miércoles, 24 de septiembre de 2008
Algo de intimidad
Andrés: Pero me parece que cada vez se te hace más fácil encontrar una mujer difícil...
Yo: ...
(creo que por esta vez le voy a dar la razón, pero no se lo pienso decir)
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Posibilidades y limitaciones
"Escribo historias porque conozco a algunas personas.
No escribo algunas porque ellos me conocen a mí."
jueves, 11 de septiembre de 2008
Tan Real
El sueño era dentro de todo bastante normal, no tenía casi nada raro. Era una escena normal, que de alguna manera me recordaba a las que había vivido miles de veces en el pasado. Estaba cocinando en el departamento de la que era mi novia esperando que ella llegue. Creo que era pollo con ensalada. El lugar era una mezcla de la casa de sus padres con el departamento de ella. En un momento llega ella, puede ser de la pieza o de la facultad, me besa y se sienta a comer. Yo me quedo parado al lado de ella mientras miramos televisión y ella cuenta cosas de su día. Yo la abrazo, nos besamos y ella me mira. Toda la escena tiene algo que la hace triste y no puedo determinar que es. Ella me sigue mirando con esa ternura infinita y me dice:
-¿Vos tenés miedo que yo me enamore de algún idiota?
-No. Creo que ya lo hiciste, le contesto.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Color Esperanza
Para Natalia, sólo la quinta palabra, el resto para los que algunas vez
compartieron algo más que nada conmigo.
Fue hablando con mi amiga Natalia que me di cuenta. Quizás estuvo siempre en mi cabeza, pero de alguna manera nunca lo pensé de ese modo. Estábamos hablando de tomar mate juntos, creo. Y de un recital que podíamos llegar a ir juntos el fin de semana. Y ahí me di cuenta. Me di cuenta de lo similares que son para mi el reagge y el mate.
Puedo vivir sin tomar mate. Puedo vivir sin escuchar reagge. Más en estos tiempos que soy más amigo de la soledad. Pero estando con otra persona todo cambia. Nunca me preparo un mate para tomar yo sólo. Como que no tiene gracia. Natalia dijo algo así como “el mate es una forma de comunicar” y creo que tiene razón. Pero para una comunicación se necesitan por lo menos dos, es algo que solo se completa en el acto de dar sin esperar nada a cambio, ni siquiera un gracias que siempre llega tarde y es entendido como un “basta” o un “andá a cambiarle la yerba por favor”. Con el reagge me pasa igual. No me pongo a escuchar reagge sólo, como que no tiene sentido, como que solo sirve si tiene que ver con la unión con los demás. Es música para compartir, como se comparte una ronda de mates.
Puedo vivir sólo escuchando distorsión en mis oídos, puedo vivir tomando café. Pero cuando alguien más aparece algo me lleva a lo verde, y una bebida se transforma en esa unión y esa música en comunión con el otro.
Puedo vivir sin mate y sin escuchar a Bob. Pero siempre que alguien aparece siento que algo verde no puede faltar (y si el reagge es un color, es el verde). Un mate que prepara alguien o un reagge que, como ciertas amistades, vale más que el oro.
martes, 2 de septiembre de 2008
Vieja Violenta
Estábamos yo y mis drugos en la estación Korova, la del tren que va hacia el oeste. También había algunas débochcas y todos estábamos preparándonos para un recital, esas vesches que reúnen a todos los jóvenes del lugar, a donde todos de alguna manera querían asistir.
Habíamos reunido el dengo suficiente para algunas pizzas, cervezas y demás. Algunos llevaron algo de drencrom y velocet para cuando ya estuviésemos adentro.
La camaradería y nuestra condición hizo que un grupo de malchicos se acercaran a pitear con nosotros, algunos traían vino con cuchillos o cerveza con synthemesco en botellas de plástico cortadas. Les gritaban a las débochcas que pasaban dejando ver sus lapas y miraban de costado. Todos participaban, reían y nosotros también. El que más levantaba la glosa era un malchico con el litso alargado, que en su rota encajada en medio de una pera que tenía la forma de una bañadera antigua y tenía siempre en la ruca una botella o algo de moloco plus.
