domingo, 28 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
CV
Y a partir de ahí Buenos Aires, Universidad, independencia. Y Bukowski, Nietzche, Marx, algunos clásicos, leer para la facultad, buscar libros en las librerías de Corrientes. Después escribir en los ratos libres y no tanto. Un día puse todo eso en un blog Escritores que no escriben (http://escritoresqueno.blogspot.com/) , donde algunos amigos también escribían, algunos se fueron, otros siguieron y alguno está siempre volviendo.
Y ahora trabajo en una farmacia seis horas al día por que me da tiempo para estudiar y hacer otras cosas. Sigo leyendo [las mismas ofertas de Corrientes, las del Parque Rivadavia, algún gusto que me doy – algo de Irvine Welsh o los libros caros de Anagrama- , algo de Palahniuk, la colección Utopía Libertaria, algunos blogs, la colección que saca el diario Pagina/12 de Anagrama y básicamente todo lo que cae en mis manos]. Últimamente me sorprendió Stephen King, algo que nunca había leído y me aburrí con libros desconocidos comprados por cinco pesos (Ojo! También por ese precio conseguí “Dias de ron” de Hunter S. Thompson). El sistema educativo aportó a mis lecturas dos libros “Mi planta de naranja lima” y “Relato de un náufrago”. Una vez en la calle encontré dos libros: uno de Hannah Arendt y otro de Luis Majul. Regalé el primero y leí el segundo. Quizás debería haber hecho al revés. En la facultad me hicieron leer “El Código Da Vinci”. En la casa de una amiga leí una tarde “El Alquimista”. Es decir, leo de todo. El único género que no me convence, quizás por que me suena a contradicción, es de autoayuda, pero quien sabe…
Ahora si tengo electricidad en mi casa, vivo en Parque Chas, pero todavía no me convence comprar un televisor [A pesar de esto sigo estudiando Comunicación]- Creo que fue uno de los hermanos Marx el que dijo “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”
viernes, 19 de marzo de 2010
Días difíciles
-sí.
-¿qué tenes?
-no sé.
-¿y que te pasa?
-estoy nerviosa ya te dije.
-¿pero por qué?
-y a vos que te parece.
-bueno no te pregunto más nada.
-mejor, pero después no digas que siempre querés saber lo que me pasa.
-bueno, ¿qué te pasa?
-no sé, ya te dije.
-¿entonces para que querés que sepa lo que te pasa si vos no sabes lo que te pasa?
-ves, te rendís fácil.
-uh, si no me decís no sé, no soy adivino.
-yo tampoco sé, me podrías ayudar.
-bueno, ¿qué querés?
-¿ahora o más tarde?
-¿¡qué querés ahora?!
-chocolate.
-¿querés que baje a comprar?
-¿me querés ver gorda vos?!
-¡te estoy preguntando que querés! ¿¡me podés decir que querés?!
-no seeee. Si supiera sería el fin de mis problemas.
-entonces para qué me tenés dando vueltas acá como un boludo.
-no sé, vos te quedaste.
-¿chocolate entonces?
-sí.
domingo, 14 de marzo de 2010
El secreto del nombre
Esta historia empieza de dos maneras. La primera es un viaje, y no precisamente especial, pero sí. Y también temporal. Un viaje que hice casi sin dame cuenta. Y la otra parte es una frase que me hizo dar cuenta de ese viaje. La frase llego en forma de mensaje de texto a mi celular una mañana que no prometía absolutamente nada que fuera a cumplir. Decía solamente: “No hay vegetariano que no pueda desayunar en México.” Y ahí me acordé de todo.
En el transcurso del día recordé casi todo lo que pasó en ese viaje. Y ese viaje es otra parte de la historia. La parte más real, más tangible, la parte en la que suceden todas las cosas. Malas y buenas. La frase es sólo una clave. Una llave para entrar en ese mundo de recuerdos que fue ese viaje a México.
