacer?
Nunca dos más dos da tres.
Los billetes sólo dicen la verdad
cuando alguien escribe algo en ellos.
Después de todo es papel.
Y nadie mata ni muere por un poco de papel. Nadie lo haría.
Pero aceptar vivir es aceptar morir.
Nadie va a matarte por la espalda.
Esto no es la selva,
no existe la ley del más fuerte.
Vamos a matarte nosotros.
Puede ser una bala,
morir de hambre
o cosas más ingeniosas.
Te damos lo que nos pedís. Seguridad.
Y ahora que estás seguro.
¿Que es lo que pensas hacer?
jueves, 13 de mayo de 2010
miércoles, 5 de mayo de 2010
viernes, 30 de abril de 2010
sábado, 24 de abril de 2010
Para Karina
"No es malo tener siempre uno a mano"
me dijo una vez.
Sé que hay buenos
y malos
Los más caros parece que brillan,
algunos de tan baratos
no valen la pena.
Lo bueno es tener uno a mano,
y lo importante
es qué tienen adentro.
Algunos prometen mucho,
y adentro parecen casi vacíos.
Algunos tienen tapas duras
los que ella compraba siempre tapas blandas.
Es bueno tener uno a mano.
Antes de ir a dormir,
en el colectivo
o en el banco de una plaza.
"La cubierta es importante,
pero lo que importa es lo de adentro"
como tantas otras cosas.
Lo bueno es tener uno en la mano
para hacer el esfuerzo de terminarlo
o para devorarlo en un segundo.
me dijo una vez.
Sé que hay buenos
y malos
Los más caros parece que brillan,
algunos de tan baratos
no valen la pena.
Lo bueno es tener uno a mano,
y lo importante
es qué tienen adentro.
Algunos prometen mucho,
y adentro parecen casi vacíos.
Algunos tienen tapas duras
los que ella compraba siempre tapas blandas.
Es bueno tener uno a mano.
Antes de ir a dormir,
en el colectivo
o en el banco de una plaza.
"La cubierta es importante,
pero lo que importa es lo de adentro"
como tantas otras cosas.
Lo bueno es tener uno en la mano
para hacer el esfuerzo de terminarlo
o para devorarlo en un segundo.
jueves, 22 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
De libros y de Lost

NO LEER SI NO VIERON EL EPISODIO 11 DE LA SEXTA TEMPORADA DE LOST
No se si a los creadores de Lost se le acabaron las ideas o si la serie abarca tanto que abarca todas las ideas del universo. Creo que Charly García dijo una vez que si se le roba a uno es un plagio y el que le roba a muchos es un genio.
Después de Sawyer leyendo “La invención de Morel” de Adolfo Bioy Casares (aunque su libro preferido es "De ratones y hombres" -"Of Mice and Men"-), del acercamiento fallido entre Borges y la serie, ya el último capitulo emitido de Lost (Happily Ever After) me parece que ya se va al carajo. Se va al carajo porque remite directamente a un cuento de Julio Cortázar, “La noche boca arriba”.
Lost propuso en esta sexta y última temporada una especie de línea temporal paralela a los acontecimientos que surgen en el primer episodio de la serie que responde más o menos a la pregunta ¿Qué hubiese pasado si el vuelo 815 de Oceanic no se estrellaba en la famosa isla de Lost? Hasta ahí todo bien. Aunque no se entendía muy bien a que venia todo esto estaba bien.
En este último capítulo se comienza a develar la conexión entre las dos líneas temporales por medio de la historia de Desmond. La cuestión es que por medio de un experimento llevado a cabo en una línea temporal lo lleva a “vivir” la otra línea temporal durante un tiempo. O algo asi. O veían cosas de otra línea alternativa. O viceversa.
El cuento de Cortázar “La noche boca arriba” parte del mismo recurso, unos años antes creo. Hay dos realidades paralelas: Un hombre que choca con su moto y es llevado a un hospital y un aborigen que escapa de sus captores y es apresado para ser sacrificado. Cuando uno de los dos personajes se desmaya o pierde el conocimiento comienza a vivir la realidad del otro. De una manera en la que no se puede decir quien es el que es real y quien es algo así como un sueño de alguien (la paradoja del soñador soñado). Lo mismo pasa en este capítulo de Lost. Desmond se desmaya y aparece en la otra línea temporal alternativa hasta que vuelve en si y retorna a la isla y así sucesivamente. No se en que libro de Cortázar está este cuento, pero creo que los creadores de Lost ya lo leyeron.