Cuando se hizo el tiempo de partir, ya las percepciones estaban bastante alteradas y los rasudoques también, ya era difícil videar con claridad y las normas de urbanidad y las buenas costumbres eran pasadas tranquilamente por alto. Por eso cruzamos todos la calle sin videar hacia los costados. En ese momento fue que apareció.
Mientras todos cruzábamos la calle, una sumca starria a bordo de un auto que creo que era un Torino marrón, pero también podría haber sido un Durango 95, avanzaba scorro directamente hacia nosotros. Si no era por nuestro crarcar la calle se llenaba de crobo. El auto debía haber pertenecido alguna vez a su marido. Quizás tuvo que ubivarlo para poder usarlo. Y ahora estaba rodeada de malchicos que la videavan amenazantes a través del sucio parabrisas. La sumca sacó lentamente las rucas del volante y escuchó el primer ruido.
¿Y ahora que pasa, eh?
Las rucas de todos comenzaron a golpear la chapa del auto mientras la golosa de mis drugos iba en aumento: Uno, dos, vieja Violenta, Uno, dos Vieja Violenta, Uno, dos, Vieja Violenta, UNO, DOS, VIEJA VIOLENTA....
La sumca starria solo atinó a llevarse las rucas a la golová, mientras todos empezaban a esmecar. Ella cerró los ojos,
Debe ser que la gente grande no entiende ya a los jóvenes.
Drugos = amigos
débochcas = chicas
dengo = dinero
drencrom = droga
velocet = droga
pitear = beber
synthemesco = droga
litso = cara
ruca = mano
rota = cara
moloco = leche
rasudoques = cerebros
videar = ver
sumca = mujer vieja
starria = vieja, antigua
scorro = rápido
crarcar = gritar
crobo = sangre
golová = cabeza
golosa = voz
esmecar = reir
jueves, 28 de agosto de 2008
Horizonte sin destino
Cuando el viento esté soplando hacia un punto cardinal, yo desplegare mis velas y corriente en contra te intentaré atrapar.
Fue lindo intento, la corriente se detuvo, el viento escapó y lo último que queda es naufragar, dejar al destino y a la soledad en una suerte de amistad.
martes, 19 de agosto de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Escritores que no
martes, 12 de agosto de 2008
Y qué?
Suelo vivir saltando, por miedo a detenerme a pensar.
Sólo puedo pensar en hoy, ya no sé lo que vendrá.
Nunca quise abrir los ojos por miedo a dejar de soñar.
Siempre tendí la mano, para que me pases a buscar.
Elijo el vaso medio vacío para volverlo a llenar.
Intenté dejar de fumar, no pude en soledad.
Quiero detener mi locura, sentarme con ella a charlar.
Amo romper las reglas, el impulso es mi condición.
Si supiera qué estoy buscando, se acabaría la diversión.
Me gusta pensar por las noches “soy así, tu perdición”.
lunes, 11 de agosto de 2008
Nadie más que yo
Voy a comprar en un supermercado chino sin mirar nunca la fecha de vencimiento.
Voy a mirar fútbol por televisión.
Voy a seguir cortándome el pelo sólo, igual creo que cada vez me queda mejor (algo debo haber aprendido)
Voy a dejar de dormir la siesta y dejar la cama sin hacer.
Voy a volver a escuchar la música que siempre me gustó. Aunque sea La Polla Records a las 7 de la mañana en el colectivo 113.
Voy a salir a dar vueltas en bici aunque me pierda en el camino y tenga que volver a buscarlo.
Voy a comprarme una remera que de verdad me guste.
Voy a dejar de parecer.
Voy a escribir.
Voy a mentir de verdad.
Voy a volver a ser yo.
Nadie más que yo.
jueves, 7 de agosto de 2008
Amor, inteligencia y estupidez
Estar enamorado no significa ser estúpido o carecer de inteligencia. Tampoco el perfeccionamiento del amor te convierte en “perfectos idiotas.”
