domingo, 28 de junio de 2009
Meta
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jueves, 25 de junio de 2009
Desconcierto
Tener todo seguro.
¿Todo?
Ayer abrí los ojos y estaba todo igual. Mi habitación era la misma. Mi cara la misma. La mañana era distinta pero olía igual de bien que todas las anteriores. No era poco. Demasiado.
Tener todo seguro. Todo.
Hoy abro los ojos. Mi habitación está desordenada, mi cama revuelta y yo dentro de ella. Una almohada, mis cobijas y yo ahí dentro tapada hasta la cabeza. Mi lugar seguro. El único. La mañana huele diferente. No se soporta. Mi olfato no se acostumbra. Mi cara no era la misma. Desconcierto. Fragilidad. Ojos vidriados. Números Rojos.
Tener todo seguro.
¿Todo?
¿Todo?
Ayer abrí los ojos y estaba todo igual. Mi habitación era la misma. Mi cara la misma. La mañana era distinta pero olía igual de bien que todas las anteriores. No era poco. Demasiado.
Tener todo seguro. Todo.
Hoy abro los ojos. Mi habitación está desordenada, mi cama revuelta y yo dentro de ella. Una almohada, mis cobijas y yo ahí dentro tapada hasta la cabeza. Mi lugar seguro. El único. La mañana huele diferente. No se soporta. Mi olfato no se acostumbra. Mi cara no era la misma. Desconcierto. Fragilidad. Ojos vidriados. Números Rojos.
Tener todo seguro.
¿Todo?
miércoles, 24 de junio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
viernes, 19 de junio de 2009
Look Back
Caminaba por Florida, hacía frío pero no había sitio mejor donde estar.
Nunca supe como había llegado hasta ahí, pero ya no importaba. Estaba ahí y me resultó raro sentir que toda esa gente me observaba. ¿Qué miraban? Sabía que los ojos se clavaban en mi espalda.
Ah eso, pensé. Las flores. Mi espalda y las flores. Un recorrido desde el hombro izquierdo hasta el mismo costado de la cintura. Un acabado perfecto. No quería ser eso pero lo sentía y era parte de mí. Era eso con muchas dosis de imperfección, pero yo era eso.
El golpe no tardó en llegar. Mi espalda se encontró con un espejo, no tuve más que girar la cabeza y lo vi. Estaba ahí, tan perfecto e imborrable como siempre, flores que nunca se marchitan. Pero al lado lo inimaginable. Un imborrable nombre mal escrito. Imborrable. No pude evitar sentir ganas de arrancarme la piel y un nudo se ató en mi pecho. Me sentí desnuda.
¿Cuando había pasado? ¿Había decidido yo que ese nombre esté allí, junto a la perfección de mis flores? ¿Qué debía hacer? Era imborrable y estaba allí. Y lo peor, todos lo notaban. Todos me miraban diferente. Todos lo sabían menos yo. Hasta ahora.
Nunca supe como había llegado hasta ahí, pero ya no importaba. Estaba ahí y me resultó raro sentir que toda esa gente me observaba. ¿Qué miraban? Sabía que los ojos se clavaban en mi espalda.
Ah eso, pensé. Las flores. Mi espalda y las flores. Un recorrido desde el hombro izquierdo hasta el mismo costado de la cintura. Un acabado perfecto. No quería ser eso pero lo sentía y era parte de mí. Era eso con muchas dosis de imperfección, pero yo era eso.
El golpe no tardó en llegar. Mi espalda se encontró con un espejo, no tuve más que girar la cabeza y lo vi. Estaba ahí, tan perfecto e imborrable como siempre, flores que nunca se marchitan. Pero al lado lo inimaginable. Un imborrable nombre mal escrito. Imborrable. No pude evitar sentir ganas de arrancarme la piel y un nudo se ató en mi pecho. Me sentí desnuda.
¿Cuando había pasado? ¿Había decidido yo que ese nombre esté allí, junto a la perfección de mis flores? ¿Qué debía hacer? Era imborrable y estaba allí. Y lo peor, todos lo notaban. Todos me miraban diferente. Todos lo sabían menos yo. Hasta ahora.