Ese viaje no fue sólo un viaje. Fue un viaje para conocer y para conocernos. Pero sobre todo para conocer gente. No me acuerdo de todos por distintas razones, por estados de mente, el cuerpo y porque algunos eran realmente aburridos. Recuerdo que había un periodista (siempre hay uno), un búfalo gigante, una persona que por sobre todas las cosas era completo ignorante y por supuesto un vegetariano. Y un auto verde. En ese auto verde cruzando la frontera empieza la historia. Y desde ese instante y hasta el fin del viaje el nombre de mi compañero de aventuras cambió. Dejó su viejo apodo, “Manteca” como quien deja unas zapatillas tan rotas que no sirven más, pero que calzan como un guante. Y adoptó uno que lo acompaña sólo a veces. Desde la frontera y más allá su nombre era “Pachuco”.
viernes, 12 de marzo de 2010
La Fábula del solitario: ¨El amor no alcanza¨
Fue la primera vez que le mentí, fue mi primer gran mentira de una serie que no terminaría más, fue el comienzo de mi vida de bufón, de payaso, el comienzo de comprender que la vida es una gran verdad a base de pequeñas bromas, de ser el colador del mundo en forma de una estrella multicolor moldeado para mi propia diversión.
Estaba tan conciente, tan racionalmente loco que pude dejar mis pasiones de lado, sin saber que más tarde esas pasiones volverían en mí con todas sus fuerzas, incontrolables al punto de no saber qué estaba haciendo, actuando sólo por instinto, sacando todo lo animal, corriendo por bosques y desiertos desconocidos en mi ciudad natal, buscando el amor que jamás encontraría de nuevo.
miércoles, 24 de febrero de 2010
EL COMIENZO: la fábula del solitario.
Se sentía la época del año en la cual las mujeres se empiezan a cansar de nosotros y Ella no era exactamente la excepción. Traté en vano de llamarla esa misma noche desde mi dpto y me atendió su celular El Pajarraco, una mina con la mente totalmente desorbitada, una completa idiota que no tiene el menor interés de demostrar lo contrario, sino que parece orgullosísima de ser un estúpido loro. Nada había cambiado, pero yo me sentía raramente seguro de mis actos, se lo debía en parte a un pobre tipo al cual se le habían caído dos fajos de billetes en frente de mi nariz y no se había dado cuenta, yo venía caminando por la avenida Santa Fé mirando para abajo buscando boletos de colectivo para pasarselos a la empresa en donde trabajaba y poder comprar cigarrillos cuando de repente veo a este tipo de sobretodo dos talles mas grande, medio pelado y con anteojos, que saca las manos de los bolsillos y se cae en la vereda toda la plata que había sacado del banco. Nunca había visto tanta guita junta, pasó enfrente mío y le avisé sin dudar que se le había caído la plata, el tipo estaba tan nervioso que no puedo describir la cara que puso cuando le avisé, quizás cobraba la indemnización del trabajo de toda su vida, o sacaba todos sus ahorros para pagar la quimioterapia de su mujer, pero no esperé ni las gracias y sólo me dí vuelta para mirarlo una vez más y verlo agacharse patéticamente para juntar los dos fajos de billetes de cien, levantó la cabeza para mirarme y le hice una negativa con la cabeza para que se dé de cuenta de la estrupidez que había cometido y seguí mi camino. Una chica embarazada vió toda la escena y me paró en la esquina para felicitarme por lo que había hecho, y un flaco se sacó los auriculares y me hizo su negativa con la cabeza para decirme que él de paso andaba sin un mango.
- Está "desenmugrandose" en mi casa,me dijo, corté y no volví a llamarla, así que decidí adelantarme. Me acosté y empecé a crear el guión para alejarnos de una vez por todas, antes de que ella largue todo el discurso que tantas veces había escuchado antes de cada separación.
