miércoles, 7 de noviembre de 2007
Mañana Rural en medio de una Jungla de Cemento
La Vanguardista Rural, exuberante, exclamó: "Hay que romper el fuego de alguna forma!"
La Campeche, mirando el mate, dijo: "Un río calmo de juncos entre tanta tempestad".
La Vanguardista respondió: "A cebada regalada no se le miran los palos".
Como siempre, la Cotorra de Campo remató: "Más lavado echale agua".
...Y así culminó el dialogo matinal de tres amigas que no tenían más palabras para decir, porque como todos saben "a las palabras se las lleva el viento".
- Y a las cenizas también boluaaa, sherrá la ventana", concluyó la Cheta Fracasada recién llegada.
Esta pequeña historia va dedicada a nuestro gran amigo, el "Misionero D-Generado".
viernes, 2 de noviembre de 2007
Ahora te damos algo “fashion”: 19 tips para distinguir frente a qué hombre estás
x Los histéricos: No, no sólo nosotras somos histéricas. Ellos, y hay muchos de ellos por cierto, pueden ser más histéricos que nosotras. Son los que hoy quieren algo y al segundo cambian de parecer, son los que hoy te abrazan y te dan besos y los que mañana ni te ven, pero pasado seguro que te llaman. Son los que se hacen los lindos, pero cuando no les das cabida vienen a hablarte para intentar atraparte otra vez. Y después dicen que no hay Gato Flores!!
x Los mujeriegos: Qué decir de estos hombres. Está todo por demás de dicho. Son los que no pueden comprometerse en serio con ninguna porque les gusta estar con todas. ¿Los conocen?
x Los langa: Se pueden confundir muchas veces con el histérico. Pero ellos se diferencian porque nunca se comen a su presa, sólo la observan, se acercan, la arrinconan. Son los lindos y facheritos que piensan que son tan lindos y tan facheritos que no pueden estar con nadie, son los egocéntricos, se admiran tanto que sólo llegan a encararse una mujer para hacer ver que ellos están solos porque no hay nadie mejor que ellos. Que top!
x Los nihilistas: Nada, que te puedo decir, nada. Ellos son los típicos hombres que nunca hacen nada, nunca saben nada, viven en la nada. Tipo nada.
x Los endogrupo: Fuera de su grupo no son nada, no tienen personalidad. Todo lo que son es porque están con su grupo. Se definen estando dentro y nadie lo capta a menos que sea del grupo. Más cerrados que…
x Los solitarios: Parecen no tener amigos ni amigas, ni nadie! Viven solos, salen solos, dan vueltas solos, van al cine solos, comen solos. Qué más hay que decir…es un solooo…
x Los infieles: Son demasiado conocidos por nosotras. Te aman, te adoran, sos la mujer con la que ellos se quieren casar, tener hijitos, y llegar a viejos juntos. Pero no le pidas que te sean fiel. No pueden. Por más amor…siempre hay alguna cañita al aire!
x Los antisociales: Se parecen mucho a los solitarios. Con la diferencia de que los antisociales pueden llegar a estar con gente, pero siempre con cara de culo, nunca te hablan, si están en un grupo están callados y se van rápido, no saludan a nadie. Que ortivas loco!
x Los demasiado sociales: Son la antítesis de la categoría anterior. Ellos cuando entran a un lugar saludan a todos, aunque no te conozcan te saludan, pero en general se conocen a todos. Mientras van caminando por la entrada de algún boliche, pub o cualquier lugar donde halla gente, van saludando con un beso y hablando una pavadita con todos. No exageran un poco muchachos?
x Los chetos: Sí, hay muchas mujeres chetas, también están las chetas fracasadas, pero los hombres no se salvan de ésta categoría. ¿Cómo distinguirlos? Es simple, hablan igual que las mujeres chetas, su vocabulario se reduce a boluooo, tipo na, no te la puedo; se visten “fashion” y muchas veces intentan hacerse los langa. Naaa, obvio boluooo!!!
x Los freak: ¿Quién de ustedes no se cruzó alguna vez con un “raro”? No te desvíes, no nos vamos para ese lado. Con raro quiero decir aquellos que se visten raro, que se mueven raro, que te miran raro, que hablan raro. A ellos eso no les preocupa, al contrario, les encanta hacernos pensar que son freak. ¿Qué raro, no?
x Los lentos: Muchas nos quejamos de la rapidez con que algunos hombres quieren devorarnos. Pero tampoco eso quiere decir que tengan que ser más lentos que una babosa. Estos hombres son los que tardan tanto en “arrinconar” a una mina que cuando se deciden a accionar ya se la está comiendo el de al lado. Vamos muchachos, apuremos un poco, que no se les escape la tortuga!
x Los rápidos: Son lo opuesto a los lentos. Ellos sólo necesitan observar, ubicar a su presa, y después, sin paso intermedio, atacan. No te dejan ni decir hola que ya te están apretando. Tal vez están mirando mucho 5ta a fondo, no les parece?
x Los intelectuales: son aquellos hombres que viven trajeados, a veces con anteojos (aunque no los necesiten). De lo único que hablan es de su carrera, de su trabajo, de política o economía. Y después dicen que no son aburridos!
x Los piropeadores: A toda mujer le encanta de vez cuando que un chico le diga algún piropo, pero sólo de vez en cuando. Este tipo de hombres se pasa sus días, horas, minutos y segundos expectantes de que pase alguna mujer para decirle algún piropo. ¿Acaso no saben que una imagen vale más que mil palabras?
x Los chamuyeros: Qué linda que sos! Sos hermosa! Nunca conocí a una chica como vos! Recién te vi y ya me enamore! Muchachos, ¿siguen pensando que de verdad son creíbles? ¿Siguen pensando que siendo verseros seducen? A ver hombres, ¿Es mucho pedir que usen la imaginación?
x Los pendeviejos: Son aquellos que están pasados de edad pero siguen saliendo como si tendrían 20, siguen levantándose minas, bailando sin parar, y juntándose con chiquitas. Cambien un poco, que sólo Sabina canta bien “Tan joven y tan viejo”.
x Los padre de familia: Tienen su familia armada, son buenos padres y buenos esposos, pero no hay manera que dejen la joda. Ellos no pueden dejar de salir con sus amigos. Tendrían que saber que hay veces en que hay que resignar ciertas cosas, pero mientras que se porten bien no pertenecerán a la categoría pendeviejos. Felicitaciones muchachos!