MP4, 3, 2, 1, 0...
Primero se me rompió el auricular. Me compré otro y no me importó. Made in China
Después se me rompió el vidrio de adelante de la pantalla. Pero igual se veía y tampoco me importó.
Después se me rompió la funda, pero no servía para nada y no me importó.
Más tarde se me rompio la ficha del auricular. Pero le puse un cartoncito doblado y funcionó. (El cartón doblado era un Subtepass). Gracias Pity por la idea.
Después, por acostarme en el pasto de las plazas, se me rompió la pantalla, pero todavia se veia algo y me acordaba las combinaciones de teclas para que todo funcione. Como las fatalities del Mortal Kombat.
Hoy a la mañana prendí mi MP4, pero se me cayó al piso. La pantalla estaba totalemente negra.
Todavía se escucha, pero estoy empezando a tener miedo.
Creo que en un futuro cercano voy a tener que leer un libro en el colectivo.
Después se me rompió el vidrio de adelante de la pantalla. Pero igual se veía y tampoco me importó.
Después se me rompió la funda, pero no servía para nada y no me importó.
Más tarde se me rompio la ficha del auricular. Pero le puse un cartoncito doblado y funcionó. (El cartón doblado era un Subtepass). Gracias Pity por la idea.
Después, por acostarme en el pasto de las plazas, se me rompió la pantalla, pero todavia se veia algo y me acordaba las combinaciones de teclas para que todo funcione. Como las fatalities del Mortal Kombat.
Hoy a la mañana prendí mi MP4, pero se me cayó al piso. La pantalla estaba totalemente negra.
Todavía se escucha, pero estoy empezando a tener miedo.
Creo que en un futuro cercano voy a tener que leer un libro en el colectivo.
viernes, 12 de junio de 2009
El punto Argentino
El argentino esta orgulloso de ser argentino. El más claro ejemplo es el chiste ese en el que dos argentinos están en el extranjero por entrar a un lugar y uno le dice al otro: ¿Le decimos que somos argentinos? – No, que se jodan, le contesta el otro. Que se jodan.
Por un lado el argentino defiende lo argentino pero por el otro lo detesta. Yo, argentino. Pero mi abuelo es español. O italiano. Y aguante Italia, eh. O Suiza. Así de paso tengo el pasaporte y si está todo mal vuelvo a la tierra de mis antepasados. Porque acá viste como es, no?
Pero el argentino sigue siendo argentino y uno de los deportes que mejor le sale, además del futbol, es el de figurar. Figurar donde sea y como sea. Pero figurar.
Hablando de fútbol: ¿Cómo le fue a la selección Argentina en el mundial de Alemania 2006? Jugamos la final. Uno para cada equipo. Ganábamos seguro. Camoranesi, argentino, para Italia y Trzeguét, argentino, para Francia (Y de árbitro Elizondo, para completarla). Dos argentinos con una sola bandera: la argentina. Esa que fueron a buscar para dar la vuelta olímpica. Y la selección Argentina?. No me acuerdo muy bien que pasó con ellos.
Dentro de todo, esto es razonable. Todos subimos al carro de los vencedores como podemos. Si ganan los Pumas, aguante el rugby. Un tenista gana 2 (dos) millones de dólares, vamos el tenis (que buen Drive tiene Chucho Acassuso). Si ganamos algo en Golf, todos somos golfistas. Y las Leonas. También. Pero eso supongo que está bien. Tengo otros motivos para ver a las leonas. Incluso todo lo anterior está bien. Pero todo exceso es malo. Y a veces es también este caso donde el irrefrenable deseo de figurar nos lleva a lugares insospechados.
Terremoto en China: una argentina entre los desaparecidos. Tsunami en Japón: No se encuentran a dos turistas Mendocinos. El primer caso de Gripe Aviar seria de un argentino. Atentado en EEUU: se cree que un argentino estaba entre las víctimas. Un avión desaparece en el mar: el hijo de un compatriota era uno de los pasajeros.