Por primera vez en mi vida sentí que estaba en lo correcto, que mis problemas existenciales estaban tomando una forma concreta y lo estaba viendo, justo dentro mío y no había motivo por lo cual preocuparme de nada sino que todo estaba tan claro que ya no me importaba estar sólo, sino por el contrario era éso lo que necesitaba, basta de farsas y a vivir que me estaba volviendo viejo y quería rejuvenecer, tomar los hilos de mi persona y ser mi propio titiritero, un par de mentiras más y sería libre: ya nadie se preocuparía por mí.
En la plaza Vicente Lopez todo fue como lo habia planeado la noche anterior, a ella le gustó que yo hiciera todo el trabajo así que se fue después de un rato satisfecha de sus lagrimas y sin un beso de despedida.
Ahora comienza un mundo solitario muy interesante para mí, un oscuro mundo nuevo se abre ante mis ojos y es bienvenido.
...continuará.... ?
miércoles, 17 de febrero de 2010
Bolivia 1: "Lo que dicen que es"
De alguna manera era un viaje a lo desconocido. Primero porque ninguno sabía muy bien donde se estaba metiendo y segundo porque las cosas que tenían como referencia eran muy dispares: Lo que ellos creían que era (o lo que esperaban que sea) y, por supuesto, los que les habían dicho que Bolivia era.
Para ellos Bolivia era la libertad, el lugar donde la pelota no dobla, un Bolishopping, el principal cultivador de la hoja de coca, Evo Morales, la cuna de una futura guerrilla anarquista, el escenario de una película, la Isla del Sol, un peso x un peso con ochenta, 4000 metros de altura, 6 a 1 y, por supuesto, la vuelta de los Mochilebrios.
Les dijeron que Bolivia era otro país (del que encontraron), que el Soroche no te deja disfrutar, que no existen los baños, la comida es picante, hasta el agua te puede matar; Que no eran bienvenidos. Que no hay que comer en la calle, que después de esa avenida es tierra de nadie (sobre todo de noche), que todos mueren en accidentes de tránsito, que te pueden robar, mentir, engañar, estafar. Que la cerveza la venden caliente. Que no hablen de religión, fútbol ni mujeres, mucho menos de política. Que tengamos cuidado con los ladrones. Y la policía. Que descansen, que no tomen alcohol. Que a ellos no se les entiende cuando hablan, que está lleno de bolivianos. Que por qué iban a Bolivia. ¿Que hay ahí de interesante? – Eso es lo que voy a averiguar – respondían los cuatro. Después de todo, vos tampoco conocés, no? No conozco , pero dicen… Dicen que es tantas cosas…
Y al final Bolivia es un poco de lo que ellos querían y creían, algo de lo que les dijeron y mucho, mucho más. Es un viaje en tren por la montaña, cervezas con espuma,Arturo Borda, lluvias que desaparecen, argentinas mochileras histéricas y un viaje hacia lo que no conocían, un viaje que termina en la Isla del Sol.
viernes, 29 de enero de 2010
viernes, 8 de enero de 2010
jueves, 31 de diciembre de 2009
Basura
Me sirvo un jugo de naranja mientras veo el tacho de basura rebosante. En Nochebuena nadie la sacó a las 12. Recuerdo el olor del 25 de diciembre. Tomo un trago de jugo. Pienso que quizás podría terminar el vaso y sacar la basura después. Pero no, tomo un trago solamente. Pienso en llamar a mi padre para ver si ya está llegando. Pero no, lo llamo después. Pienso en buscar las últimas cosas que ya me olvido para ponerlas en la mochila, pero no lo hago. Lo que hago es cerrar la bolsa de la basura y bajar los 37 escalones que me separan de la vereda, abrir la puerta y taparme los ojos con la mano al salir al sol.
