viernes, 29 de junio de 2007
Si me dan a elegir VIII
Un recorrido turístico por microcentro
Una amiga en la Bond Street
2 Pájaros de un tiro en Buenos Aires
Un sábado sin soda
Un viernes de amigos en Capital
Historias de Cronopios y de Famas en mi cabeza
Una moneda que defina mi destino
Un nuevo número sin ningún contacto
Facturas y mates en el atardecer con vos
Un martes descontrolado
Un mail que me acerque hacia vos
El vaso medio vacio para volverlo a llenar
Un cigarrillo a medias con mis amigas
Una noche de desvelo y locura que me ayude a terminar mi guión.
lunes, 25 de junio de 2007
Ironias de la vida
lunes, 18 de junio de 2007
Escribir
Y no lo hago.
viernes, 15 de junio de 2007
Si me dan a elegir...(VII)
Policía en la luna
Abogado en el infierno
Ausente sin aviso
Arriesgado en el casino
Ecologista en el año 3000
Ladrón de tu cerebro
Segundo en el reloj
Voto en blanco en una elección
Plástico en tu billetera
Moneda en una fuente
Jueves un día cualquiera
Apretado en un Monza
Alta planta en Planta Alta
Un hacha en el pie del Diablo
jueves, 7 de junio de 2007
A tí
porque cuando te des cuenta
ya estaré muy lejos de aquí.
Piénsalo, siéntelo, súfrelo;
mantenme aquí a tu lado,
tú sabes que lo valgo
y tu también lo vales.
Piénsalo, siéntelo, súfrelo;
porque las almas gemelas
sólo se cruzan una vez.
Déjame!
si ni tú eres para mí,
ni yo soy para vos.
El destino es sabio,
pero más sabio es el corazón,
sólo deja que él te guíe,
no dejes, al sentir,
que él se enfríe.
martes, 5 de junio de 2007
Si me dan a elegir...(VI)
Un libro de historia mundial
Un bar
Un café y un jugo de naranja
Un atado vacío
Una fiesta en el medio de la nada
Un tren vacío en la fría madrugada
Una chica que camina sola
Algo de vos pastillero
El muro de Berlín hacia vos
Un celular en el inodoro
Una vida comunicada
Sabina sabe jugarse la boca
Un carioca inesperado
Un cuento difícil de escribir
Si me dan a elegir...(V)
Dueño de un circo
Solitario entre la multitud
Nostalgia en este estúpido lugar
Ladrón de bicicletas
Comprador de ilusiones
Guerrillero en Colombia
Buscador de Tesoros
Patatas al infierno en el bar Marian
Juez de línea en Mexico ´86
Satisfacción en los Rolling Stones
Amnesia en mi memoria
Una flor en los tachos de basura
Una cuchilla andante en la línea del frente
Un perro en Andalucía
Si me dan a elegir...(IV)
Enfermo en un hospital
Mormón golpeando la puerta
Estudiante en la recta final
Colgado de una rama
Inspector de billeteras
Más extraño que la ficción
Un viejo indecente en el correo
Kamikaze en picada
Periodista en dias de ron
Clandestino en el mundo
Girondo en el tranvía
Insistente en la derrota
Tu perfume en mi cama
Soñador en el balcón
Si me dan a elegir...(III)
Presidente de la Jota Pez
Renton en su habitación
Di Giovanni en el patíbulo
Piero Manzonni en un museo
Viernes 13 en julio
Robert Cappa en la guerra
All Stars en tus pies
Tatuaje en tu espalda
Separatista en Euskadi
Irreductible en la Galia
Perdido en el supermercado
Catador de Cervezas
Aburrido en Estados Unidos
Brian Jones en Guitarras
jueves, 31 de mayo de 2007
Si me dan a elegir...(II)
Banquero anarquista en Portugal
Bajista en los Sex Pistols
Heroína en Kurt Cobain
Estrella del rock en la CBS
Coleccionista de fracasos
La Polla en TUrecto
Preso en la Televisión
Cajero en el paraíso
Las orejas de Van Gogh
Creador de confusión
Rocambole en un folletín
Cofundador de Fracaso Ltda.