NdR: Vale aclarar que ninguna de estas categorías es excluyente ni cerrada. Aceptamos nuevas categorías, como también definiciones.
martes, 30 de octubre de 2007
Bukowski en Little Horse

Era un domingo. No podía ser otro dia. Resaca al mediodía. Esas resacas que duelen. Esas que sólo se van después de comer. Todos nos levantamos cerca del mediodía. Más o menos enteros. Nos miramos las caras, que es lo mismo que mirarse al espejo. Podría ser peor.
El plan es que no hay plan. Guiados por la ley del menor esfuerzo bajamos en el ascensor hasta llegar a la vereda; cruzamos la calle y entramos a esa parrilla. "La" parrilla de Caballito.
Entre el humo negro del carbón avanzamos, ee el mostrador pedimos. No me acuerdo exactamente qué. Seguro alguno de esos sandwiches que vienen envueltos en ese papel que se hace transparente con la grasa y el aceite. O quizás unos choripanes. O esas hamburguesas gigantes que vienen con un huevo frito. Todo muy sano. Pero no me acuerdo que era. Igual habia que esperar. Afuera.
Un segundo antes de salir miro por priimera vez a mi alrrededor. Muchas familias y nadie que valga la pena detenerse a describir. Sólo una persona resalta entre toda la gente normal. está de pie delante de la barra de ensaladas y elige con lentitud cada una de las verduras que pone en su plato. Es grande. Tiene la cara llena de pozos. Se nota que la vida no lo trató muy bien. Pero también se nota que él dió pelea. Peleas de bar. Y peleas en cuartos inmundos delante de una máquina de escribir. Lo miro a Seba y le pregunto: ¿Ese no es Bukowski?
Sebastián lo mira y ve lo mismo que yo, aunque por lo general el no ve nada. Si, es Bukowski. Bukowski comiendo una ensalada en una parrilla de Caballito. Nosotros ya estamos por salr. ¿Es o no es? Bukowski está muerto. Murió en 1994, el mismo año que Kurt Cobain. Pero ¿es?. Lentamente Bukowski, o alguien muy parecido a él, se acerca a la única mesa libre del lugar. Nosostros ya casi estamos en la vereda. Miro por última vez la mesa donde se va a sentar. Lo único que hay encima es una botella por la mitad de Vasco Viejo. Debería haberle pedido que me firme Factotum, pienso. Pero ya estamos afuera.
domingo, 28 de octubre de 2007
No soy Gastón Pauls
Se podría pensar que el hecho de no tener que esta buscando historias por ahi es algo bueno, si lo que uno quiere es contar historias. Pero que hasta el hecho más trivial, mas cotidiano, involucre algún hecho, contratiempo, imponderable o anormalidad que valga la pena ser contada es a veces algo complicado. Y a veces algo muy complicado.
Muchos "buscadores de historias" se contentan con prestar atención a su entorno y de
ahi salen sus historias: una conversación escuchada a medias, un lugar de la ciudad que nadie mira, un gesto imperceptible... Otros se internan en gigantescas bibliotecas para encontrar nuevas relaciones en viejos libros. Otros viajan, por el mundo o desde este mundo. Y otros no dudan en hacer cualquier cosa por encontrar esa preciada historia. Esos son los conductores de TV ( y los movileros de CrónicaTV ). Necesitan buscar en todos los lugares posibles algo que contar. En los peores lugares, los más bajos. Tiene que revolver un poco las miserias de alguien para encontrar algo que contar. Yo no. Las historias llegan a mi cabeza casi ya armadas. Sólo hace falta ponerlas en el papel. Gastón Pauls viajó a México, viajó en Peyote (que es un cactus) con un chamán y conversó con un árbol. Todo eso para contar una historia en una entrevista en el desaparecido canal boca TV. A mi se podría decir que los árboles me llaman por teléfono y preguntan si ya volví.
Pero tampoco es fácil vivir así. Diría que es difícil. Que un paseo hasta el supermercado se convierta en una odisea está bien para un día. ¿Pero todos los días?. Una vez por el hombre-máquina, el intento de robo frustrado, el burlador burlado o el día de la peor invitación para tomar una cerveza del mundo. Es un poco mucho. Además está la incertidumbre de no saber que historia va a aparecer. Ni como. Ni cuando. ¿Quien se hubiese imaginado que eso de las "gotitas de amor" iba a terminar así? ¿Y la moneda falsa para carnada? ¿Y el paquete de pastillas que le ofrecí a la cajera? ¿Y el compact disc cambiado? Es un poco mucho. Que demasiao.
Pero después de asumir que esto es así y no va a cambiar, se torna un poco mas fácil. Dejo de sorprenderme y los que se sorprenden son los otros. Entre tantas confusiones, errores, desaciertos , peligros y falta de cordura me siento a gusto. Pero siempre hay algo nuevo que me sorprende, aunque ya estoy preparado. Caminando por la vereda del supermercado con my sister veo a un hombre mirando unos ladrillos tirados en un cantero. El hombre se da vuelta y nos mira. En ese momento (podría haberse quedado callado) nos dice: "pensé que los del supermercado habían tirado todas la zanahorias!". Dio media vuelta y se fue- "Tengo que escribir esto"- pensé mientras my sister se reía.