Cuando el deseo de figurar se extiende al más allá, cuando en vez de subirnos al carro de la victoria subimos a un avión kamikaze, ese creo que es el límite. Creo que no faltó un argentino en ninguna catástrofe de los últimos años. Eso que no estamos en el uno a uno y la gente no viaja tanto. Sin embargo alguien siempre está dispuesto a morir por la causa. Sea en un incendio en California o un terremoto en Tailandia. Siempre un argentino tiene que figurar.
Creo que esta compulsión por figurar está provocando una mala imagen del país. Ante una amenaza de bomba no creo que nadie quiera sentarse al lado de un argentino. Ni de casualidad. ¿Le decimos que somos argentinos? No, que se jodan.
PD: Esto me hace acordar a otro chiste. En un velorio la viuda está hablando con una amiga de la familia: “Vos Martita que siempre estuviste, siempre: cuando se incendió la casa, cuando me quebré la pierna, cuando nos robaron, siempre, y ahora que se murió mi marido también estás… ¿No serás yeta Martita?"
Por un lado el argentino defiende lo argentino pero por el otro lo detesta. Yo, argentino. Pero mi abuelo es español. O italiano. Y aguante Italia, eh. O Suiza. Así de paso tengo el pasaporte y si está todo mal vuelvo a la tierra de mis antepasados. Porque acá viste como es, no?
Pero el argentino sigue siendo argentino y uno de los deportes que mejor le sale, además del futbol, es el de figurar. Figurar donde sea y como sea. Pero figurar.
Hablando de fútbol: ¿Cómo le fue a la selección Argentina en el mundial de Alemania 2006? Jugamos la final. Uno para cada equipo. Ganábamos seguro. Camoranesi, argentino, para Italia y Trzeguét, argentino, para Francia (Y de árbitro Elizondo, para completarla). Dos argentinos con una sola bandera: la argentina. Esa que fueron a buscar para dar la vuelta olímpica. Y la selección Argentina?. No me acuerdo muy bien que pasó con ellos.
Dentro de todo, esto es razonable. Todos subimos al carro de los vencedores como podemos. Si ganan los Pumas, aguante el rugby. Un tenista gana 2 (dos) millones de dólares, vamos el tenis (que buen Drive tiene Chucho Acassuso). Si ganamos algo en Golf, todos somos golfistas. Y las Leonas. También. Pero eso supongo que está bien. Tengo otros motivos para ver a las leonas. Incluso todo lo anterior está bien. Pero todo exceso es malo. Y a veces es también este caso donde el irrefrenable deseo de figurar nos lleva a lugares insospechados.
Terremoto en China: una argentina entre los desaparecidos. Tsunami en Japón: No se encuentran a dos turistas Mendocinos. El primer caso de Gripe Aviar seria de un argentino. Atentado en EEUU: se cree que un argentino estaba entre las víctimas. Un avión desaparece en el mar: el hijo de un compatriota era uno de los pasajeros.
Cuando el deseo de figurar se extiende al más allá, cuando en vez de subirnos al carro de la victoria subimos a un avión kamikaze, ese creo que es el límite. Creo que no faltó un argentino en ninguna catástrofe de los últimos años. Eso que no estamos en el uno a uno y la gente no viaja tanto. Sin embargo alguien siempre está dispuesto a morir por la causa. Sea en un incendio en California o un terremoto en Tailandia. Siempre un argentino tiene que figurar.
Creo que esta compulsión por figurar está provocando una mala imagen del país. Ante una amenaza de bomba no creo que nadie quiera sentarse al lado de un argentino. Ni de casualidad. ¿Le decimos que somos argentinos? No, que se jodan.
PD: Esto me hace acordar a otro chiste. En un velorio la viuda está hablando con una amiga de la familia: “Vos Martita que siempre estuviste, siempre: cuando se incendió la casa, cuando me quebré la pierna, cuando nos robaron, siempre, y ahora que se murió mi marido también estás… ¿No serás yeta Martita?"
miércoles, 10 de junio de 2009
Inimputable
Los anarquistas ostentan una impunidad increíble frente aquellos que no saben lo que es la anarquía. Si alguien dice "Yo soy anarquista", seguro salta alguien que dice "Si, anarquista, pero tenés una camperita Nike". Si, es cierto. Y vos de que lugar me hablás? Que podés decir de vos? Yo soy anarquista. Y por eso tengo una campera Nike. Para que vos vengas y me digas eso, para que vos pienses que eso está mal y te cuestiones cosas que antes no te cuestionabas. Que pienses que existe otra posibilidad. Y que no sólo lo pienses. Que hagas algo. Que pienses también por qué estas pensando esto y no otra cosa, por qué esto fue lo primero que se te ocurrió. Y si de verdad se te ocurrió a vos a alguien lo puso en tu cabeza. Por eso. Que pienses.
domingo, 7 de junio de 2009
viernes, 5 de junio de 2009
¿Me permite una pregunta?