Juguete rabioso en Buenos Aires
Paracaidista sin arnés
Si me dan a elegir...(I)
Sabina en la cancha de Boca
Un recuerdo en tu cabeza
Un salmón en la corriente
Soldado griego en las Termópilas
Chute de whisky en un bar
Detective salvaje en Villaviciosa
Amante en tu futuro
Una pistola en tu boca
Once tiros en Parvadomus
Terrorista en un avión
Alcohólico en rehabilitación
Jack Sparrow en el Perla Negra
Johnnny Depp en 21 Jump Street
Goleador de Playstation
domingo, 6 de mayo de 2007
Todos hablan de Tí
"De Gonzáles Catán en colectivo, a la cancha de Boca por Laguna". Era la línea 86 una de las tantas formas para llegar al estadio donde el genio de Úbeda desplegó toda su poesía hecha canción.
Eran alrededor de las siete de la tarde, faltaban todavía dos horas. Y ahí estabamos mis amigos y yo, sentados en el campo de aquella cancha en la que sólo había llegado a estar detrás del alambrado. Mientras compartíamos un cigarrillo, discutíamos con qué tema iba a empezar el show. Poco a poco la gente fue tapando cada hueco que quedaba en el campo y también en las plateas. Pude confirmar lo que decía el cantante. Pude confirmar el “fanatismo desmedido”, y es ahí donde me incluyo, del público argentino por el cantautor español.
A casi una hora, los chistes, el acting y los acordes de Antonio García de Diego y Panchito Varona eran la prueba de sonido. Un “¡Que te grita el escenario ven!” resumía el tarareo de temas y la ansiedad por que comience el show.
Era diciembre, pero como si fuera un vals, seguíamos buscando el mes de abril. Junto con "Aves de paso", el maestro de la impostura sacó a relucir su talento.
Guitarra y rock and roll. El mejor dotado de los conductores suicidas nos llevaba a un callejón sin salida. Clima futbolero. Como si estuviera en un súper clásico. No parábamos de saltar y agitar remeras. “Despacio, despacio, no salten mucho”. Nosotros tan jóvenes y él tan viejo. Like a Rolling Stone.
En una especie de intervalo Antonio nos decía que “Esa boca era suya”. Nosotros ya la habíamos hecho nuestra. No era Olgita, sino Helen la que hacía los coros y la que con él nos llevó camino a un bar. Ella que sin embargo lo quería. Él con su whisky on the rock y sus peces de hielo. Nosotros acompañando su voz. Los tres cantando, casi sin aliento “Y sin embargo”.
Cada encendedor era una estrella que iluminó por completo aquel cielo gris y nublado. Nos alejábamos de “Calle Melancolía” y nos acercábamos al “barrio de la Alegría”.
A mitad del show hubo “mucho, mucho ruido”, pero aunque “Se llame soledad” no quiso hacernos chantaje, solo quiso regalarnos una canción. Y nosotros seguimos acompañando su voz, cerrando los ojos para cantar “Contigo”.
Cuanto amor, cuanta poesía, cuanto verso, cuanta canción hay en “La orilla de la chimenea”.
Sorpresa, asombro, fascinación y extrañeza nos invadió cuando su “Enemigo Íntimo”, el del bla bla bla, cantó con él aunque llueva sobre mojado.
Y después rock and roll. Porque elegimos entre todas las vidas “la del Pirata cojo”. El estadio era un barco que tenía por bandera un par de tibias y una calavera.
Era increíble ser la "Princesa". Abrazados con amigos, éramos, todos, juez y parte de sus andanzas.
Entre tanto, el corazón no paraba de latir. Era agitación. Era excitación. Era emoción. Negra noche maquillada como un maniquí. Y él cantaba que había tardado en olvidarla “19 días y 500 noches”. Y nos contagiaba de ese perfume popular de los himnos tribuneros con “Dieguitos y Mafaldas”.
Mágico. Elevado. Mejor que una “Noche de boda”, casi como una luna de miel. La Bombonera se vino abajo. La Bombonera cantó más que nunca, latió más que nunca.
Él nos daba “las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres”. Ese era el último tema.
Más que un punto y aparte era un "punto y seguido", porque sin él, pero con un tema suyo de fondo, nos fuimos cantando del estadio.