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Documento sin título
Si hablamos de historias que no sabemos como terminan, las historias de amor son un caso típico. Mi historia de amor (o desamor), esa historia que no se como va a terminar – aunque tampoco sé como va a empezar, pero eso es otra historia- tiene varias opciones de títulos posibles:
♥ “Estoy en contra de la eugenesia, pero en tu caso puedo hacer una excepción”
Es que somos tan lindos, tan arios, tan rubios que un hijo nuestro debería estar prohibido, aunque nuestra intención no sea el mejoramiento de la raza, ni somos parte de un plan secreto de Mengele, nos queremos tanto (o nos vamos a querer) que esto es casi inevitable.
♥”No creo en las casualidades, pero ya parece que me estás cargando”
Cuando piensa en las millones de personas habitan y habitaron este mundo, los millones de kilómetros cuadrados que el mismo posee, no puedo dejar de pensar en que el hecho de que alguna vez te haya cruzado es una casualidad muy grande. Pero que además trabajes en el bar que voy todos los días me parece demasiado. Entiendo que los dos simpaticemos con las ideas anarquistas, porque de anarquistas está lleno este mundo (aunque pocos lo saben). La gota que colmó el vaso fue ese día que te encontré en el colectivo que me tomo siempre para volver a mi casa. Ya es demasiado. O me estás cargando o estamos hechos el uno para el otro y nada ni nadie nos puede separar jamás.
♥”Monosyllabic Boy”
Se que puede parecer raro tomar una canción de NOFX para describir nuestra historia de amor, pero lo que me pasa es que cada vez que te veo tu belleza me deja sin palabras. O por lo menos con pocas. En serio. A mi que siempre se me ocurre algo que decir. Inclusive en ese velorio al cual no debería haber ido. Pero con vos me quedo mudo. O casi. Lo máximo que puedo decir, y con mucho esfuerzo, es un tímido “no” o cada tanto un pálido “si”. Sin palabras.
♥”De como en vez de salir a navegar juntos, me hundí en el azul de tus ojos”
No estoy seguro de que alguien pueda tener ojos azules, pero me suelo perder en esas profundidades. No sé si es algo poético u onírico. Porque cada vez que te veo estoy muy cansado y tengo mucho sueño. Y al dormirme mirando tus ojos puede ser que me duerma y sueñe con naufragar en ese mar. Aunque a veces sueño con helados también.
♥”Ella baila sola”
Nunca vi a nadie tan alegre y despreocupada como vos. Siempre una sonrisa en los labios, dejándote llevar por la música, bailando sola entre las mesas, toda corazón y pulmón, haciéndote canción entre tanto silencio. Sos como las flores en los tachos de basura. O tengo que cambiar las canciones de mi MP4.
♥”El celeste de tus ojos me hace acordar a otra persona y eso también me gusta”
Ahora estoy casi seguro que tus ojos son celestes. Y ese es un color que ahora me gusta, no se porqué. Quizás porque tiene algo de inalcanzable, de algún lugar a donde nunca se va a llegar. Por eso el cielo debe ser celeste, celeste como tus ojos. Dicen por ahí que “el que quiere celeste, que le cueste”. Y no tiene que ver con colores, ni cuerpos celestes (o tal vez si). Pero si llego alguna vez a algún lugar, me gustaría comer un helado de crema del cielo con vos.
jueves, 11 de octubre de 2007
Pongamos que hablo del clima
Sobre el clima – me dijo alguien alguna vez-, tenés que escribir sobre el clima. Todo el mundo habla del clima. Por algo debe ser. A pesar de que no es el único tema del que todos (o casi todos) hablan, según dice una teoría que pensé en ese momento (que se comprobó sólo un rato después). Pero igual el tema del clima me interesó y creo que encontré la razón por la cual la gente habla del clima. Y además es fácil de explicar. Este texto es un ejemplo de ello. Se habla del clima cuando se quiere hablar de otra cosa.
Detrás de un “Lindo día, eh” o de un “Se puso feo, no?” se esconde algo. O sirve para ocultar una frase dicha antes o después o algo q se está pensando en ese momento, pero no se dice. Se habla del clima. Hablar del clima es una forma de esconder sentimientos, palabras, lágrimas, deseos, rabias y amores.
Los taxistas hablan todo el día de drogas, por lo general de noche, pero de día también. Y no paran de hablar. Todo sirve de pie para mantener la misma conversación. El mismo tema: bolsas, farmacias, caños, motoqueros, etc. Pero siempre dejan lugar entre tanta apología para un inocente: “pero está lindo el día, che”.
Evaristo (cantante de La Polla Records) escribió una de las mejores canciones que escuché en mi vida. No sólo por la letra; la melodía es una de esas que al sonar los primeros acordes te ponen la piel de gallina. Quizás porque sabés que es lo que sigue. Aunque los que intenten tocarla estén borrachos. O se olviden la letra. Todos cantan. Y cantan esa letra que habla de una lucha perdida, pero jamás abandonada. La lucha del débil contra el poderoso, la lucha de los que saben que van a perder e igual van a luchar. Cantando. Y la frase que resume todo ese sentimiento es simple. Habla del clima. “Ellos dicen mierda y nosotros amén, amén, amén, amén, a menudo llueve”
Bukowski tenía muchas cosas que decir, cosas que a la gente le molesta que le digan. Lo que queda es lo que ves, es duro. Si hablar del clima es hablar de otra cosa. Bukowski lo sabía. Sabía que esos ojos no hablaban de la lluvia. Que la lluvia no es igual para todos. Que nadie dice lo que tiene que decir. Y a él no le importa. Y lo dice y eso le molesta a mucha gente. Y nadie quiere escucharlo. Ninguna radio lo contrataría para decir el informe meteorológico, creo. Sería algo mas o menos así: “Supongo que está lloviendo en alguna ciudad de España ahora, mientras estoy sintiéndome tan mal. Me pregunto que hace la gente cuando se siente mal. Probablemente no hablan de eso. Dicen, “mirá, está lloviendo”, es la mejor manera”.