Queridos amigos: el amor no te vuelve idiota. Sino lo que vuelve idiota es buscar el amor cómo un idiota. ¿Se entiende? Dos ejemplo: - Si busco una piedra como un estúpido, es muy probable que me convierta en un estúpido con una piedra en la mano. – O bien: - Si conquisto un país como un estúpido (creo que esta historia ya la leí) me convertiré en estúpido con un país a cargo.-
Supongo que confunden la carrera con el destino. Y el amor alcanzado de ninguna manera te convierte en estúpido. Ese efecto “retardado” lo provoca el camino hacia la conquista de la otra persona y qué, en la mayoría de los casos, realizan innumerables actitudes “pelotudas” que luego son imposibles de sostener.
Y por último, el amor no te abandona ni se pierde. Quien lo hace es aquella persona, que proporcionaba y generaba amor, y que ahora la consideras una estúpida por haberlo hecho. De este modo es probable confundir el amor con la estupidez y la inteligencia.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Montaje tras el amor
Estamos hablando de la conquista sin inteligencia o más bien, de la astucia de "no serlo". He comprobado que muchos y muchas intentan seducir a su presa con su humor, por decirlo de alguna manera. Entonces se arman un personaje, más irónico a veces, más sarcástico otras, más chistoso tal vez. Ese personaje que montan debe lograr captar la atención de él o ella. Demás está decir que deben mantenerlo siempre, hasta con sus amigos, todo sea para lograr que digan “que copado, me divierte”. Claro que no siempre, ¿ves?, resulta bien.
Pero cuando sí resulta, y logras compartir momentos con esa persona, comienza el principio del fin. Fin dicotómico: o se termina el encanto y los puntos suspensivos, o te sacas el disfraz y quedas desnudo frente al otro. Claro que “desnudo” habías quedado hace rato, pero ese disfraz, ahora que ya tenés lo que querés, comienza a quedarte incómodo. Poco a poco vas dejándote ser un poco más tonto, un poco más serio, un poco más idiota. El amor. Y entonces, quedás como eso frente al otro, que en la mayoría de los casos te abandona.
Pero hay esperanza, porque algunos saben combinar bien el personaje que existe en el fondo, muy dentro de uno, y su creador. Y así los dos idiotas, así el amor.
martes, 5 de agosto de 2008
Una pequeña teoría sobre el amor o la estupidez
Dicen que la inteligencia seduce. También puede llegar a enamorar. Pero como en este mundo las cosas sólo existen porque existe algo opuesto (pensé en escribir esta teoría, pero tengo problemas para encontrar un opuesto al verbo "estacionar"). También existe algo opuesto a la inteligencia. Y no es la estupidez, sino el amor.
Es el amor lo que te vuelve estúpido. Estamos todo el tiempo intentando ser, o parecer, más inteligentes para conseguir algo de amor. Y cuando el amor llega nos vuelve estúpidos. Y ahí es cuando el amor se termina. Yo sé porque lo digo.
Lo ideal es, como siempre, un término medio, un tibio gris que consiste en no permitirnos ser o parecer inteligentes. Puede ser mediante algo conciente o la simple eliminación de neuronas por métodos tradicionales. Y la otra parte, quizás la más difícil que es tratar de medir el grado de enamoramiento para ser un poco menos estúpidos. Aunque esto, claro, no siempre es posible.
martes, 29 de julio de 2008
Asfixia, a veces asfixia.
Las horas de trabajo no pasaban más, el viernes parecía burlarse del reloj y dejar las agujas clavadas para que nunca sean las 2. Mi deseo era llegar, pero nada me indicaba que sería otro viernes de esos que ya conté alguna vez.
Mi mente abrumada se cansó de pensar y de repente ya estaba en el micro viajando para allá. El viaje parecía normal y como mi imaginación se sentó a descansar, decidí cerrar los ojos un rato.
Me puse la campera, agarré mi mochila y bajé del micro. El cielo estaba más gris, pero sabía que ese olor y ese espesor no podían ser normales. Raro, pensé, dijeron que se había ido. Pero era olor, no había rastros de él, entonces para qué preocuparme. Al fin y al cabo ya estaba donde quería estar.