En la vereda lo primero que veo es al camión recolector de basura a toda velocidad y a los basureros corriendo detrás, como si fueran cachorros siguiendo a su madre. Uno, pelado, cansado, transpirado y con una sonrisa me extiende su mano. Tiene un guante y todo eso. Sonrío y le doy la bolsa que tengo en mi mano. Perfecta sincronía. El mundo parece conspirar para que todo funcione correctamente. Es la perfección. La perfección que incluye a la basura, basureros y fin de año. La gente en la calle se detiene un segundo para observar esa pequeña porción de perfección, de sincronización. Se detienen como si estuvieran presenciando un milagro. Entonces el camión sigue, yo sonrío. El basurero que va más adelante intenta embocar en el camión una bolsa enorme, azul. El camión justo acelera, o la fuerza aplicada a la bolsa es insuficiente y golpea el borde del camión, abriéndose al medio, llenando de basura la calle, manchando la perfección. Y ahí se va todo al carajo.
martes, 22 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
La misma piedra
- Resultó ser una puta. Como todas las mujeres.
- ¿Pero eso lo sabías antes, no?
- ¿Saber qué?
- Sabías que era una mujer.
Como todas las anteriores.
- Si, tenés razón. Igual lo intenté.
Supongo que es esa nuestra condena, nuestro primer castigo.
Podemos hacer todo lo que queremos hacer.
Pero al final son ellas las que deciden.
Que ropa vamos a usar.
A donde vamos a ir.
Hacia donde mirar.
Que tomar.
Que no hacer.
A fin de cuentas sólo somos verdaderamente libres cuando nos abandonan, cuando estamos sólos y locos.
- Si, es verdad.
Y ahi es cuando buscamos otra mujer.
martes, 8 de diciembre de 2009
domingo, 6 de diciembre de 2009
Sobre mi buena suerte II
Supongamos que tengo buena suerte. Entonces no tengo nada más. No necesito nada más. Si tengo suerte con las mujeres no sé si de verdad le gusto a alguna. Si me va bien el la facultad no sé si es porque tengo conocimientos suficientes sobre el tema o si es por que se una sola cosa que me preguntaron de casualidad (o de pura suerte, mejor dicho) lo sabía. Si le gano un partido al Playstation al Negro me dice “Fue suerte, ese gol fue de suerte”. Y no sé si es verdad. En conclusión: tener buena suerte me hace dudar de mis capacidades y habilidades. ¿Soy bueno en algo o sólo tengo suerte?
Entonces la buena suerte sirve cuando se presenta como algo extraordinario, un golpe de suerte, un beso de la diosa fortuna. Como rutina, como forma de vida, la buena suerte es casi una maldición que se parece demasiado a la mala suerte, un telón que tapa todo lo que somos, que nunca deja ver que es lo que pasa en el escenario. Algo que puede desaparecer y dejarnos sin nada. Por que no sabemos bien si ese escenario existe.
Yo tengo suerte. Del tipo que parece una maldición. Pero hay algo que me da cierta ventaja. Sé que esto es así. Me di cuenta de eso y tengo una estrategia para cuando la buena suerte decida abandonarme. Y lo que hago es esforzarme más. Escribir, estudiar mucho aunque me tomen en el examen una sola pregunta que ya sabía de antemano. Leer aunque no lo necesite, todo lo que pasa por mis manos, tratar de conquistar mujeres imposibles, aprender de todo y de todos, trabajar. Intento reunir todas las habilidades posibles para el día en que la suerte me abandone estar preparado. Mientras tanto, no se si por que sí o por todas estas cosas que hago, la suerte está conmigo. Para bien o para mal.
lunes, 30 de noviembre de 2009
A favor del campo II: Manu Chao en All Boys
-Con ese agujero en el pantalón y tomando cerveza del pico parecés un hooligan – Me dijo Cartucho mientras viajábamos en el auto del Pity al estadio de All Boys a ver a Manu Chao por segunda vez en el año.