Creo que ya no estamos hablando del clima. O si. Y esto que pienso es verdad. Y hablar del clima es la forma que tenemos para hablar de algo que por alguna razón no podemos expresar de otra manera. En eso se parece a escribir. Así que la próxima vez que se te acerque y te diga: “lindo día, eh”, miralo a los ojos e intentá ver que te está queriendo decir. Seguro que es algo importante
miércoles, 10 de octubre de 2007
El mal camino
Tal vez elija mil veces el mal camino,
voy a tener que aprender
a vivir otra vez
AC - Negrita
La frase “te están llevando por el mal camino” es una de las mas grandes muestras de ignorancia que se pueden encontrar (perdón Susana). Nadie es llevado por el mal camino, nadie nos agarra la mano para entrar al lado oscuro, nadie nos arrastra. El mal camino se elige. Aún sin saber que se va a encontrar en él.
Entrar de la mano de alguien al jardín de infantes está bien, también entrar así a la iglesia el día de tu casamiento. Pero no se entra así al lado oscuro. Nadie te guía por el mal camino. El mal camino se encuentra. O nos encontramos en él. Puede estar en una esquina poco iluminada, en un disco que nadie escucha o en esa tarde que te escapaste de la escuela. Pero nunca nadie te guía. Es una decisión que se toma, consciente o inconscientemente, y ya no hay vuelta atrás. Un día nos encontramos que ya estamos en ese mal camino. Te das cuenta que sos la persona con la que tu madre te dijo que nunca te juntaras. Y en ese momento alguien viene y te dice: “te están llevando por el mal camino” Y te reís porque sabés que no es verdad.
Acerca de la revolución
lunes, 1 de octubre de 2007
Palermo es al fútbol lo que los Ramones a la música.
El fútbol, como la música, tiene un encanto especial que lo diferencia de otras artes. Es una especie de magia que sentimos al observar una definición exquisita de Thierry Henry, o al escuchar un punteo de Hendrix, admirar una gambeta de Messi o percibir la voz de Bon Scott. Pero si la música y el fútbol se nutrieran solamente de esos instantes mágicos, desaparecerían sin remedio. Si para jugar al fútbol tenés que poseer la habilidad de Messi, nadie, ni una sola persona en el mundo osaría patear una pelota, ni siquiera un bollo de papel. Y si para ser músico se debe tener el talento de un Hendrix (o un humilde Mollo) para tocar la guitarra, Fender no tendría una fábrica, sería un artesano olvidado que construye dos guitarras por año, ya que nadie, repito: nadie, pensaría siquiera en comprar una guitarra (y mucho menos para zurdos).
Pero ni en el fútbol ni en la música existe sólo eso. Hay lugar para los virtuosos, pero también existe una especie de lado oscuro, gemelo malvado o algo así que permite que exista una luz de esperanza para los que le sobran ganas y le falta habilidad, talento o un largo etcétera. Ver a Martin Palermo en la Bombonera intentando dominar una pelota que parece tener vida propia y que irremediablemente se escapa, es una escena que sirve de inspiración a miles de personas. Y esas miles de personas no aspiran a ser goleadores del fútbol argentino, ni siquiera a jugar en la Bombonera y mucho menos que todo un estadio coree su nombre. Quizás solo quieren animarse a jugar un picado en una plaza, la final del campeonato del barrio o un fútbol 5 con amigos por un asado. Y cuando esa pelota se va al lateral, esas miles de personas piensan al unísono: Si, se puede. Y Martín Palermo es la prueba de que se puede.
En la música también hay ejemplos. Si Bono no hubiese visto a los Ramones esa noche, hoy sería un sucio hippie ecologista irlandés, quizás nunca se le hubiese ocurrido usar anteojos en toda su vida. Pero los vio, los escucho y algo cambió dentro suyo. Se dio cuenta de algo que todo el que ve a los Ramones en vivo puede llegar a pensar. Yo también puedo hacer eso. Es fácil. Cuatro personas, cuatro amplificadores, cuatro instrumentos, cuatro acordes. Simple. One, two, Three, Four... Y eso fue el comienzo. Hasta llegar a uno, dos, tres, catorce....
A todos nos gusta ver algo bien hecho, tanto en el fútbol como en la música, ese virtuosismo que tienen solo algunas personas y que por eso son dignas de admiración. Y cuando alguien demuestra una total falta de sentido musical o nula habilidad con la pelota, nos preguntamos: ¿Que carajo hace este tipo ahí? Y la respuesta es esta: El está para que miles de personas en todo el mundo se levanten cada mañana a ensuciarse la ropa en un potrero o a transpirar en una sala de ensayo. Para que el día de mañana alguna de esas miles de personas, las que logren llegar, puedan deleitarnos con sus habilidades, en una cancha o en un escenario. O simplemente inspirar a otros recordándoles que si se puede.
jueves, 27 de septiembre de 2007
Una historia algo "verde"
- ¿Qué te pasa “Misionense”?
- Nada Amanda….es solo que conocí a alguien…
- ¿A quién? ¡Me lo tenes que presentar!
- No, es que es…me enamoré “Amanda”
- ¡¿Cómo?!!! ¿Quién es???
- “Rosamonte”
- ¡Ese no es un nombre!
- Rosa del Monte, con cariño le digo “Rosamonte”…
- No puede ser, íbamos a ir juntos al “Litoral”…
- Pero ya comencé un “Romance” con ella, y nos vamos a ir a “Taragui”…
- ¿Qué?? ¡Así no más! ¡Recién la conoces!
- ¡Pero fue un encuentro “Sublime”, una “Unión” muy fuerte!
- ¿Y yo? ¿Qué fui para vos?? ¿Tu “Mulita”?
- No vos eras mi “Pipore”, de Santo Pipo, pero eras…son cosas que pasan “Amanda”…Además vos sos chica, estas en el “Cbsé” todavía…
Frustrada “Amanda” echa de su casa al “Misionense” y se tira a la cama a llorar.
El contento por haber roto su relación con “Amanda” se va a buscar a “Rosamonte”.
- Hola "Rosamonte"
- Hola “Misionense”
- Linda “Mañanita”…
- No, es que tengo algo que decirte…
- ¿Qué?