¿Usted se considera Anarquista?
Yo? Anarquista? Creo que catalogarme como anarquista (o cualquier otra cosa) va en contra de mi libertad de elección.
Además creo que todos (o casi todos) los que son verdaderamente anarquistas no lo saben. ¿Usted, es anarquista? Yo he hablado con personas que se consideraban a si mismas como católicos, revolucionarios, traidores, aventureros, buscavidas, humanistas, vegetarianos, punks, abogados, músicos, linyeras y escritores que me hablaban contaban sobre un futuro de anarquía total con una convicción envidiable. Con la excepción que nunca mencionaban la palabra: Anarquía. Por que eso es caos, destrucción y desorden. O eso es lo que nos quieren hacer creer. Por que la mejor estrategia del capitalismo durante años ante algo que lo podía superar es correr el significante de su posición a la posición del enemigo. Y eso bastó.
Yo? Anarquista? Creo que catalogarme como anarquista (o cualquier otra cosa) va en contra de mi libertad de elección.
Además creo que todos (o casi todos) los que son verdaderamente anarquistas no lo saben. ¿Usted, es anarquista? Yo he hablado con personas que se consideraban a si mismas como católicos, revolucionarios, traidores, aventureros, buscavidas, humanistas, vegetarianos, punks, abogados, músicos, linyeras y escritores que me hablaban contaban sobre un futuro de anarquía total con una convicción envidiable. Con la excepción que nunca mencionaban la palabra: Anarquía. Por que eso es caos, destrucción y desorden. O eso es lo que nos quieren hacer creer. Por que la mejor estrategia del capitalismo durante años ante algo que lo podía superar es correr el significante de su posición a la posición del enemigo. Y eso bastó.
miércoles, 3 de junio de 2009
Motivación
A veces pienso que no tengo nada más que escribir. Otros días pienso que tengo demasiado que escribir, miles de artículos, cuatro o cinco libros, 433617 proyectos. Tengo que escribir sobre mi vida, mujeres y anécdotas y amigos inexistentes. Pero todo esta sólo en mi cabeza. O casi todo. Pero lo que ya escribí es la punta del iceberg nada más. El resto sigue sumergido en mi cabeza.
Pero de un momento al otro todo puede terminar. Un tren al que no le anda la bocina, una bala de plata, el tercer riel, acostarse boca arriba, el lugar equivocado, caer en la tentación, los colmillos en mi cuello. Y todo se acabó. No queda registro de nada. Nada.
Eso es lo que me motiva a escribir. No es mucho, pero por ahora alcanza.
Pero de un momento al otro todo puede terminar. Un tren al que no le anda la bocina, una bala de plata, el tercer riel, acostarse boca arriba, el lugar equivocado, caer en la tentación, los colmillos en mi cuello. Y todo se acabó. No queda registro de nada. Nada.
Eso es lo que me motiva a escribir. No es mucho, pero por ahora alcanza.
viernes, 29 de mayo de 2009
Steven´s Machine
Muchas personas imaginaron el futuro y de muchas maneras. Apocalíptico, inexistente, caótico, ordenado, aburrido, igual que el presente y sobre todo con autos voladores. Muchos futuros imaginados involucran utopías. Tanto utopías de control como utopías de libertad. Pero algunas utopías de libertad a veces olvidan una parte demasiado importante como para pasar de largo que es la libertad individual, creativa de los individuos, que muchas veces es sacrificada en pos del ideal de bienestar e igualdad de todos los seres humanos. Yo pienso que es al revés.
