jueves, 28 de agosto de 2008

Horizonte sin destino

Tu sonrisa no parece ser la mía. Tu destino de puertito no espera a ningún barquito. Imposible navegar en tu mar de oscura soledad.

Cuando el viento esté soplando hacia un punto cardinal, yo desplegare mis velas y corriente en contra te intentaré atrapar.

Fue lindo intento, la corriente se detuvo, el viento escapó y lo último que queda es naufragar, dejar al destino y a la soledad en una suerte de amistad.

Pekeño


martes, 19 de agosto de 2008

viernes, 15 de agosto de 2008

Escritores que no


La paranoia era tan grande que sólo la habitación oscura, mis tripas y un poco de vino me podían acompañar. Y solo, en ese momento volví a estar en paz, absolutamente loco, enfermo a causa de mis pensamientos.

Seba

martes, 12 de agosto de 2008

Y qué?

Muchas veces se me hace más fácil reír por miedo a llorar.
Suelo vivir saltando, por miedo a detenerme a pensar.
Sólo puedo pensar en hoy, ya no sé lo que vendrá.
Nunca quise abrir los ojos por miedo a dejar de soñar.
Siempre tendí la mano, para que me pases a buscar.
Elijo el vaso medio vacío para volverlo a llenar.
Intenté dejar de fumar, no pude en soledad.
Quiero detener mi locura, sentarme con ella a charlar.
Amo romper las reglas, el impulso es mi condición.
Si supiera qué estoy buscando, se acabaría la diversión.
Me gusta pensar por las noches “soy así, tu perdición”.

lunes, 11 de agosto de 2008

Nadie más que yo


Voy a comprar en un supermercado chino sin mirar nunca la fecha de vencimiento.

Voy a mirar fútbol por televisión.

Voy a seguir cortándome el pelo sólo, igual creo que cada vez me queda mejor (algo debo haber aprendido)

Voy a dejar de dormir la siesta y dejar la cama sin hacer.

Voy a volver a escuchar la música que siempre me gustó. Aunque sea La Polla Records a las 7 de la mañana en el colectivo 113.

Voy a salir a dar vueltas en bici aunque me pierda en el camino y tenga que volver a buscarlo.

Voy a comprarme una remera que de verdad me guste.

Voy a dejar de parecer.

Voy a escribir.

Voy a mentir de verdad.

Voy a volver a ser yo.

Nadie más que yo.

jueves, 7 de agosto de 2008

Amor, inteligencia y estupidez

No se porque mis compañeros, en los últimos dos artículos de este blog, asocian de esa forma el amor con la inteligencia o la estupidez. Creo que existe una historia detrás de ellos que, seguramente los lectores y yo, desconocemos.
Estar enamorado no significa ser estúpido o carecer de inteligencia. Tampoco el perfeccionamiento del amor te convierte en “perfectos idiotas.”
Queridos amigos: el amor no te vuelve idiota. Sino lo que vuelve idiota es buscar el amor cómo un idiota. ¿Se entiende? Dos ejemplo: - Si busco una piedra como un estúpido, es muy probable que me convierta en un estúpido con una piedra en la mano. – O bien: - Si conquisto un país como un estúpido (creo que esta historia ya la leí) me convertiré en estúpido con un país a cargo.-
Supongo que confunden la carrera con el destino. Y el amor alcanzado de ninguna manera te convierte en estúpido. Ese efecto “retardado” lo provoca el camino hacia la conquista de la otra persona y qué, en la mayoría de los casos, realizan innumerables actitudes “pelotudas” que luego son imposibles de sostener.
Y por último, el amor no te abandona ni se pierde. Quien lo hace es aquella persona, que proporcionaba y generaba amor, y que ahora la consideras una estúpida por haberlo hecho. De este modo es probable confundir el amor con la estupidez y la inteligencia.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Montaje tras el amor