La tarde cayó antes de lo esperado y yo todavía estaba dando vueltas en el centro, con mi mochila a cuestas, buscando un amigo para saludar. Era extraño que a esa hora no haya rastros de nadie, sólo dos autos buscando lugar para estacionar, como si no vieran que tenían toda la ciudad. Una vez más, no le di importancia y camine hasta mi casa, mi estómago ya me pedía comer.
Mi hermana me dijo que había una fiesta, y como siempre dije vamos y a las 12 de la noche salimos.
Apenas cerré la puerta de entrada, apenas me vi en el mundo exterior, supe que no iba a ser una noche más, las cosas estaban demasiado raras, y justo ese lugar. El olor era intenso ahora y el espesor dejaba poco espacio para caminar. Pero como quería llegar a tomar aunque sea una cerveza, bajamos.
En la orilla del río las cosas parecían aumentar de tamaño. Más dramatismo. Pero por ahora estábamos todos tomando cerveza y escuchando la banda. Todos sabíamos que no era normal, a todos nos pegó ese efecto, pero todos sabíamos disimular.
Mi percepción de la noche comenzó a cambiar cuando de casualidad salí afuera a saludar a una amiga. De adentro todo parecía estar bien, pero ahora ya no la podía encontrar. No veía. Entonces le grite para que me viera, para saludarla. Pero no me veía. Nos escuchábamos, sí, pero no nos veíamos. A mi amiga al final no la saludé, escuché más voces y supuse que estaba acompañada, entonces me prendí un cigarrillo y entre a buscar a los chicos.
Era tarde y me quería ir. Todos salimos. Nos subimos al auto. No se veía, pero suponíamos que podríamos llegar al boliche, total todos se fueron. De alguna forma se fueron, y nosotros, claro, no queríamos ser menos. Pero no se veía, y los pulmones empezaban a cerrarse. Un alambrado nos detuvo y pensamos que sería mejor que caminemos todos juntos. Pero el espesor ya molestaba demasiado y el aire parecía tomar un color tan oscuro que prefería mejor no respirar. Aunque mucha opción no tenía, después de todo, ya no lograba hacerlo. Y quería parar a tomar aire. Situación por demás asfixiante, no había aire y no había refugios para que pueda escabullirme y sacar un poco de oxigeno. Mi amiga me llevaba, yo estaba resignada a pensar que en algún momento iba a dejar de caminar, y entonces decidí dejar volar mi imaginación por todo el lugar, claro que esta vez en voz alta, para acortar camino, para aliviar el peso, para reír y no llorar.
La ciudad estaba oscura, negra, la madrugada húmeda, el olor picaba en mi nariz y el espesor no me dejaba ver ni respirar. El humo era intenso, faltaba poco, pero no aguantaba más. Sería mejor descansar, pero ya estábamos solas, mi amiga y yo, y quizá el ruido de un falcon nos asustó y decidimos no parar.
Llegamos. Entré desesperada y el agua le dio vida a mi garganta, aunque sentía que seguía siendo espeso el aire del lugar. Pero había llegado. Y como no quería desentonar con los colores de la noche, un fernet fue mi primera opción. Y para no desacostumbrarme a pensar en respirar, me prendí un cigarrillo y empecé a bailar.
lunes, 28 de julio de 2008
El regreso del hijo pródigo
Anónimo
Cartucho: Se corre el comentario de que venís este fin de semana
Yo: Ya estoy acá. En Baradero City
jueves, 17 de julio de 2008
Sobre la Mala Memoria
de las mismas cosas por primera vez"(Nietzche)
A veces tengo la sensación de que mi memoria es malísima. Y no mala en el sentido de no acordarme de las cosas (aunque en definitiva sí, eso es lo que pasa) sino mala en el sentido de no acordarme las cosas que sí quiero acordarme. Tengo miles de recuerdos inútiles en mi cabeza, pero algo que verdaderamente me importa y me lo acaban de recordar hace diez minutos y es verdaderamente importante ya me lo olvidé. Y no sólo eso. Me olvidé que lo debería recordar. Así tengo la cabeza llena de recuerdos inútiles, resultados de partidos que no le importan a nadie, números de teléfonos a los que ya no llamo más, fórmulas matemáticas, imágenes intrascendentes y canciones de grupos que alguna vez estuvieron de moda.