Pienso que la única forma de llegar a un futuro donde se pueda ser verdaderamente libre es en base a esa libertad individual creadora. Y eso quizás podría empezar con un simple paso. La maquina de Steven.
Ese día estábamos en el departamento de El Fran. El menú era de tacos con vino tinto. Yo estaba mirando un blog sobre camisetas y hablando de serigrafía con Steven.
Steven es el vecino de El Fran, es canadiense como Neil Young y le gusta hablar y tocar la guitarra. Hablando de serigrafía y remeras con él fue que me preguntó ¿En cuanto tiempo pensás que van a vender una maquina para hacer tus propias remeras? – Seis meses – le dije con una convicción digna de un anarquista – o un poco menos.
La verdad no sé si será así, pero la maquina de Steven tiene un buen fundamento: Las remeras son casi como nuestra segunda piel, son un poco menos que un tatuaje y bastante más que los tribales temporales que se hacen las pendejas chetas en la playa. Una remera se elige y se defiende, pasa con las camisetas de fútbol (tanto adentro como fuera de la cancha), pero también con las remeras de bandas de rock, o de películas o de lo que sea. “cada persona debería tener la posibilidad de elegir sus propios diseños” Y eso es la maquina de Steven, una maquina que se compra, se le pone un diseño que hayas hecho o que quieras, una remera, apretás un botón y listo. Tu remera personalizada, única, en la comodidad de tu hogar.
Do it yourself, en contra de los futuros que nos imaginan a todos, libres o esclavos, vestidos igual.
Porque a veces hay que cambiar pequeñas cosas para generar pequeños cambios en la cabeza de la gente para que en el futuro se logren grandes cambios. Y si todo el sistema se descentraliza, si el centro deja de existir y cada uno aporta lo suyo para crear algo mucho más grande que no le pertenece a nadie y es de todos, si eso es porque alguien o algo hizo que eso cambie. Por ahora esto es lo que hay. La Maquina de Steven. Dentro de seis meses (o un poco más) en todos los comercios del barrio a sólo $99,90.
Pienso que la única forma de llegar a un futuro donde se pueda ser verdaderamente libre es en base a esa libertad individual creadora. Y eso quizás podría empezar con un simple paso. La maquina de Steven.
Ese día estábamos en el departamento de El Fran. El menú era de tacos con vino tinto. Yo estaba mirando un blog sobre camisetas y hablando de serigrafía con Steven.
Steven es el vecino de El Fran, es canadiense como Neil Young y le gusta hablar y tocar la guitarra. Hablando de serigrafía y remeras con él fue que me preguntó ¿En cuanto tiempo pensás que van a vender una maquina para hacer tus propias remeras? – Seis meses – le dije con una convicción digna de un anarquista – o un poco menos.
La verdad no sé si será así, pero la maquina de Steven tiene un buen fundamento: Las remeras son casi como nuestra segunda piel, son un poco menos que un tatuaje y bastante más que los tribales temporales que se hacen las pendejas chetas en la playa. Una remera se elige y se defiende, pasa con las camisetas de fútbol (tanto adentro como fuera de la cancha), pero también con las remeras de bandas de rock, o de películas o de lo que sea. “cada persona debería tener la posibilidad de elegir sus propios diseños” Y eso es la maquina de Steven, una maquina que se compra, se le pone un diseño que hayas hecho o que quieras, una remera, apretás un botón y listo. Tu remera personalizada, única, en la comodidad de tu hogar.
Do it yourself, en contra de los futuros que nos imaginan a todos, libres o esclavos, vestidos igual.
Porque a veces hay que cambiar pequeñas cosas para generar pequeños cambios en la cabeza de la gente para que en el futuro se logren grandes cambios. Y si todo el sistema se descentraliza, si el centro deja de existir y cada uno aporta lo suyo para crear algo mucho más grande que no le pertenece a nadie y es de todos, si eso es porque alguien o algo hizo que eso cambie. Por ahora esto es lo que hay. La Maquina de Steven. Dentro de seis meses (o un poco más) en todos los comercios del barrio a sólo $99,90.
viernes, 22 de mayo de 2009
Rompecabezas los domingos
Los domingos son días para realizar actividades que no se realizan el resto de la semana. Ordenar los discos, el fútbol por televisión, comer facturas, pasear por el parque, comer ravioles y, como hizo Dios, descansar. Pero mi actividad preferida es armar rompecabezas.