Que el amor te vuelve idiota, dudas no hay. Sin embargo, no todos queremos parecer o demostrar ser inteligentes para conquistar a alguien. La inteligencia muchas veces es un arma que asusta, y a muchos. Especialmente a los hombres. Ellos que se creen super-poderosos y que piensan que siempre tienen que ser más que una mujer, corren despavoridos cuando “una minita” es naturalmente inteligente y parece tenerla más clara que ellos. Digo parecen porque muchas veces es un personaje que montamos para atraerlos. Pero eso ya es otra teoría.
Estamos hablando de la conquista sin inteligencia o más bien, de la astucia de "no serlo". He comprobado que muchos y muchas intentan seducir a su presa con su humor, por decirlo de alguna manera. Entonces se arman un personaje, más irónico a veces, más sarcástico otras, más chistoso tal vez. Ese personaje que montan debe lograr captar la atención de él o ella. Demás está decir que deben mantenerlo siempre, hasta con sus amigos, todo sea para lograr que digan “que copado, me divierte”. Claro que no siempre, ¿ves?, resulta bien.
Pero cuando sí resulta, y logras compartir momentos con esa persona, comienza el principio del fin. Fin dicotómico: o se termina el encanto y los puntos suspensivos, o te sacas el disfraz y quedas desnudo frente al otro. Claro que “desnudo” habías quedado hace rato, pero ese disfraz, ahora que ya tenés lo que querés, comienza a quedarte incómodo. Poco a poco vas dejándote ser un poco más tonto, un poco más serio, un poco más idiota. El amor. Y entonces, quedás como eso frente al otro, que en la mayoría de los casos te abandona.
Pero hay esperanza, porque algunos saben combinar bien el personaje que existe en el fondo, muy dentro de uno, y su creador. Y así los dos idiotas, así el amor.

martes, 5 de agosto de 2008

Una pequeña teoría sobre el amor o la estupidez

El amor es algo irracional, inexplicable, caótico...en fin, indefinible. Y mucho más indefinible es cuando el amor se termina. No existen palabras ni lógica para describir eso. O tal vez si, pero todavía nadie se dio cuenta. Hasta ahora.
Dicen que la inteligencia seduce. También puede llegar a enamorar. Pero como en este mundo las cosas sólo existen porque existe algo opuesto (pensé en escribir esta teoría, pero tengo problemas para encontrar un opuesto al verbo "estacionar"). También existe algo opuesto a la inteligencia. Y no es la estupidez, sino el amor.
Es el amor lo que te vuelve estúpido. Estamos todo el tiempo intentando ser, o parecer, más inteligentes para conseguir algo de amor. Y cuando el amor llega nos vuelve estúpidos. Y ahí es cuando el amor se termina. Yo sé porque lo digo.
Lo ideal es, como siempre, un término medio, un tibio gris que consiste en no permitirnos ser o parecer inteligentes. Puede ser mediante algo conciente o la simple eliminación de neuronas por métodos tradicionales. Y la otra parte, quizás la más difícil que es tratar de medir el grado de enamoramiento para ser un poco menos estúpidos. Aunque esto, claro, no siempre es posible.

martes, 29 de julio de 2008

Asfixia, a veces asfixia.