Mi memoria es mala en el sentido que no está a favor mío sino en contra. Nietzsche decía que el olvido es el estado natural del hombre y el hecho que tenga una memoria es por años de disciplinamiento a sangre y fuego. Mi memoria no es así. Le falta para llegar a eso. O ya lo pasó y tiene una autonomía nunca antes vista.
Viajando, en un colectivo que nunca tomo, veo un negocio al que quiero ir algún día. El negocio es una cervecería donde elaboran y venden al público cerveza artesanal. Lo primero que tengo que recordar es el nombre, que era... (agujero en la memoria), para buscar la dirección exacta. Si no lo recuerdo puedo buscar la calle y la altura y volver algún día, bueno, la calle era... (mente en blanco) y la altura era... (no está). Pero si todo esto falla siempre queda un último recurso. Recordar la línea de colectivos, para saber el recorrido, buscar la calle y encontrar la cervecería. La línea de colectivos es la número... (no, tampoco está).
jueves, 3 de julio de 2008
Dime tú para quien trabajas
(o un mes trabajando para Luis Miguel)
Todos sabemos más o menos para quien trabajamos. Pero en realidad creo que puede ser pensado al revés. Trabajamos para alguien cuando le damos plata a ese “alguien”. Por que la plata en si, no sirve para nada: es sólo un medio para conseguir otra cosa.
Entonces. Si trabajar para alguien significa pagarle, lo que resulta interesante ponerse a pensar (por lo menos eso pensaba anoche, a raiz de lo que voy a contar a continuación) es cuanto tiempo trabajamos y para quién.
Con facilidad se puede hacer un cálculo de cuanta plata por hora nos pagan por trabajar. En base a eso se puede hacer un cálculo de cuanto tiempo por año trabajamos para cada persona / empresa / negocio / o lo que sea.
Por ejemplo yo trabajo 4 horas por mes para el que fabrica mi shampoo. Dos horas por mes para los que hacen los chocolatines Jack, para completar la colección de muñequitos ( si, los estoy coleccionando de nuevo). No quiero saber cuanto tiempo por año estoy trabajando para fábricas de cervezas. Por suerte nunca trabajé para una tabacalera. Eso es trabajo insalubre. Para tener un reproductor de mp3 trabajé una semana en una empresa china que nunca oí nombrar. Y la lista sigue.
En realidad todo esto empezó cuando MariCel me pidió que le averigue sobre el precio de las entradas de Luis Miguel. Estaban como 500 pesos, creo. Pero no hay más. Agotadas. En la reventa cuestan 1200 pesos. Si, mil-doscientos pesos. Un mes entero trabajando para Luis Miguel. Todo un mes levantandote temprano para eso. Y trabajar para él no es muy grato. O si. Es exactamente igual a tu trabajo de siempre. Con la diferencia de que al final podés ir a verlo cantar. Y si tenés ganas escucharlo. Pero es todo un mes trabajando para él.
¿No querés, mejor, trabajar tres dias juntos para los Fabulosos Cadillacs y que ellos nos dejen ir a al recital? Yo creo que voy a hacer eso, si querés acompañame...
jueves, 26 de junio de 2008
Like Hunter
y mucho más
Fue el Pity el primero en darse cuenta. O mejor dicho el primero en animarse a decírmelo. “Últimamente no me doy cuenta si estás borracho o estás normal”. Y eso es lo que intenté toda mi vida. Como Hunter S. Thompson en Las Vegas. Intentar sacar todo el jugo posible a los pomelos. Ver la vida, la realidad de otra forma.