- Que me enamoré de "Dickens"…
- ¡Pero es mi mejor amigo!!! ¡No puede ser, nos íbamos a ir a “Taraguí”! Soy tú “Cachamai” y vos mi “Brasita de fuego”…
- No, éramos…
- Y yo que te había comprado un “Cruz de malta”
- Lo siento…ahora te voy a pedir que te vayas...
- Está bien, me voy solo, no necesito que me eches.
Cabizbajo, el “Misionense” abrió la “Tranquera” pensando que tal vez le hacia falta un poco más de “Yerba Mate Buen día”.
Para información de marcas podés entrar a: http://www.webdelasmarcas.com/cgi-bin/links/search.cgi?query=yerba+mate
lunes, 17 de septiembre de 2007
Vicio sin motivos
En este momento de soledad solo se siente un profundo e inquietante vacío. Solo se siente intentar recuperar algo que ya no existe.
Comprendí que el vicio es hacerte recordar que hubo un buen momento y que ya de nada sirve tratar de recordar, para el sólo hecho de vivir del pasado.
Después de haberlo fumado, te das cuenta del tiempo perdido. Tiempo que nunca se va a poder recuperar y que simplemente quedó en el pasado, pero sin más recuerdo, que el de un desagradable sabor a angustia. Y de esta manera llegué a la conclusión de que fumar en este estado, es esperar un tren que ya no va a volver a pasar por esta estación y que únicamente me hace recordar que estoy solo.
viernes, 31 de agosto de 2007
Nunca fue fácil (ni lo va a ser)
Pero yo no me quejo de eso, o al menos de eso solo. Porque lo que nadie te dice, de lo que nadie nunca habla más allá de los minutos después de la clase, es de los teóricos aburridos. Y yo me quejo de eso, y por eso escribo esto.
Uno viene cansado de cursar otra materia, de viajar en bondi, subte o tren bien apretados, de laburar…¡y encima te tenes que comer un teórico aburrido! Se estarán preguntando ¿pero qué querés decir con aburrido? ¿O cómo te das cuenta de que un teórico es aburrido?
Bueno, voy a empezar por lo más simple. Te das cuenta de que es aburrido cuando comenzás a notar que todo el mundo se impacienta. ¿Cómo? Empiezan a agitar los pies, miran cada dos segundos el reloj, miran al techo, a las ventanas, a la puerta, miran a los compañeros, te miran con cara de ¿vos también estás embolada? O con cara de ¿Por qué no nos vamos todos a la mierda? También es usual notar que muchos dejan de tomar apuntes y se ponen a hacer dibujitos, a escribir boludeces para subir a un blog cualquiera que escribe cualquiera, salen hasta el quiosco y vuelven a entrar con algo para masticar, o simplemente se ponen a hablar con el compañero/a que tengan más cerca y que esté en la misma condición que ellos, que estén igual de aburridos que ellos.
¿Y qué quiero decir con un “teórico aburrido”? Simplemente que no es agradable para tus oídos, para tu cabeza y para tu inteligencia soportar a un tipo que te hable durante dos horas (o más) sobre un tema nada emocionante y que encima no intente hacerlo emocionante. Nada más aburrido que un tipo o tipa hablándote o leyéndote un libro o cualquier cosa sobre algo que no le interesa a nadie (¿nos tendría que interesar?) y que encima no entiende nadie.
Hay que decirle a esos señores (o señoras) que intenten darle vida a los teóricos, que intenten ponerle onda, que se den cuenta que ya bastante hacemos con estar ahí adentro sentados y tratando de escuchar algo (si es que lo permite el micrófono).
Comprendan señores que no es nada fácil aguantar las dos horas ahí sentados, escuchando y anotando. Comprendan que si no cambian las condiciones no deben quejarse de que cada vez dan los teóricos más solos (vaa…no tan solos porque siempre esta ese grupito que se entretiene hasta viendo la tele cuando no hay señal).
No se quejen cuando uno a uno (para que quede menos duro no nos vamos en malón) vamos saliendo por la puerta de atrás del aula y apenas salimos nos prendemos un pucho como aliviados de tanto sufrimiento.
Sí, sufrimiento. Porque como todos dicen “no es fácil sobrevivir en la UBA”, y menos con teóricos aburridos.
jueves, 30 de agosto de 2007
Coca cola te comprende
Los almuerzos en la facultad cambian cuando está ella, a pesar de que al entrar a ese bar parece que se acaba de abandonar la civilización. Detrás de ese mostrador repleto de empanadas, tortas, medialunas con jamón y queso, sándwiches de milanesa y alfajores varios, siempre está ella con su sonrisa.
A pesar de que son varias personas las que atienden, siempre es ella la que me pregunta con una sonrisa qué voy a llevar. Puede ser una casualidad, pero no creo mucho en la casualidad. Y esa sonrisa dice algo más.
Cuando me siento a estudiar y la observo no puedo imaginar estar en un lugar mejor. A pesar de tener que estudiar, dormirme y estar cansado. No hay lugar mejor. Y ella pone la música, baila, sola, se ríe, me mira, baila y se ríe de nuevo. Nunca deja de sonreír. Y yo estudio, leo, como, la miro, sonrío y la miro de vuelta.
Hoy tenía algo de sed y fui a comprar una coca-cola, parecía que me iba a atender el otro, ese que siempre se corta un dedo con el cuchillo, pero no. De atrás de la cocina salió ella y me preguntó: ¿que vas a llevar?. -Una coca, le respondí. Sonaba un reagge y ella bailaba. Y sonreía. Me alcanzó la botella, sonrió y dio media vuelta. Abrí la botella y miré el interior de la tapa. Nadie puedo haberlo dicho mejor; “Seguí participando”.
martes, 14 de agosto de 2007
Y otra vez Números...
A las 8 me tomé el 65 para llegar a alrededor de las 9 a la facultad para cursar las primeras clases del 2º cuatrimestre. 80 centavos fueron y son las monedas de los viajes que más he hecho en mi vida.