El día amaneció frío y gris, no como de costumbre, sino como un día “común” de un invierno en la city porteña. El pronóstico anunciaba que iba a haber sol, pero ni de casualidad se le ocurría asomar. Mucho no me interesó, tomé mi mochila, las llaves, el celular y me fui.
Las horas de trabajo no pasaban más, el viernes parecía burlarse del reloj y dejar las agujas clavadas para que nunca sean las 2. Mi deseo era llegar, pero nada me indicaba que sería otro viernes de esos que ya conté alguna vez.
Mi mente abrumada se cansó de pensar y de repente ya estaba en el micro viajando para allá. El viaje parecía normal y como mi imaginación se sentó a descansar, decidí cerrar los ojos un rato.
Me puse la campera, agarré mi mochila y bajé del micro. El cielo estaba más gris, pero sabía que ese olor y ese espesor no podían ser normales. Raro, pensé, dijeron que se había ido. Pero era olor, no había rastros de él, entonces para qué preocuparme. Al fin y al cabo ya estaba donde quería estar.
La tarde cayó antes de lo esperado y yo todavía estaba dando vueltas en el centro, con mi mochila a cuestas, buscando un amigo para saludar. Era extraño que a esa hora no haya rastros de nadie, sólo dos autos buscando lugar para estacionar, como si no vieran que tenían toda la ciudad. Una vez más, no le di importancia y camine hasta mi casa, mi estómago ya me pedía comer.
Mi hermana me dijo que había una fiesta, y como siempre dije vamos y a las 12 de la noche salimos.
Apenas cerré la puerta de entrada, apenas me vi en el mundo exterior, supe que no iba a ser una noche más, las cosas estaban demasiado raras, y justo ese lugar. El olor era intenso ahora y el espesor dejaba poco espacio para caminar. Pero como quería llegar a tomar aunque sea una cerveza, bajamos.
En la orilla del río las cosas parecían aumentar de tamaño. Más dramatismo. Pero por ahora estábamos todos tomando cerveza y escuchando la banda. Todos sabíamos que no era normal, a todos nos pegó ese efecto, pero todos sabíamos disimular.
Mi percepción de la noche comenzó a cambiar cuando de casualidad salí afuera a saludar a una amiga. De adentro todo parecía estar bien, pero ahora ya no la podía encontrar. No veía. Entonces le grite para que me viera, para saludarla. Pero no me veía. Nos escuchábamos, sí, pero no nos veíamos. A mi amiga al final no la saludé, escuché más voces y supuse que estaba acompañada, entonces me prendí un cigarrillo y entre a buscar a los chicos.
Era tarde y me quería ir. Todos salimos. Nos subimos al auto. No se veía, pero suponíamos que podríamos llegar al boliche, total todos se fueron. De alguna forma se fueron, y nosotros, claro, no queríamos ser menos. Pero no se veía, y los pulmones empezaban a cerrarse. Un alambrado nos detuvo y pensamos que sería mejor que caminemos todos juntos. Pero el espesor ya molestaba demasiado y el aire parecía tomar un color tan oscuro que prefería mejor no respirar. Aunque mucha opción no tenía, después de todo, ya no lograba hacerlo. Y quería parar a tomar aire. Situación por demás asfixiante, no había aire y no había refugios para que pueda escabullirme y sacar un poco de oxigeno. Mi amiga me llevaba, yo estaba resignada a pensar que en algún momento iba a dejar de caminar, y entonces decidí dejar volar mi imaginación por todo el lugar, claro que esta vez en voz alta, para acortar camino, para aliviar el peso, para reír y no llorar.
La ciudad estaba oscura, negra, la madrugada húmeda, el olor picaba en mi nariz y el espesor no me dejaba ver ni respirar. El humo era intenso, faltaba poco, pero no aguantaba más. Sería mejor descansar, pero ya estábamos solas, mi amiga y yo, y quizá el ruido de un falcon nos asustó y decidimos no parar.
Llegamos. Entré desesperada y el agua le dio vida a mi garganta, aunque sentía que seguía siendo espeso el aire del lugar. Pero había llegado. Y como no quería desentonar con los colores de la noche, un fernet fue mi primera opción. Y para no desacostumbrarme a pensar en respirar, me prendí un cigarrillo y empecé a bailar.

lunes, 28 de julio de 2008

El regreso del hijo pródigo

"No necesito divertirme para beber"
Anónimo

Cartucho: Se corre el comentario de que venís este fin de semana
Yo: Ya estoy acá. En Baradero City
Cartucho: ...County Town. A la noche hacemos algo. Vino algún borracho?
Yo: No, él que viene.

jueves, 17 de julio de 2008

Sobre la Mala Memoria

"La ventaja de la mala memoria es que se disfruta varias veces
de las mismas cosas por primera vez"(Nietzche)

A veces tengo la sensación de que mi memoria es malísima. Y no mala en el sentido de no acordarme de las cosas (aunque en definitiva sí, eso es lo que pasa) sino mala en el sentido de no acordarme las cosas que sí quiero acordarme. Tengo miles de recuerdos inútiles en mi cabeza, pero algo que verdaderamente me importa y me lo acaban de recordar hace diez minutos y es verdaderamente importante ya me lo olvidé. Y no sólo eso. Me olvidé que lo debería recordar. Así tengo la cabeza llena de recuerdos inútiles, resultados de partidos que no le importan a nadie, números de teléfonos a los que ya no llamo más, fórmulas matemáticas, imágenes intrascendentes y canciones de grupos que alguna vez estuvieron de moda.

Mi memoria es mala en el sentido que no está a favor mío sino en contra. Nietzsche decía que el olvido es el estado natural del hombre y el hecho que tenga una memoria es por años de disciplinamiento a sangre y fuego. Mi memoria no es así. Le falta para llegar a eso. O ya lo pasó y tiene una autonomía nunca antes vista.