Creo que alguna vez intenté explicar esto de alguna manera. Existía una teoría que hablaba de eso, “Agregá LSD a tu vida” y una especie de relato que creo que se llamaba “La Solemnidad Diaria” (También está la canción “Lavandina, Suavizante, Detergente” pero eso es otra historia) que hablaba de eso. Creo que nunca escribí ninguna de las dos. Pero esto estoy casi seguro de estar escribiéndolo.
La vida es muy aburrida y muy corta para tomarla seriamente. Hay que darse cuenta que la vida es corta pero ancha, como decía AC. Todo puede ser interesante. De cualquier situación se puede imaginar algo totalmente ilógico. Y lo más importante es actuar en consecuencia.
¿Cual es la diferencia entre un loco y una persona normal? Los locos, casi todos, están encerrados. Nada más. Ah... y las personas normales mandan a arreglar los anteojos en vez de atarlos con cinta aisladora. Los menos locos usan cinta scotch, que no se nota tanto.
Esto es un ejemplo de lo que digo. Detrás de un pedazo de cinta puede haber una historia, que puede o no ser real, pero que se transforma en algo real en el momento que alguien la dice o la escribe.
Supongo que esto no tiene un fin claro muy claro es casi un fin en sí mismo, pero sirve para quitar un poco esa idea de que la vida, la vida normal, cotidiana, solemne, etc. tiene que ser aburrida. Es decir ES aburrida pero hay formas de hacerla un poco menos dramática.
Creo que lo que más me gusta es ver la reacción de la gente ante algo que la deja descolocada, sin saber que esperar, hacer, pensar o decir.
Si tengo que inventar una historia en la que Seba se moría por tener una licuadora para que la cajera del supermercado se ría, lo hago. Sin ningún problema. Y eso no se lo esperaba. Y tampoco sabe que es parte de un plan. O de otra forma de vivir la vida. O no se que carajo es, pero habíamos ido a comprar las primeras cervezas del día.
jueves, 19 de junio de 2008
Cosas que me molestan soberanamente I
Tal vez porque nunca quise entenderla. Tal vez porque me la hicieron entender a la fuerza. ¿Complicado? Para nada. Y sí, igual que a mi amigo, me molestan mucho las personas que dicen “No quiero lastimarte, pero...”. Es poco creíble.
Creo que el problema siempre está en el pero. Si le sacamos el pero, la frase es más sencilla, más sincera. “No quise lastimarte”. Sinceridad y respeto, “Ok, perdón. Fue sin querer”.
Pero el pero complica todo, porque encierra compasión, o lo que es peor lástima. ¿Y después de eso a quién le gusta la lástima? Al menos yo nunca me lleve bien con ese sentimiento. Me gusta pelear con él, y no me gusta generarlo. Y si lo genero mal por ti. No voy a ser más benevolente con vos por eso. No me va a doler menos. Duele igual.
La frase es una paradoja, “no quiero lastimarte…pero”. El pero ya lastima. No lo digas. No digas nada. Después de todo, siempre se sabe "cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos".
Pero nos empeñamos en decirla: “no quiero lastimarte…pero”. A mí me parece que es una frase hecha, para muchos es obligatorio decirla, porque encierra lo que es, pero que nadie se atreve a decirlo sin anestesia: el principio del fin.
¿Pero para que más vueltas? ¿Para que más dolor? ¿Para qué la compasión? ¿Para que complicar las cosas?
De mi parte odio los preámbulos, odio los prólogos, odio los prefacios, odio las introducciones. Odio los peros. Los peros siempre encierran algo que complica las cosas. Como la frase inversa “No quiero quererte…pero”. Siempre esconde algo. Pero sin el pero es lo mismo. Entonces ¿Para qué agregar palabras?
Hay gente que se contenta con el pero porque a veces implica una posibilidad. Pero a veces. En el caso de “no quiero lastimarte…pero” no existe ninguna posibilidad. Ya esta, me lastimaste en el mismo momento que lo dijiste. En el mismo momento que incluiste el pero, en ese instante me dejaste ¿Para que más explicaciones? ¿Para que ser más explícitos? ¿Para qué el pero? Si al final de todo es "el mismo cuento que termina mal".