Pero los rompecabezas que yo armo de alguna manera son virtuales, imaginarios, pero más reales que los rompecabezas reales. Las piezas son lo más difícil de conseguir, aunque donde colocarlas también se torna complicado. Ahora que lo pienso mejor, casi tan complicado como conseguir las piezas. Y las piezas de las que hablo son recuerdos. Recuerdos del sábado. Del sábado anterior.
Por lo general lo que se tiene es la primera pieza. Y la última. La primera pieza es donde arranca la noche. O la tarde, según el caso y el clima. Y la última pieza es la más extraña. Es con lo que nos encontramos el domingo a la mañana (o al mediodía). Y lo que se encuentra puede ser cualquier cosa, pero siempre sirve para encontrar las demás piezas: botellas vacías, escrituras en la pared, lugares y personas extrañas y también fotos y cosas rotas. Pero la primera pieza la sabemos todos y de ahí empezamos.
Con la primera pieza es fácil, nadie había tomado nada. La segunda es otra historia, pero casi seguro alguien la sabe, después si se pone complicado. El procedimiento para completar el rompecabezas es simple, es un recorrido. De la primera pieza hay que llegar a la última. Pero a veces no es tan fácil. Sobre todo si la última pieza incluye un enano de gomaespuma, dos bolsas de soldaditos de plástico, una licuadora usada, una bolsa de bizcochos de cebolla, un televisor dado vuelta, yo durmiendo con el Pity en el balcón, el sol en la cara, un termo con restos de caipiriña, una botella de Legui o simplemente la sensación de haber participado la noche anterior en “Titanes en el Ring”.
A partir de esa última pieza empieza la reconstrucción. Y toda reconstrucción involucra una confesión. Y entonces aparecen los arrepentidos: desde el clásico “prometo que no tomo Tequila nunca más” pasando por “al auto del Manteca no subo más” y llegando a veces al “Si, el enano me lo robé de la pizzería de la otra cuadra”. Todo se acepta, todo se confiesa con tal de terminar el rompecabezas y dormir tranquilo el domingo.
Y justo cuando pensamos que ya lo teníamos, que todas las piezas encajaban, que todos los que estábamos en la mesa habíamos podido reconstruir la noche anterior. Justo en ese momento pasa alguien que nadie conoce. O que nadie recuerda conocer. Y nos dice con una sonrisa: “como estaban anoche, eh?”.
Pero los rompecabezas que yo armo de alguna manera son virtuales, imaginarios, pero más reales que los rompecabezas reales. Las piezas son lo más difícil de conseguir, aunque donde colocarlas también se torna complicado. Ahora que lo pienso mejor, casi tan complicado como conseguir las piezas. Y las piezas de las que hablo son recuerdos. Recuerdos del sábado. Del sábado anterior.
Por lo general lo que se tiene es la primera pieza. Y la última. La primera pieza es donde arranca la noche. O la tarde, según el caso y el clima. Y la última pieza es la más extraña. Es con lo que nos encontramos el domingo a la mañana (o al mediodía). Y lo que se encuentra puede ser cualquier cosa, pero siempre sirve para encontrar las demás piezas: botellas vacías, escrituras en la pared, lugares y personas extrañas y también fotos y cosas rotas. Pero la primera pieza la sabemos todos y de ahí empezamos.
Con la primera pieza es fácil, nadie había tomado nada. La segunda es otra historia, pero casi seguro alguien la sabe, después si se pone complicado. El procedimiento para completar el rompecabezas es simple, es un recorrido. De la primera pieza hay que llegar a la última. Pero a veces no es tan fácil. Sobre todo si la última pieza incluye un enano de gomaespuma, dos bolsas de soldaditos de plástico, una licuadora usada, una bolsa de bizcochos de cebolla, un televisor dado vuelta, yo durmiendo con el Pity en el balcón, el sol en la cara, un termo con restos de caipiriña, una botella de Legui o simplemente la sensación de haber participado la noche anterior en “Titanes en el Ring”.