Espero que al final de la temporada no se devele que todo es una conspiración de ciegos que quieren conquistar el mundo o un plan utópico que tuvieron siete locos en algún lugar perdido de Sudamérica (aunque esto último puede ser…)
lunes, 12 de abril de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
CV
Mi nombre es MatíasF, tengo 27 años y no fumo. Mi pasatiempo es leer, aunque creo que no tuve elección en esto básicamente por dos razones. La primera es que mis padres leen. Mucho. Y la segunda es que no tuvimos electricidad en mi casa hasta que comencé sexto grado. ¿Es por eso que leo libros en vez de mirar televisión? No lo sé. Leer es, supongo, sólo cuestión de empezar. A veces caminaba un kilómetro sólo para ver en una tele en blanco y negro al Batman interpretado por Adam West. La mayoría de las veces leía un libro. Aunque al principio, por supuesto, me los leían. María Elena Walsh, la colección del Pajarito Remendado y esas cosas. Más adelante los libros, heredados, de la colección Robin Hood, esos que cuando conservaban las tapas eran amarillos. Y los del Barco de Vapor comprados en la Feria del Libro, Patoruzú, Asterix, los comics americanos editados en España por Zinco, D´artagnan, Billiken. Y después algunos de la biblioteca “para grandes” Conan Doyle, Arlt, Soriano, Cortázar y muchos más. Me acuerdo de ojear de chico una edición de Para leer al Pato Donald sólo por los dibujos. Quizás por eso estoy cursando el último año de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Quizás no tiene nada que ver.
Y a partir de ahí Buenos Aires, Universidad, independencia. Y Bukowski, Nietzche, Marx, algunos clásicos, leer para la facultad, buscar libros en las librerías de Corrientes. Después escribir en los ratos libres y no tanto. Un día puse todo eso en un blog Escritores que no escriben (http://escritoresqueno.blogspot.com/) , donde algunos amigos también escribían, algunos se fueron, otros siguieron y alguno está siempre volviendo.
Y ahora trabajo en una farmacia seis horas al día por que me da tiempo para estudiar y hacer otras cosas. Sigo leyendo [las mismas ofertas de Corrientes, las del Parque Rivadavia, algún gusto que me doy – algo de Irvine Welsh o los libros caros de Anagrama- , algo de Palahniuk, la colección Utopía Libertaria, algunos blogs, la colección que saca el diario Pagina/12 de Anagrama y básicamente todo lo que cae en mis manos]. Últimamente me sorprendió Stephen King, algo que nunca había leído y me aburrí con libros desconocidos comprados por cinco pesos (Ojo! También por ese precio conseguí “Dias de ron” de Hunter S. Thompson). El sistema educativo aportó a mis lecturas dos libros “Mi planta de naranja lima” y “Relato de un náufrago”. Una vez en la calle encontré dos libros: uno de Hannah Arendt y otro de Luis Majul. Regalé el primero y leí el segundo. Quizás debería haber hecho al revés. En la facultad me hicieron leer “El Código Da Vinci”. En la casa de una amiga leí una tarde “El Alquimista”. Es decir, leo de todo. El único género que no me convence, quizás por que me suena a contradicción, es de autoayuda, pero quien sabe…
Ahora si tengo electricidad en mi casa, vivo en Parque Chas, pero todavía no me convence comprar un televisor [A pesar de esto sigo estudiando Comunicación]- Creo que fue uno de los hermanos Marx el que dijo “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”
Y a partir de ahí Buenos Aires, Universidad, independencia. Y Bukowski, Nietzche, Marx, algunos clásicos, leer para la facultad, buscar libros en las librerías de Corrientes. Después escribir en los ratos libres y no tanto. Un día puse todo eso en un blog Escritores que no escriben (http://escritoresqueno.blogspot.com/) , donde algunos amigos también escribían, algunos se fueron, otros siguieron y alguno está siempre volviendo.