Había llovido todo el día, pero la luna asomaba entre las nubes e iluminaba el estadio. Los policías vigilaban el transito y las botellas. Los vendedores vendían (panchos, cocas, cervezas, maní, sanguchaos y.... brownies) Y todos avanzaban lentamente hacia la puerta. No tan lentamente, pero era muuuuuuy larga la cola. Demasiado. Cuando íbamos por la mitad empezaron a sonar los primeros acordes de la Radio Bemba. De alguna manera sabíamos que todavía había mucho tiempo para disfrutar la noche. Nada de corridas.
Y arriba la luna oeeeeaaaa
Entramos al estadio al lado del escenario, un pogo tranquilo se mezclaba con los bailes de la platea y el humo que subía hasta casi tapar la luna. Arriba del escenario ni luces de colores, ni decorados extraños, no esas cosas. Sólo músicos y música. Abajo bailes, gente (mucha) y barro. Mucho barro, pero a nadie parecía importarle. Todos saltando y cantando en el barro como si fuese Woodstock. O como si tuviésemos siete años.
Arriba no hay barro, pero igual se divertían. Y no paraban, ni un minuto. Se fuerza la maquina, de noche y de día. Un reggae dejaba paso a un pogo salvaje, a Mano Negra, a Tonino Carotone, a otro reggae, a una canción tradicional mexicana, a la vaca loca, a Tijuana, a me gustas tú, a otro reggae y vuelta a empezar. Una y otra vez. Y después, Mala Vida. Ahí saltamos hasta llegar adelante. Como un hooligan abrí el camino. Y ahí de nuevo: Garbancito, me ato los cordones llenos de barro y me queda la Mano Negra, Fermín Muguruza, los locos del Borda y otro reggae. Todo sin parar. Casi sin respiro. Se van cien veces y vuelven otras cien, otras quinientas. Las luces se prenden, los músicos se van, pero vuelven. A Floresta. A cantar y a saltar. Ellos no dan más y nosotros tampoco. Pero seguimos. Y cuando todo termina nadie se va. Estamos locos y Manu lo sabe y nos lo dice. Y seguimos cantando y ellos tienen que salir y seguir. Se va el baterista y seguimos. Con las luces prendidas, el barro, la luna. El tecladista se quiere ir, pero seguimos casi como un desafío. Manu pregunta: ¿Quieren más? Y si.
Verlo en el escenario, con esos collares, la camisa abierta, la banda es casi como ver a Bob Marley. Para los que nunca lo vimos a Bob, supongo. Es la resistencia musical, la rebelión internacional, la lucha desde el margen de la ley. Bob simulaba ser atravesado por balas cuando tocaba. Manu también lo hace. Pero el también contraataca, con música, con su postura, con rebelión, con la insurrección. Pero sobre todo con la música. Y en la guitarra empieza a sonar “Machine Gun”.
Es lunes. Ayer, domingo, tocó Manu Chao en All Boys. La única persona que le hubiese gustado ir a ver a Bob Marley (y no sólo comprar una remera) no fue. Si estoy hablando de mi abogado. Pero la vida, como el fútbol y la Playstation, da revancha.
Es lunes. Dormí cuatro horas. Estoy trabajando. Estoy cansado. Me llega un mensaje de
Cartucho. Dice: “boy oooo! ....boy oy oy oy oooo!!"
Y la fiesta sigue.
domingo, 29 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Sobre mi buena suerte I
El chocolate que me dio decía “Te quiero”.
Existe una teoría bastante extraña en la física cuántica. Vi que la mencionaban en una serie, después en otro lado y así, las casualidades o que se yo me llevó a querer averiguar más (mi ignorancia esconde un gran potencial). Yo no soy un perito en la materia, pero es más o menos así. Se llama “teoría del suicidio cuántico”, es un desprendimiento del experimento del gato de Schrödinger. Esta teoría supone que existe universos paralelos al nuestro en la que varían pequeñas cosas. Miles, infinitos universos en los que algo pasó de manera diferente. Y esos universos se crean a medida que pasan cosas. La teoría del suicidio cuántico supone un hombre que tiene una pistola en la mano. Esa pistola tiene un 50% de probabilidades de dispararse. Cada vez que el hombre intenta suicidarse, aprieta el gatillo y se crean dos universos. En uno él vive y en el otro muere. Esta teoría esconde una paradoja: existe un universo donde esa persona nunca muere. A eso se lo llama inmortalidad cuántica.