Viajando, en un colectivo que nunca tomo, veo un negocio al que quiero ir algún día. El negocio es una cervecería donde elaboran y venden al público cerveza artesanal. Lo primero que tengo que recordar es el nombre, que era... (agujero en la memoria), para buscar la dirección exacta. Si no lo recuerdo puedo buscar la calle y la altura y volver algún día, bueno, la calle era... (mente en blanco) y la altura era... (no está). Pero si todo esto falla siempre queda un último recurso. Recordar la línea de colectivos, para saber el recorrido, buscar la calle y encontrar la cervecería. La línea de colectivos es la número... (no, tampoco está).


Este artículo pertenece al libro jamás publicado intitulado “Paranoias paranoicas de ayer y hoy” escrito en Villa Ortúzar a principios del 2008 por un autor demasiado vago como para publicarlo.

jueves, 3 de julio de 2008

Dime tú para quien trabajas

(o un mes trabajando para Luis Miguel)

Todos sabemos más o menos para quien trabajamos. Pero en realidad creo que puede ser pensado al revés. Trabajamos para alguien cuando le damos plata a ese “alguien”. Por que la plata en si, no sirve para nada: es sólo un medio para conseguir otra cosa.

Entonces. Si trabajar para alguien significa pagarle, lo que resulta interesante ponerse a pensar (por lo menos eso pensaba anoche, a raiz de lo que voy a contar a continuación) es cuanto tiempo trabajamos y para quién.

Con facilidad se puede hacer un cálculo de cuanta plata por hora nos pagan por trabajar. En base a eso se puede hacer un cálculo de cuanto tiempo por año trabajamos para cada persona / empresa / negocio / o lo que sea.

Por ejemplo yo trabajo 4 horas por mes para el que fabrica mi shampoo. Dos horas por mes para los que hacen los chocolatines Jack, para completar la colección de muñequitos ( si, los estoy coleccionando de nuevo). No quiero saber cuanto tiempo por año estoy trabajando para fábricas de cervezas. Por suerte nunca trabajé para una tabacalera. Eso es trabajo insalubre. Para tener un reproductor de mp3 trabajé una semana en una empresa china que nunca oí nombrar. Y la lista sigue.

En realidad todo esto empezó cuando MariCel me pidió que le averigue sobre el precio de las entradas de Luis Miguel. Estaban como 500 pesos, creo. Pero no hay más. Agotadas. En la reventa cuestan 1200 pesos. Si, mil-doscientos pesos. Un mes entero trabajando para Luis Miguel. Todo un mes levantandote temprano para eso. Y trabajar para él no es muy grato. O si. Es exactamente igual a tu trabajo de siempre. Con la diferencia de que al final podés ir a verlo cantar. Y si tenés ganas escucharlo. Pero es todo un mes trabajando para él.

¿No querés, mejor, trabajar tres dias juntos para los Fabulosos Cadillacs y que ellos nos dejen ir a al recital? Yo creo que voy a hacer eso, si querés acompañame...

jueves, 26 de junio de 2008

Like Hunter

Para los hermanos Peris, por todo
y mucho más

Fue el Pity el primero en darse cuenta. O mejor dicho el primero en animarse a decírmelo. “Últimamente no me doy cuenta si estás borracho o estás normal”. Y eso es lo que intenté toda mi vida. Como Hunter S. Thompson en Las Vegas. Intentar sacar todo el jugo posible a los pomelos. Ver la vida, la realidad de otra forma.

Creo que alguna vez intenté explicar esto de alguna manera. Existía una teoría que hablaba de eso, “Agregá LSD a tu vida” y una especie de relato que creo que se llamaba “La Solemnidad Diaria” (También está la canciónLavandina, Suavizante, Detergente” pero eso es otra historia) que hablaba de eso. Creo que nunca escribí ninguna de las dos. Pero esto estoy casi seguro de estar escribiéndolo.

La vida es muy aburrida y muy corta para tomarla seriamente. Hay que darse cuenta que la vida es corta pero ancha, como decía AC. Todo puede ser interesante. De cualquier situación se puede imaginar algo totalmente ilógico. Y lo más importante es actuar en consecuencia.

¿Cual es la diferencia entre un loco y una persona normal? Los locos, casi todos, están encerrados. Nada más. Ah... y las personas normales mandan a arreglar los anteojos en vez de atarlos con cinta aisladora. Los menos locos usan cinta scotch, que no se nota tanto.