Llegué a las 8.50 para cursar en el aula 408 taller 3. El profesor no vino y entonces bajamos 4 pisos para ir a un bar y desayunar por unos 60 centavos. A las 11 subí los 4 pisos, pero esta vez en ascensor, para cursar en la 406 otra materia. Y hablamos de números: 90.9, 97.5, 95.7, 89.1 y otros que ya se perdieron en mi memoria.
A las 13 baje los 4 pisos con mis 80 centavos en la mano para tomarme nuevamente el 65 y volver a casa.
1 hora de relax me resultaron insuficientes pero sin más tiempo, agarre mi mochila, mis 80 centavos y mis llaves, baje los 8 pisos en ascensor y volví a subirme en el 65 para regresar a la facultad.
Subí 2 pisos, gasté 3.60 en el quiosco, me fumé un pucho y entre al aula 201. Fueron 2 largas horas en las que no hice más que “nada”. A las 19 subí 2 pisos para entrar al aula 410.
Pasaron ya 45 minutos y el profesor de historia parece no tener ganas de cerrar la boca y terminar la clase. Como si fuera poco pensar que mis días se basan en números, ahora me hablan de suma y resta. No sabía que en historia servía la matemática.
Entre la voz de mi profesor y la cortina tanguera de fondo ya no se donde ubicar mi cabeza. En mi vida escuche tanto tango como en esta clase de historia!
Hipnosis, transe. Me alejo de la conciencia y me encuentro escribiendo números. Más precisamente esos números que me acompañan desde que nací y que, según dicen, lo harán hasta mi muerte.
Histeria, transe, hipnosis. Ahora mi conciencia cae en cuenta de que ya he escrito 1 carilla y todavía falta 45 minutos para bajar 4 pisos, sacar otros 80 centavos y tomar el 65 de regreso a casa.
Por algo mi memoria recuerda lo que había escrito un viejo amigo, algo de números rojos, algo de números grises, algo llamado “Números”.
domingo, 12 de agosto de 2007
Números
En la escuela secundaria te dicen que en la universidad sos un número. Es mentira. Es igual o peor que el secundario. Compañeros, profesores, exámenes, vacaciones. Pero todo eso cambia cuando te llega el turno de hacer trámites en la facultad.
Yo soy el 31 B. O eso creí en un principio cuando me senté en un aula llena de otros números como yo. Pero no era así de simple. El color también es importante.
A las once en punto un guardia de seguridad (Si, con camisa, corbata, chapa y bastón) se acercó a la puerta y gritó: ¿Color rojo del uno al veinte!. Y veinte personas se levantaron de sus asientos y nunca más los volvimos a ver. A las once era la hora en que las ventanillas comenzaban a atender.
En el recinto debería haber 250 personas, no perdón, acaba de ingresar el guardia avisando que hay dos clases: rojo y gris. Debe haber 150 personas sentadas en un salón luminosos, con dos televisores apagados y un letrero que anuncia el turno. Los números rojos avanzan lentamente o no tanto. A las 11 y 7 van por el turno diez. Son cuatro cajas. Tampoco van tan rápido sabiendo que lo único que hacen es poner un sello. Y cobrar. Tres pesos por cada sello. Y son muchos sellos. ¿Del 20 al 40 color rojo!.
En el salón lo que se aprecia es la calidez humana. No de los humanos precisamente, que se encuentran cada uno en su mundo. La calidez viene del cartel “Se solicita abonar con cambio!!!”. Lo hace a uno sentir tan bien, lástima los carteles de prohibido fumar que generan 130 tics nerviosos diferentes en los 130 fumadores que no fuman. Mueven el pie, la mano, los ojos, la lapicera. Un puto concierto de ansiedad. Turno 24, caja 3.
Si no fuera por la ropa de verano este lugar se parecería mucho (demasiado) a una cárcel. Ahora que lo pienso debe haber cámaras filmando. Los guardias miran el salón repleto y se ríen, los presos siguen llegando. El guardia descansa, vuelve y dice: ¿del 40 al 60 color rojo! Unos se van, otros llegan.
Lo que falta en este salón es música funcional, dos pequeños parlantes que atormenten un poco a los que esperan. La única música que hay sale de los celulares que suenan cada tanto. A pesar del murmullo llego a escuchar esa canción que dice: “...estamos encadenados a un sistema repelente...” pero no, está sólo en mi cabeza. Los números mandan. Turno 42, caja 4.
Me tomo un tiempo para acomodar los papeles que debo presentar. No sé porque lo hice, faltan 83 turnos hasta que llegue mi número, mi persona. Soy 31 B Gris, ahora que se que el color es importante. Pero no soy sólo eso. También soy un número, el que me dieron cuando nací, que me va a acompañar toda la vida. Pero en algunos lugares, pocos, me conocen como 246971/04. Pero sólo algunos me llaman así.
El guardiacárcel aparece de nuevo por la puerta. ¿Color rojo del 60 al 80!. Otras 20 personas se levantan. A los pocos segundos el guardiacárcel vuelve. Está furioso. ¿Les dije SÓLO color rojo, no color gris!!! Ya han pasado como veinte con color gris...es color ROJO!!!. Tiene un acento extraño y pronuncia la palabra “rojo” de forma graciosa. Con su uniforme es más inteligente que varios estudiantes universitarios, por lo menos 20, o conoce muy bien la burocracia. Da igual.
Observo algunas caras conocidas entre la multitud y las trato de esquivar. No es fácil, pero ellos entienden. El cartel titila y cambia: turno 75, caja 4.
Llega otro guardiacárcel, cumple el papel de policía bueno. Anuncia: Seguimos con el rojo, del 80 al 100.... Tiene unas orejas gigantes, el pelo parado con gel y una media del jefe en la boca, pero sabe caer simpático. Además acaba de anunciar que no hay más números rojos, pasamos a la zona gris. 31 B, pienso.