No todo depende de nosotros. Algunas cosas escapan. Dependen de Dios, del destino, del viento, de la suerte. No lo controlamos. Y esa incertidumbre es algo con lo que convivimos día a día. La moneda cae de un lado o del otro. Siempre son dos opciones. La tostada cae del lado del dulce o del otro. La pelota entra o se va afuera, el colectivo viene o no viene. Llueve o sale el sol. Te dicen que si o te dicen que no. Lo encontrás o lo perdés. Local, empate o visitante (eso son tres, pero en el fondo, como en el PRODE, siempre hay dos: ganar o perder). Y ahí es cuando tener suerte hace la diferencia.
No me parece muy extraña la idea de universos paralelos. No se bien por qué. Supongo que tiene que ver con que todos de alguna manera fantaseamos con otras vidas que nunca vamos a tener. Y también pensamos muchas veces (quizás demasiadas, si no tenemos suerte) que hubiese pasado si tomábamos una decisión diferente. Muchas más pensamos si otra persona tomaba otra decisión. Si tus padres decidían no tener hijos, si tu novia se casaba con vos, si de verdad te dedicabas al fútbol, si la medicina fuese nuestra vocación… que se yo. Todos esos mundos están en algún lado, son miles de universos paralelos donde tal vez yo no exista o quizás alguien muy parecido a mi, con mi mismo nombre juegue de nueve en Boca o sea un padre feliz.
Puedo decir que la vida me sonríe, que soy afortunado, que una buena estrella guía mi vida. En concreto: que tengo suerte. Los colectivos pasan cuando los necesito, encuentro plata tirada en la calle, gano cuando juego a algo, consigo almuerzos gratis, tengo gente que me quiere, tengo buenos amigos. La gente cree lo que digo. Leen lo que escribo. Estoy contento. Tengo suerte.
Creo que hay infinitos universos paralelos. Cada momento decisivo genera dos universos nuevos. Sé que hay un universo en el que soy jugador de fútbol, se que hay uno en el que mi novia no me dejó, hay otro en el que ya me recibí y hay miles de universos más. Pero el mío, el único que conozco, tiene una particularidad que lo hace similar a la paradoja de la inmortalidad cuántica. En este universo yo tengo buena suerte. Se que puede terminar. Se que hay miles de universos donde yo tengo mala suerte. Pero en este, en este no sé por qué, si es para bien o para mal, lo único que tengo es buena suerte.
domingo, 15 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
¿Have you met me?

Sé que es medio paranoico pensar que mi vida es un programa de Tv para un “exterior” que es algo asi como “la” realidad. Que todo lo que conozco es un decorado donde transitan actores bien pagos. Pero ya casi nunca pienso esto. A veces pienso que mi vida es un poco parecida a un show de televisión, y creo que estoy hablando de How I met your mother. Y de mi vida, por supuesto.
La historia empieza cuando el protagonista (supongo en un comienzo que vendría a ser yo) se entera que su amigo que estudia Leyes (mi Abogado) se está por casar con su novia de toda la vida (K). Y la serie es la historia de una búsqueda, la búsqueda que hace toda persona al llegar a un punto de su vida. Que es nada más y nada menos que la búsqueda de la persona con la que te vas a casar y tener hijos y todo eso. Quizás esto es la descripción de mi vida actual. Además se juntan a tomar en bares (no en un café, aburridos like Friends), inventan teorías sobre sus vidas, tienen extrañas tradiciones propias y celebran festividades que no existen. Muy parecido a mi vida actual. Tan parecido que asusta un poco. Sobre todo si sos un poco paranoico.