Esto es un ejemplo de lo que digo. Detrás de un pedazo de cinta puede haber una historia, que puede o no ser real, pero que se transforma en algo real en el momento que alguien la dice o la escribe.

Supongo que esto no tiene un fin claro muy claro es casi un fin en sí mismo, pero sirve para quitar un poco esa idea de que la vida, la vida normal, cotidiana, solemne, etc. tiene que ser aburrida. Es decir ES aburrida pero hay formas de hacerla un poco menos dramática.

Creo que lo que más me gusta es ver la reacción de la gente ante algo que la deja descolocada, sin saber que esperar, hacer, pensar o decir.

Si tengo que inventar una historia en la que Seba se moría por tener una licuadora para que la cajera del supermercado se ría, lo hago. Sin ningún problema. Y eso no se lo esperaba. Y tampoco sabe que es parte de un plan. O de otra forma de vivir la vida. O no se que carajo es, pero habíamos ido a comprar las primeras cervezas del día.

jueves, 19 de junio de 2008

Cosas que me molestan soberanamente I

“No quiero lastimarte….pero” No se por qué pero me quedé con esa frase.
Tal vez porque nunca quise entenderla. Tal vez porque me la hicieron entender a la fuerza. ¿Complicado? Para nada. Y sí, igual que a mi amigo, me molestan mucho las personas que dicen “No quiero lastimarte, pero...”. Es poco creíble.
Creo que el problema siempre está en el pero. Si le sacamos el pero, la frase es más sencilla, más sincera. “No quise lastimarte”. Sinceridad y respeto, “Ok, perdón. Fue sin querer”.
Pero el pero complica todo, porque encierra compasión, o lo que es peor lástima. ¿Y después de eso a quién le gusta la lástima? Al menos yo nunca me lleve bien con ese sentimiento. Me gusta pelear con él, y no me gusta generarlo. Y si lo genero mal por ti. No voy a ser más benevolente con vos por eso. No me va a doler menos. Duele igual.
La frase es una paradoja, “no quiero lastimarte…pero”. El pero ya lastima. No lo digas. No digas nada. Después de todo, siempre se sabe "cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos".
Pero nos empeñamos en decirla: “no quiero lastimarte…pero”. A mí me parece que es una frase hecha, para muchos es obligatorio decirla, porque encierra lo que es, pero que nadie se atreve a decirlo sin anestesia: el principio del fin.
¿Pero para que más vueltas? ¿Para que más dolor? ¿Para qué la compasión? ¿Para que complicar las cosas?
De mi parte odio los preámbulos, odio los prólogos, odio los prefacios, odio las introducciones. Odio los peros. Los peros siempre encierran algo que complica las cosas. Como la frase inversa “No quiero quererte…pero”. Siempre esconde algo. Pero sin el pero es lo mismo. Entonces ¿Para qué agregar palabras?
Hay gente que se contenta con el pero porque a veces implica una posibilidad. Pero a veces. En el caso de “no quiero lastimarte…pero” no existe ninguna posibilidad. Ya esta, me lastimaste en el mismo momento que lo dijiste. En el mismo momento que incluiste el pero, en ese instante me dejaste ¿Para que más explicaciones? ¿Para que ser más explícitos? ¿Para qué el pero? Si al final de todo es "el mismo cuento que termina mal".

domingo, 15 de junio de 2008

Cosas que me molestan soberanamente

Me molestan mucho las lapiceras que tienen un capuchón que es de otra lapicera. Y no encaja bien. Nunca. También las que tienen un botoncito atrás y el botoncito no anda.

Me molesta terminar un libro muy bueno demasiado rápido, casi sin poder disfrutarlo. Y más me molesta no poder hacer eso con un libro muy malo.

Me molesta tener una idea en un lugar donde no puedo anotarla. Como por ejemplo cuando me baño. Suelo tener buenas ideas en la ducha. Pero nunca nadie las va a conocer. También eso es culpa de mi Mala Memoria.

Me molesta que se termine algo que es muy barato y fácil de conseguir en un momento en que es muy dificil de volver a conseguirlo. No estoy hablando de cerveza. Pueden ser fósforos. O fernet.

Me molestan mucho las personas que dicen “No quiero lastimarte, pero...”. Es poco creíble.