Cien personas/números abandonaron la sala y la cantidad de gente es la misma. Un sello, cien sellos, trescientos s sellos. ¿Cuanto gastarán de tinta?¿Se cansan de golpear? Silencio. Ahí viene el policía malo, el peor guardiacárcel, se arrepiente y vuelve. Habla con una señora. Seguramente le dice: “Perdón, pero no se donde está su hijo” Termina de hablar y se acerca a la puerta:¡del uno al 20, color gris! A esta altura no sé si alegrarme o asustarme. El próximo soy yo. Falta poco. Ahora va a decir ¡del 20 al 40, color gris! (o va a mandar a su secuaz orejón) y me voy a parara con otras veinte personas, voy a salir a caminar por el pasillo hasta el final. De fondo se escucha una discusión. ¿Qué es más importante: el guarda que anuncia o el cartel luminoso?. Acá ambos deciden tu destino, el reloj es lento y previsible como la vida (algunas vidas); el anuncio del guarda es rápido e imprevisto como la muerte (algunas muertes) 31 B Gris.
Finalmente el momento llega: ¿color gris del 20 al 40! Era el comienzo del fin. El fin de la espera. De todo.
Eramos 20 personas guiadas por el guardiacárcel por un pasillo que doblaba en forma de “ele”en cuyo final había otra sala de espera mas pequeña, con un cartel igual que el anterior donde mostraban los turnos. Los guardias se ubican de nuevo en el medio, ese lugar panóptico desde donde observaban ambas salas de espera, mientras sonreían y hablaban en voz baja.
En la sala que me encontraba el cartel sí tenia sentido, cada vez que el número cambiaba alguien se levantaba y se dirigía a las ventanillas. Cada número era un gramo más en el reloj de arena. Y ya quedaban pocos.
- 27, 28, 29, 30, 31....caja 3.
- Vengo por las legalizaciones.
- Ah, si. ¿estas dos?
- Si.
- Pague en la caja y retírelos en esa ventanilla.
- Si, bueno.
Se escucha el golpe seco del sello al pegar contra la mesa. Una, dos, diez veces. Son 6 pesos. Si, acá tiene. ¿Estos son suyos? Si, son esos.
Guardé las fotocopias con la tinta todavía fresca y caminé hacia la sala de espera. Doblé antes de llegar, caminé sin mirar atrás y subí las escaleras. Caminé, casi corrí, hasta la puerta. Afuera llovía. Respiré hondo. Y me di cuenta que por fin era libre.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Fito Superestar
Desde esa revelación, escuchar una canción de Fito Páez era similar a la lectura de un salmo, casi una experiencia religiosa. ponía su haz de luz sobre cosas que siempre estuvieron delante de nuestros ojos pero no sabíamos interpretar. En esos tiempos lo único que existía para mi era el Evangelio según Páez.
La devoción por Fito me hizo ver mejor la realidad. Me di cuenta, después de la grabación de Enemigos Íntimos, quien era en realidad el enviado de lucifer a corromper la raza humana. Encontré paz en cada uno de sus discos. Mi vida se vió atravesada por los versos del rosarino, cada estrofa era un mundo nuevo para mi.
Me di cuenta de muchas cosas, encontré el amor después del amor, me di cuenta de las posibilidades infinitas del camino y le di muy poca importancia a donde tenía que llegar. Mi vida se proyectó entre miles de mariposas technicolores. Fueron dias felices donde mi vida rodaba en ciudades de pobres corazones. Por fin alguien ponía fin a mi ateísmo.
Pero nada es fácil de mantener. Y menos una divinidad. Su figura inmaculada se vio un dia manchada y todas sus verdades cayeron de un segundo a otro. Sólo existe la perfección perfecta, dijo alguna vez un periodista de cuyo nombre no quiero acordarme, y tenía razón. La divinidad no acepta pasos en falso y Fito dió ese mal paso. Sucedió en un lugar inesperado, en el momento más inesperado. Dicen que las cosas que realmente te cambian la vida suceden así, de un momento a otro, sin avisar. Un domingo a la noche. Un martes al mediodía. Hablando con una persona que conozco de nuestras simpatías por diferentes clubes de fútbol me comentó que era simpatizante (no dijo hincha, dijo simpatizante) de Newell’s Old Boys de la ciudad de Rosario. Le pregunté si él iba a la cancha a ver a su equipo preferido todos los domingos, y lo que me contestó me hizo darme cuenta de mi error, de la total falta de divinidad de Fito Páez. Me dijo que no. Y ahí me di cuenta y le dije: Entonces Fito Páez mentía, Rosario nunca estuvo cerca...
domingo, 29 de julio de 2007
Instrucciones para conseguir asiento en el colectivo
Conseguir un asiento en un colectivo es una cuestión de percepción del entorno. Igual, ahora que mi cerebro está en superatomático lo único que hago es pararme unos minutos delante de un asiento ocupado. Al rato la persona se levanta y yo me siento, así de fácil. ¿Suerte?. No. Años de viajar en colectivos hacen que mi percepción funcione de forma inconsciente.
Veamos lo que hay que saber. Nunca sentarse en los asientos de adelante, aunque sean los únicos disponibles. es una trampa para novatos. Eso te deja en una posición totalmente vulnerable, como tener un jugador lento y jugarse al offside. Siempre hay que elegir los asientos que se encuentran lo más atrás posible (nadie cede el último asiento).
El conocimiento del recorrido del colectivo ayuda. En la cercanía de puntos neurálgicos de la ciudad hay un recambio de pasajeros que puede (y debe) ser aprovechado. Toda interseccion con trenes, subtes u otras lineas de colectivos son el lugar y el momento indicado para conseguir ese preciado asiento.