Un verdadero recital. Un visitante que siempre fue local. Un atiborrado cajón de éxitos que sacó a relucir. Una cancha de Boca loca por su canción, por su emoción, por su aspereza. Un "hombre de traje gris" que nos enseñó sus tratados filosóficos sobre el amor, la calle, la noche y la soledad. Un poeta burlón. Un me sobran los motivos para volverlo a ver. Un “Pongamos que hablo de Joaquín”.
martes, 1 de mayo de 2007
Decoración
una foto
una etiqueta de cerveza Palermo
un póster de PEZ
Supongo que adherimos al Minimalismo.
Jugar por Jugar
Nudo en la garganta,
corazón estrujado.
Ya lo sé,
no quisiste hacerlo,
sólo querías,
sólo lograste
alejarme de vos.
Pero es que aun no sabes
que no puedo estar sin vos,
es que aun no sabes
que todo es vacío sin vos,
es que aun no sabes
que me muero si no estoy con vos.
He pasado varios meses
intentando olvidarte,
me he pasado la vida
queriendo odiarte,
pero cuando me miras
recuerdo que no he podido olvidarte,
que no he podido llegar a odiarte.
Y ahora acá me ves,
respondiendo tus llamadas,
siempre con esa forma,
esa forma tan cobarde
de no decirte que no.
Y es que no te das cuenta
de que vuelves y te borras,
no te das cuenta
que el juego terminó,
porque ya no puedo,
porque ya no quiero
jugar por jugar.
martes, 24 de abril de 2007
Lectura Colectiva
Leer en los colectivos es un hábito riesgoso. En primer lugar para la vista, sobre todo cuando son esas ediciones baratas de letra chiquita en páginas diminutas. Pero también es peligroso porque en cierta forma el libro, al igual que el colectivo, te transporta.
El libro funciona como una maquina extraña e impredecible. En cada libro, se narran historias y en esas historias, se especifique o no, los personajes atraviesan puertas. Las puertas son a veces reales, a veces imaginarias y a veces metafóricas. Cada vez que alguien ingresa a un colectivo con un libro bajo el brazo se funde con el personaje y penetra con él a la trama del libro.
Así la puerta de ascenso de un colectivo de la línea 44 en Caballito, se transforma en un pasillo obscuro que desciende hasta llegar a un más oscuro baño. Te ponés a mear y cuatro sombras más bajan al sótano. No te movés. Escuchás un intercambio de palabras en voz baja. Esperás algo y no sabés que. De alguna manera sabés que en el bar que hay arriba hiciste algo que no debías. Algo capaz de molestar a alguien que tiene mucho poder. Poder para mandarte a sus guardaespaldas a seguirte hasta el inmundo sótano donde queda el baño del bar.
Casi terminas de mear y llega. Un botellazo en el medio de la nuca. Los vidrios saltan por todos lados. No te movés. Sabés que no te podés mover porque te van a matar. Terminás de mear, te abrochás el pantalón y silbás. Sabés que ellos no saben que hacer.
Pasas entremedio de los cuatro guardaespaldas y subís la escalera, sentís un filo hilo de sangre que pasa por tu cuello y atravesás la puerta. Es de día, estás enfrente del cementerio de la Chacarita. El colectivo se aleja. La cerveza de la noche anterior todavía da vueltas en tu cabeza. Te pasás la mano por la nuca para aliviar el dolor y empezás a caminar.
sábado, 14 de abril de 2007
El Primer dia
Sucede siempre el primer día de clases. Ese día nadie, pero absolutamente nadie, sabe nada. Ni la materia que se anotó, la materia que está cursando, donde queda el aula, la facultad. Ni si quiera la carrera que se encuentra cursando. Entonces empieza a preguntar a gente que sabe mucho, pero mucho menos que vos: ¿Yo curso historia, no? ¿En esta aula se da Derecho? ¿Esta carrera es Abogacía, eh?. Todas preguntas que alguien bien informado podría responder.