Me molesta mucho tener que transcribir algo que ya escribí en un cuaderno o algo asi. Sobre todo porque está lleno de errores, falta de sentido, faltas de ortografía y mala sintaxis. Y siempre hay que cambiarle algo. Si fuera por mí, le pagaría a mi abogado para que lo hiciera. Pero tampoco confío en él.

Me molesta mucho tener que levantarme de la cama cuando ya estoy acostado porque me olvidé de hacer algo que tenía que hacer. Sobretodo en invierno.

También me molesta demasiado la gente que habla mal pensando que habla bien. En especial dos palabras: Coletivo en vez de Colectivo y Setiembre en lugar de Septiembre. Y lo peor de todo es que la última palabra es correcto decirla de las dos maneras, dicen.

viernes, 6 de junio de 2008

Reflexiones de una mente trasnochada

No hay que vivir buscando la felicidad. De lo contrario perderás de vista esos efímeros instantes de felicidad que están frente a tus narices...
¡Pobre Pinocho, él si que será siempre un infeliz!

miércoles, 4 de junio de 2008

C.N.I.M.Q.U.C.D.P.

Este artículo seleccionado por "el Negro" pertenece al libro jamás publicado intitulado “Paranoias paranoicas de ayer y hoy” escrito en Villa Ortúzar a principios del 2008 por un autor demasiado vago como para publicarlo

Creo que todo esto de las teorías y puntos de vista sobre el mundo tiene que ver de alguna manera con la libertad. Libertad de pensar lo que quiera y de vivir como quiera (en algunos casos como pueda). Ya que la libertad, aunque existe cierta paradoja que podría hacerla imposible de practicar, empieza por la cabeza.

Por lo menos para mi la libertad es libertad de elección y cuando uno elige libremente es verdaderamente libre.

Los hijos de familias ultra-religiosas por lo general siguen la religión familiar. No conocen otra cosa. No tuvieron la oportunidad de elegir otra cosa. Ahora si vos conoces la las diferentes alternativas y elegís eso, bien por ti. Eres libre.

Cuando dije que para mi la libertad empieza por la cabeza en realidad me refería a otra cosa. A la cabeza, pero del lado de afuera, mas específicamente al pelo. Porque alguien verdaderamente libre debe tener la libertad de elegir como peinarse o cortarse el pelo. Y eso es imposible si le dejan esa tarea a un peluquero. No se puede hablar con un peluquero. En realidad no se le debería hablar a nadie que tenga tijeras o navajas a su disposición. Pero también no se les debe hablar por que no escuchan. O lo que es peor, escuchan y hacen justamente lo contrario de lo que se le pide. Por eso algunos peluqueros son tan caros. Hacen sólo algo parecido a lo que le piden. Y por eso cobran más.

Para comenzar a ser libre abandoné las peluquerías. Hace más de 10 años que no voy a una. Desde que se murió el último peluquero que, a pesar de su oficio, ya estaba cansado de hacer lo contrario y hacía mas o menos lo que uno le pedía. Pero se murió y nunca más volví a una peluquería.

A partir de entonces fui libre de hacer con mi pelo lo que quería. Así también pasaron por mi cabeza maquinas de pelar inexpertas, tijeras desafiladas, tinturas de colores (el mejor recuerdo es de un “rojo Gilda”), crestas, decoloraciones, tijeras afiladas y peinados a lo Clash. No siempre salía bien, pero era parte de ser libre. Libre para equivocarme, pero también libre para aprender de los errores. Libre para escuchar opiniones de los demás y tenerlas en cuenta o no (depende de quien venga). Libre de elegir el color o el momento inadecuado. Libre para elegir. Libre para saber quien se haría cargo de mi pelo. Libre para cortarlo yo frente al espejo. Libre. Total, siempre vuelve a crecer





Nota: el título de presente artículo se debe a esto.