Y ahora trabajo en una farmacia seis horas al día por que me da tiempo para estudiar y hacer otras cosas. Sigo leyendo [las mismas ofertas de Corrientes, las del Parque Rivadavia, algún gusto que me doy – algo de Irvine Welsh o los libros caros de Anagrama- , algo de Palahniuk, la colección Utopía Libertaria, algunos blogs, la colección que saca el diario Pagina/12 de Anagrama y básicamente todo lo que cae en mis manos]. Últimamente me sorprendió Stephen King, algo que nunca había leído y me aburrí con libros desconocidos comprados por cinco pesos (Ojo! También por ese precio conseguí “Dias de ron” de Hunter S. Thompson). El sistema educativo aportó a mis lecturas dos libros “Mi planta de naranja lima” y “Relato de un náufrago”. Una vez en la calle encontré dos libros: uno de Hannah Arendt y otro de Luis Majul. Regalé el primero y leí el segundo. Quizás debería haber hecho al revés. En la facultad me hicieron leer “El Código Da Vinci”. En la casa de una amiga leí una tarde “El Alquimista”. Es decir, leo de todo. El único género que no me convence, quizás por que me suena a contradicción, es de autoayuda, pero quien sabe…
Ahora si tengo electricidad en mi casa, vivo en Parque Chas, pero todavía no me convence comprar un televisor [A pesar de esto sigo estudiando Comunicación]- Creo que fue uno de los hermanos Marx el que dijo “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”
viernes, 19 de marzo de 2010
Días difíciles
-y, ¿estás nerviosa?
-sí.
-¿qué tenes?
-no sé.
-¿y que te pasa?
-estoy nerviosa ya te dije.
-¿pero por qué?
-y a vos que te parece.
-bueno no te pregunto más nada.
-mejor, pero después no digas que siempre querés saber lo que me pasa.
-bueno, ¿qué te pasa?
-no sé, ya te dije.
-¿entonces para que querés que sepa lo que te pasa si vos no sabes lo que te pasa?
-ves, te rendís fácil.
-uh, si no me decís no sé, no soy adivino.
-yo tampoco sé, me podrías ayudar.
-bueno, ¿qué querés?
-¿ahora o más tarde?
-¿¡qué querés ahora?!
-chocolate.
-¿querés que baje a comprar?
-¿me querés ver gorda vos?!
-¡te estoy preguntando que querés! ¿¡me podés decir que querés?!
-no seeee. Si supiera sería el fin de mis problemas.
-entonces para qué me tenés dando vueltas acá como un boludo.
-no sé, vos te quedaste.
-¿chocolate entonces?
-sí.
-sí.
-¿qué tenes?
-no sé.
-¿y que te pasa?
-estoy nerviosa ya te dije.
-¿pero por qué?
-y a vos que te parece.
-bueno no te pregunto más nada.
-mejor, pero después no digas que siempre querés saber lo que me pasa.
-bueno, ¿qué te pasa?
-no sé, ya te dije.
-¿entonces para que querés que sepa lo que te pasa si vos no sabes lo que te pasa?
-ves, te rendís fácil.
-uh, si no me decís no sé, no soy adivino.
-yo tampoco sé, me podrías ayudar.
-bueno, ¿qué querés?
-¿ahora o más tarde?
-¿¡qué querés ahora?!
-chocolate.
-¿querés que baje a comprar?
-¿me querés ver gorda vos?!
-¡te estoy preguntando que querés! ¿¡me podés decir que querés?!
-no seeee. Si supiera sería el fin de mis problemas.
-entonces para qué me tenés dando vueltas acá como un boludo.
-no sé, vos te quedaste.
-¿chocolate entonces?
-sí.
domingo, 14 de marzo de 2010
El secreto del nombre
Es increíble como se empiezan las historias. Y a veces también como terminan. Y en medio siempre hay cosas extrañas. Que no se sabe bien a que vienen. Si es algo en serio o algo que pasa por la cabeza de alguien. Como una interpretación libre de la realidad. Aunque convengamos que la realidad, realidad, no existe.
Esta historia empieza de dos maneras. La primera es un viaje, y no precisamente especial, pero sí. Y también temporal. Un viaje que hice casi sin dame cuenta. Y la otra parte es una frase que me hizo dar cuenta de ese viaje. La frase llego en forma de mensaje de texto a mi celular una mañana que no prometía absolutamente nada que fuera a cumplir. Decía solamente: “No hay vegetariano que no pueda desayunar en México.” Y ahí me acordé de todo.
En el transcurso del día recordé casi todo lo que pasó en ese viaje. Y ese viaje es otra parte de la historia. La parte más real, más tangible, la parte en la que suceden todas las cosas. Malas y buenas. La frase es sólo una clave. Una llave para entrar en ese mundo de recuerdos que fue ese viaje a México.