Así empiezan las conversaciones, charlas, pasan los minutos, la gente se cambia de aula para llegar a la correcta, se come, fuma, pregunta. Siguen pasando los minutos y el profesor no llega (El reglamento dice que el alumno debe esperar hasta 25 minutos antes de retirarse si el profesor no llega). Y ahí viene la pregunta que nadie puede responder: ¿Quien es el profesor? Y de ahí derivan otras preguntas que siguen a esta: ¿Como se llama?, ¿Que aspecto tiene? ¿Será puntual? ¿Joven, viejo? ¿Mujer, hombre? Ni puta idea. Son preguntas que nadie puede responder porque nadie las sabe, nadie tiene una respuesta para ese tipo de preguntas. Justo en ese momento es cuando aparece él.
Es una persona no muy joven, pero tampoco muy vieja, en general mayor que el promedio de los alumnos, bien vestido y con una especie de maletín en la mano. Con el semblante serio entra y se dirige a paso firme hacia el escritorio. Todas las conversaciones iniciadas en el aula (que son muchas) se detienen al unísono. Las bocas dejan de masticar. Nadie respira siquiera ¿Es él?. El recién llegado se percata que su presencia interrumpió un torrente de relaciones interpersonales en forma de banalidades y duda. Ahora tiene una pequeña porción de poder sobre todo los alumnos, poder que siempre sufrió del otro lado.
A los pocos segundo el mismo poder y la tensión del silencio se le hacen insoportables. Entonces esquiva el escritorio y va a sentarse con el resto de sus compañeros. Las conversaciones interrumpidas siguen su curso con un exagerado suspiro de alivio. En la puerta se asoma una persona no muy joven que mira y entra decidido hacia el escritorio. Está bien vestido y tiene algo en la mano que parece un maletín.
miércoles, 11 de abril de 2007
Misteriosa locura
Si supieras lo que estoy sintiendo dejarias de sentir.
Si supieras que estoy loca te alejarías de mí."
Amor se llama el juego
Nos empezamos de golpe, nos saboreamos de prepo como salidos de un cuento de amor.
Creo que se trata de amor un huracán en mi cabeza, creo que se trata de amor corto circuito en mi sentido, creo que se trata de amor y de eso tu tienes la culpa porque tu cuello es una rama para colgarse, tu mente un crucigrama sin terminar, tu ombligo anda buscando donde ocultarse, tu boca es un milagro de la humedad.
Y me lo dijeron mil veces, pero nunca quise poner atención. Cuando vinieron los llantos ya estabas muy dentro de mi corazón.
Sé que amarte a ti no es lo mejor pero me gusta, quizás estoy jugando como siempre al masoquista. Es la ruleta rusa por un beso, es lo de siempre improvisado.
Amarte a ti es la verdad más mentirosa, es lo mejor de lo peor que me ha pasado.
Y hoy me quedo muda para oír lo que nunca te supe decir.
He limpiado varios rincones y he regado jardines sin soles y he buscado en miles de cofres algo que viva, algo que mate, algo que escuche y algo que mire, algo que escriba, algo que borre, algo en el viento, algo en la lluvia, algo de vos. Porque una casa sin ti es una emboscada, el pasillo de un tren de madrugada, un laberinto sin luz ni vino tinto, un velo de alquitrán en la mirada.
E incluso en estos tiempos de aprender a vivir sin esperarte, todos los días tengo recaídas y aunque quiera olvidar no se me olvida que no puedo olvidarte.
Porque eres tú amor, mis ganas de reír, el adiós que no sabré decir, porque nunca podré vivir sin ti; y para ser mas franca nadie piensa en ti como lo hago yo aunque te de lo mismo.
Y hoy que no me encuentro la nariz, hoy que no me sale ni dormir, no le pongas miel a la verdad, que si ando muerta es de tanto resucitar. Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.
Pero no tienes que decirlo, no vas a volver, te conozco bien, ya buscaré que hacer conmigo.
Por eso, no abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo. Por las arrugas de mi voz se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo, para decir "con Dios" a los dos nos sobran los motivos.
lunes, 9 de abril de 2007
Bonnie Parker
a sus penas las ahoga, con aspirina..."
"A pesar de ser vivir en una villa
siempre fue muy coqueta,
cuando sus hijos crezcan,
no quiere que le salgan canas..."