Una verdad oculta

Hace unos días leí una frase que decía lo siguiente: “La inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando.” Y la verdad que me pareció una muy buena frase. De hecho algunas veces sigo pensando que lo es. Aunque lo importante no era eso, sino que me recordó a otra frase dicha por el alemán, que es entre otras cosas mi amigo y compañero de blog; que decía más o menos así: “Vos escribí, no importa qué, sólo escribí. Porque a escribir se aprende escribiendo.” Ésta, a diferencia de la anterior frase, me pareció absurda y poco alentadora. Pero había algo que me inquietaba de ella y no lograba descubrir que era. Por lo menos hasta hoy.
Podía sentir una vibración oculta detrás de aquella frase sin lograr descifrarla. Quizás sólo era que, por una vez en la vida, había escuchado al alemán. Este tipo delirante que habla todo el tiempo disparando incoherencias, como si estaría diciendo normalidades sin mayores trascendencias. Porque él se encuentra en la clase de gente con carácter peligrosa. Pero peligrosa de escuchar. Cuando estás a su lado, tenés que aparentar que estás entendiendo lo que dice, pero en realidad no lo haces. Es decir, escuchar pero no oír. Decir siempre que si, pero a veces que no. Por las dudas y sobre todo si sos mujer.
Pasaron semanas, meses y años intentando escribir. Pero aquella frase volvía a mi cerebro diciéndome: -¡Dale Negro! seguí intentando aunque no salga ni mierda de lo que estás haciendo.-
Intenté escribir cualquier cosa. No me importaba qué, ni cómo lo hacía. Escribía mientras cagaba, cuando comía; en el viaje al trabajo, camino a casa; escribía sin pensar, pensando, mintiendo; con la mano izquierda, con la derecha, con ambas y no lograba sacar nada interesante. Hasta llegué a pensar que: si lo hacía como el culo escribiendo con la mano, quizás debiera intentar con el culo, lo que no lograba con la mano. Pero me sonó a puto y decidí no intentarlo.
El problema no era poder escribir nada bueno, sino que no podía descifrar el mensaje oculto en esa frase. Y eso empezaba a manifestarse en el incremento de mi ira.
Comenzaba a acumular demasiados escritos y todos malos. Excesivamente malos. Parecía que mi mano tenía un cerebro propio que decidía, por sí misma, que escribir. Porque lo que yo pensaba e intentaba escribir, no era justamente lo que quedaba escrito.
Ya todo esto comenzaba a fastidiarme mucho, como para no volver a escribir jamás. O por lo menos dejar por un tiempo; pero eso no iba a ocurrir.
Al fin un día, sentado en el inodoro intentando escribir otro artículo para el blog, logré darme cuenta la verdad oculta en aquella frase. Pude identificar que era una oración con dos momentos diferentes. En principio me decía que lo que había escrito hasta el momento era una verdadera cagada (sino no se explica la parte “Seguí intentando. Porque a escribir se aprende escribiendo”). Luego, y lo más importante, estaba en la parte que decía: “Vos escribí, no importa qué, sólo escribí.” ¡Claro! De esa forma lograba mantenerme lo bastante ocupado para no entender que haber creado un blog, entre otras cosas, significaba compartir algo entre amigos. Que más allá de estar bien o mal escrito, seguimos adelante con un proyecto que lleva más de dos años. Continuamos inventando historias, teorías y relatos que nos identifican bajo el mismo nombre de Escritoresquenoescriben.

martes, 3 de junio de 2008

Asalto al vacío

El vacío llego para quedarse porque le gusta ocupar un lugar. Le gusta ocupar el lugar más importante y parece que siempre lo logra.
¿Cómo luchar ante algo que no tiene definición, que no tiene esencia, que no tiene dirección?
Si tuviera las respuestas el vacío dejaría de existir. Pero está ahí. Tan quieto e inmóvil que a veces pienso que es parte de mí. Tan silencioso que muchas veces no se deja oír.
Pero a veces quiere gritar y golpea para poder salir.
Y entonces te da opciones: dejarlo ir u ocultarlo para que nunca pueda salir.
Dejarlo ir siempre se torna difícil. Ya te acostumbraste a vivir con él. ¿Qué harías sin él? ¿Hacia donde irías sin el? ¿Qué sería de vos sin él? Y lo peor, ¿Cómo serías sin él?
Es tan difícil imaginarlo que lo más fácil es ocultarlo para que siga siendo parte de vos. Como si siempre hubieses vivido con él. ¿Cómo explicarlo? Es una respuesta que vengo buscando hace tiempo.
Y sin embargo está ahí, solemne, borrando tu memoria y haciéndote creer que tu vida sin él es un agujero vacío.
Es un arma de doble filo, sin el vacío te sentís vacío.

lunes, 2 de junio de 2008

Relaciones de pareja

Hay dos actitudes que se pueden tomar en una relación de pareja: Luchar para que el otro cambie o amar a la otra persona tal como es. Yo soy de los que cambian para que el otro luche.
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