Hasta acá todo bien, pero hay un problema. El problema se llama Barney, que es el cuarto personaje de esta historia. Es un soltero que sólo busca salir todo el tiempo con cualquier mujer que se le cruce. Nunca se enamora, tiene un humor muy irónico (quizás demasiado) y en realidad todo eso es sólo para esconder que está enamorado de… bueno, no importa. Pero se habrán dado cuenta del problema. ¿Quién soy en esta historia? La primera vez que vi la serie dije: eso está muy claro, es mi vida, yo soy Ted (por eso lo de ¿Have you met Ted?) Pero entonces apareció Barney con su ironía, sus teorías sobre todo y sobre todos* y todo lo demás y me surgió la duda. ¿Quien soy? ¿De donde vengo? ¿A dónde voy?.
Esta como si mi personalidad se dividiera en dos, como si sobre mi hombro derecho se sentara Ted y sobre el izquierdo Barney. Demasiado parecido a la realidad para ser verdad. Entonces me di cuanta que esta serie tenia un mensaje oculto, pero un mensaje sólo para mi, que yo sólo voy a poder entender.
Creo que me voy a comprar un traje.
*Barney tiene varias teorías: el amor resuelve los conflictos del mundo, el “efecto porrista”, la “lemon law”, etc. En este blog hay teorías sobre el amor, la estupidez, sobre la mala memoria, sobre historias que me encuentran, sobre los domingos, sobre la mala memoria y un largo etcétera. Barney también inventó el dia del No-Padre. Nosotros tenemos el “Dia Internacional del Bardeo” que se celebra todos los 23 de diciembre (algún día tengo que escribir esa historia). En realidad lo de “internacional” lo pusimos sólo para bardear…
martes, 3 de noviembre de 2009
Desconciertos, no por favor
Viste esos momentos en que vas feliz por la vida –va, en realidad por la calle- pensando que ya la tenés y te imaginas saltando y bailando sin parar, moviendo el culo junto a tus amigos y con Manu Chao. Viste que la gente te mira como desconcertada y pensando -creo que piensan eso- que boluda esta mina que se ríe sola, o porque no “el que se ríe solo de sus picardías se acuerda”. Todo eso. Uno nunca piensa que la gente se contagia con tu risa. O sí, pero siempre salta la vergüenza primero. Ahí, justo ahí cuando miramos la cara de una persona que nos estaba observando y rápidamente bajamos la mirada y no sé por qué nos sonrojamos como si tuviéramos 8 años y nos estarían cantando nuestros compañeros de clase “se corre la bolilla se corre el bolillón…”. Pero seguís feliz porque te vas a comprar la entrada y entrás feliz y pedís sonriente “una entrada para Manu”. Y el tipo, que felicidad que le da al tipo cuando te dice “No quedan más” y ve que tu sonrisa se desdibuja de un plumazo. Tremendo. Sí tremendo desconsuelo te agarra cuando ves que la guita que habías juntado ya no tiene el destino pensado y entonces, por consuelo atinás a preguntar “No hay otra…” Y ahí el muy hijo de puta te corta como si además de adueñarse de tu felicidad se quiera adueñar de tus palabras y te dice “No hay otra fecha, es esa sola”. Listo. Chau felicidad. Te cagó el día y todos los días hasta después de esa fecha. Una bronca. Y te vas cabizbajo puteando en voz baja, y la gente esta vez también te mira pero ahora pensando que sos una pobre mina que no tiene otra cosa que hacer que putear a todos los hijos de puta que fueron antes que vos a sacar la entrada y de paso putear a tu jefe que no te dio el adelanto, a tu vieja que no te puede prestar plata y a todos los políticos y al sistema, por qué no.
Bueno, como no tengo la platita tendré que inventar los medios para conseguirla y poder evitar esa infelicidad que no tengo ganas de sentir nuevamente, porque ahora, si ahora, estoy feliz. Y no quiero que nada lo arruine. No quiero ningún desconcierto, nada de Lucas acá.