Ese viaje no fue sólo un viaje. Fue un viaje para conocer y para conocernos. Pero sobre todo para conocer gente. No me acuerdo de todos por distintas razones, por estados de mente, el cuerpo y porque algunos eran realmente aburridos. Recuerdo que había un periodista (siempre hay uno), un búfalo gigante, una persona que por sobre todas las cosas era completo ignorante y por supuesto un vegetariano. Y un auto verde. En ese auto verde cruzando la frontera empieza la historia. Y desde ese instante y hasta el fin del viaje el nombre de mi compañero de aventuras cambió. Dejó su viejo apodo, “Manteca” como quien deja unas zapatillas tan rotas que no sirven más, pero que calzan como un guante. Y adoptó uno que lo acompaña sólo a veces. Desde la frontera y más allá su nombre era “Pachuco”.
Esta historia empieza de dos maneras. La primera es un viaje, y no precisamente especial, pero sí. Y también temporal. Un viaje que hice casi sin dame cuenta. Y la otra parte es una frase que me hizo dar cuenta de ese viaje. La frase llego en forma de mensaje de texto a mi celular una mañana que no prometía absolutamente nada que fuera a cumplir. Decía solamente: “No hay vegetariano que no pueda desayunar en México.” Y ahí me acordé de todo.
En el transcurso del día recordé casi todo lo que pasó en ese viaje. Y ese viaje es otra parte de la historia. La parte más real, más tangible, la parte en la que suceden todas las cosas. Malas y buenas. La frase es sólo una clave. Una llave para entrar en ese mundo de recuerdos que fue ese viaje a México.
Ese viaje no fue sólo un viaje. Fue un viaje para conocer y para conocernos. Pero sobre todo para conocer gente. No me acuerdo de todos por distintas razones, por estados de mente, el cuerpo y porque algunos eran realmente aburridos. Recuerdo que había un periodista (siempre hay uno), un búfalo gigante, una persona que por sobre todas las cosas era completo ignorante y por supuesto un vegetariano. Y un auto verde. En ese auto verde cruzando la frontera empieza la historia. Y desde ese instante y hasta el fin del viaje el nombre de mi compañero de aventuras cambió. Dejó su viejo apodo, “Manteca” como quien deja unas zapatillas tan rotas que no sirven más, pero que calzan como un guante. Y adoptó uno que lo acompaña sólo a veces. Desde la frontera y más allá su nombre era “Pachuco”.
viernes, 12 de marzo de 2010
La Fábula del solitario: ¨El amor no alcanza¨
…y sabiendo que amor era lo único que tenía me alejé orgulloso y triste de ser un gran mentiroso, convencido que desde ahora en más viviría sólo del amor, del amor a todo lo que pase por mí. Era mi venganza. Me sentía como un ángel despreciado aunque más tarde el diablo se posaría en mí, y sin darme cuenta de lo que iba a hacer con mi cuerpo y con mi alma caminé hasta que me dolieron los pies olvidándome de todo, y que de ángel a demonio sólo hay un pequeño paso, y la pasión era la diferencia.
Fue la primera vez que le mentí, fue mi primer gran mentira de una serie que no terminaría más, fue el comienzo de mi vida de bufón, de payaso, el comienzo de comprender que la vida es una gran verdad a base de pequeñas bromas, de ser el colador del mundo en forma de una estrella multicolor moldeado para mi propia diversión.
Estaba tan conciente, tan racionalmente loco que pude dejar mis pasiones de lado, sin saber que más tarde esas pasiones volverían en mí con todas sus fuerzas, incontrolables al punto de no saber qué estaba haciendo, actuando sólo por instinto, sacando todo lo animal, corriendo por bosques y desiertos desconocidos en mi ciudad natal, buscando el amor que jamás encontraría de nuevo.
Fue la primera vez que le mentí, fue mi primer gran mentira de una serie que no terminaría más, fue el comienzo de mi vida de bufón, de payaso, el comienzo de comprender que la vida es una gran verdad a base de pequeñas bromas, de ser el colador del mundo en forma de una estrella multicolor moldeado para mi propia diversión.
Estaba tan conciente, tan racionalmente loco que pude dejar mis pasiones de lado, sin saber que más tarde esas pasiones volverían en mí con todas sus fuerzas, incontrolables al punto de no saber qué estaba haciendo, actuando sólo por instinto, sacando todo lo animal, corriendo por bosques y desiertos desconocidos en mi ciudad natal, buscando el amor que jamás encontraría de nuevo.
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