Como paso final se debe observar a la gente. No amenazadoramente, sino analizar esas pequeñas cosas que nos hacen supones que esa persona se dispone a bajar. Y en este caso, como Dios (o Kafka), hay que estar en los detalles. Una mirada hacia afuera puede ser un indicio certero, también un movimiento rítmico con el pie, apretar la cartera con la mano, volver a ponerse una campera o bufanda, atarse los cordones o cerrar un libro que se está leyendo. Esto sirve para casi cualquier punto del recorrido, pero también hay cosas que se deben observar en casos específicos, como estar atento a la ubicación de escuelas, universidades, clubes de fútbol, eventos y relacionar a los pasajeros con dichos lugares o instituciones. Sabemos que los chicos con guardapolvo se bajan en las escuelas y las chicas alternativas en recitales de El Otro Yo. También los factores geográficos inciden en las posibilidades de obtener un asiento. Sabemos reconocer quienes se bajan en el barrio chino y también a los turistas que terminan su recorrido en Caminito.
Si todo esto no funciona quedan dos posibilidades: estudiar los momentos en los cuales el colectivo que deseamos tomar va vacío y reorganizar nuestra vida a partir de eso ("Me encantaría ir, pero a esa hora el 42 es un infierno"); o también podemos prescindir de alguna extremidad o simular alguna desventaja que nos otorgue una ventaja en esta selva. Pero eso ya es otra historia.
lunes, 23 de julio de 2007
Los Heavys del Bricollage
para Verito, my sister
Escribir tiene mucho que ver con mentir. No se puede escribir sólo verdades, para eso está la vida, la rutina y los reality shows. Mentir implica también actuar, ponerte una máscara que más allá de provocar un cambio de actitudes, deja entrever aunque sea un poco, de nuestra esencia de personalidad.
Nadie es quien dice ser todo el tiempo. Para Chesterton la mejor forma de ocultar la condición de anarquista era con esta frase: “Yo soy anarquista”. Una simple verdad que nadie cree. Nadie cree porque todos, de alguna u otra manera, mienten.
Nadie es quien dice ser porque nadie sabe bien quien o que es. ¿Que define a una persona? ¿Su profesión? ¿Su apellido? ¿Su cargo, su título? ¿Su posición económica? ¿Su color de piel, nacionalidad, sexo? ¿Quien puede decir con una sola palabra que o quien es? Si sos un canadiense, un buey o un artista. ¿Te puede definir la frase “soy policía”? Conozco a muchos que aesa frase les cuadra perfectamente y nunca en su vida pisaron una comisaría.
Entonces, a todos les toca actuar papeles que muchas veces detestan. Las máscaras van y vienen. Pero de alguna manera algo queda. Ese “Yo” que decide que máscara usar, que puede hacer algo y pensar exactamente todo lo contrario. Es más, puede salir de ese lugar y hacer exactamente todo lo contrario. La contradicción no existe mientras la subjetividad siga una especie de plan que guía a cada uno en su vida.
Todos usan máscaras. Imaginen un grupo de personas en un lugar haciendo una actividad que supuestamente todos comparten. Si todos piensan que en ese momento piensan que estarían mucho mejor en otro lado nada cambia. Las máscaras que mantienen todos refuerzan una idea, un gusto, un placer que no es el de nadie. Como si la mentira cobrara vida propia. Como si un cantante de moda vendiera miles de discos.
Ahora a los hechos. Una serie de máscaras que se utilizan en una noche cualquiera. Una máscara formal. Un restaurante formal y caro. Dándole la mano al dueño de una empresa que paga la cena formal y cara. Comiendo educadamente y gratis. Emborrachándote moderadamente y brindando. Algunas máscaras son mas difíciles de mantener que otras. Pero lo que importa de las mascaras es el afuera, el efecto que producen. Y la sensación de alivio después.
Afuera todo cambia. Otra máscara y a caminar por las calles oscuras. Con la anterior máscara puesta no sobreviviría diez minutos. Meando en la puerta de una obra en construcción. Esquivando personas que, a veces, es conveniente esquivar. Cruzando avenidas con el semáforo en rojo. Equivocándome. Pero el instinto de supervivencia de esta máscara me permite llegar al colectivo. Y ahí otra mascara que inhibe los instintos dormidos gracias a la civilización, a la cultura. Me gustaría reírme un poco.
Y al final la máscara que me gusta más, casi transparente, casi borrada por el humo y las cervezas. Uno a uno van cayendo, sólo quedan los que siempre quedan. Algunos dispuestos a perder algo más que una partida de pool. Y escapando del bar sin pagar. Otra vez. Y despertarte vestido en una cama extraña. Y pensar en las máscaras que vas a usar hoy.
Lo que falta contar es el hecho que motivó todo esto, pero lo que pasó, o mejor dicho, la interpretación de eso que pasó, a cargo de mentes que no están del todo centradas, puede y debe ser una completa y simple mentira. Pensar que cinco o seis heavys que volvían del recital de Motorhead con una lista de temas (disputada entre 25 o 30 heavys, sin duda), con sus camperas de cuero negro, sus tachas...Pensar en esa actitud que muestran, tomando cerveza en el colectivo, molestando a las viejas, sentándose en el piso sucio del 152. Pensar que todo eso no es más que una máscara que dejan en el perchero al llegar a sus casas. La dejan para usar otras máscaras. Ni mejores, ni peores, diferentes. Máscaras que no pueden usar delante de sus amigos. Máscaras que quizas usan todos sus amigos, pero nadie lo sabe. Quizás tampoco la usan delante de su madre. La máscara que usan cuando ven Utilísima Satelital. Cuando uniendo una serie de tachas compradas en la mercería del barrio logran terminar de formar esa flor que adorna su muñequera.
miércoles, 11 de julio de 2007
Un copo en el 9 de julio!
viernes, 29 de junio de 2007
Si me dan a elegir VIII
Un recorrido turístico por microcentro
Una amiga en la Bond Street
2 Pájaros de un tiro en Buenos Aires
Un sábado sin soda
Un viernes de amigos en Capital
Historias de Cronopios y de Famas en mi cabeza
Una moneda que defina mi destino
Un nuevo número sin ningún contacto
Facturas y mates en el atardecer con vos
Un martes descontrolado
Un mail que me acerque hacia vos
El vaso medio vacio para volverlo a llenar
Un cigarrillo a medias con mis amigas
Una noche de desvelo y locura que me ayude a terminar mi guión.