A partir de esa última pieza empieza la reconstrucción. Y toda reconstrucción involucra una confesión. Y entonces aparecen los arrepentidos: desde el clásico “prometo que no tomo Tequila nunca más” pasando por “al auto del Manteca no subo más” y llegando a veces al “Si, el enano me lo robé de la pizzería de la otra cuadra”. Todo se acepta, todo se confiesa con tal de terminar el rompecabezas y dormir tranquilo el domingo.
Y justo cuando pensamos que ya lo teníamos, que todas las piezas encajaban, que todos los que estábamos en la mesa habíamos podido reconstruir la noche anterior. Justo en ese momento pasa alguien que nadie conoce. O que nadie recuerda conocer. Y nos dice con una sonrisa: “como estaban anoche, eh?”.
martes, 12 de mayo de 2009
Despierta, ya es hora
Ya es tiempo me dijeron. Llegó la hora.
Uno siempre lo sabe, pero nunca lo quiere llevar a cabo. Por cobarde, porque da placer, porque es vicio, porque cuesta, miles de porqués nos hacen no tomar la decisión. Pero te lo advierten una, dos, tres veces. Y vos quieta, siempre inmóvil seguís con tu rutina y con tus hábitos como si nada sucediera, total a mí que me puede pasar, pensás.
Y pasa, un día pasa, o un día te percatas de que te puede pasar. Y te lo vuelven a decir pero esta vez suena diferente, demasiado diferente, te alarma, te asusta tanto que tomas coraje y decidís dar el paso, porque tu cuerpo ya no aguanta esa presión ni ese vicio.
Tantos años sabiendo de ese mal, tantos años haciéndome sufrir y realmente hace falta asustarse tanto para abrir los ojos y dar el paso.
¿Qué nos hace tan cobardes? ¿Qué nos hace tan adictos que a costa de todo decidimos seguir maltratándonos? ¿Qué nos hace tan estúpidos como para no aceptar buenos consejos? ¿Por qué siempre pensamos que lo malo le toca a los demás? ¿Por qué creemos en el triste consuelo que nuestro mal no puede ser tan malo y que de todas maneras por algo hay que sufrir y de algo hay que morir?
Sí, por algo hay que sufrir, pero hay tantas cosas hermosas por las que sufrir. Sí por algo hay que morir, pero es muy pronto todavía como para elegir el camino por el cual quiero hacerlo. No quiero elegirlo. Creo que nadie quiere. Prefiero la sorpresa, sí, pero también prefiero que esa sorpresa me permita respirar.
Uno siempre lo sabe, pero nunca lo quiere llevar a cabo. Por cobarde, porque da placer, porque es vicio, porque cuesta, miles de porqués nos hacen no tomar la decisión. Pero te lo advierten una, dos, tres veces. Y vos quieta, siempre inmóvil seguís con tu rutina y con tus hábitos como si nada sucediera, total a mí que me puede pasar, pensás.
Y pasa, un día pasa, o un día te percatas de que te puede pasar. Y te lo vuelven a decir pero esta vez suena diferente, demasiado diferente, te alarma, te asusta tanto que tomas coraje y decidís dar el paso, porque tu cuerpo ya no aguanta esa presión ni ese vicio.
Tantos años sabiendo de ese mal, tantos años haciéndome sufrir y realmente hace falta asustarse tanto para abrir los ojos y dar el paso.
¿Qué nos hace tan cobardes? ¿Qué nos hace tan adictos que a costa de todo decidimos seguir maltratándonos? ¿Qué nos hace tan estúpidos como para no aceptar buenos consejos? ¿Por qué siempre pensamos que lo malo le toca a los demás? ¿Por qué creemos en el triste consuelo que nuestro mal no puede ser tan malo y que de todas maneras por algo hay que sufrir y de algo hay que morir?
Sí, por algo hay que sufrir, pero hay tantas cosas hermosas por las que sufrir. Sí por algo hay que morir, pero es muy pronto todavía como para elegir el camino por el cual quiero hacerlo. No quiero elegirlo. Creo que nadie quiere. Prefiero la sorpresa, sí, pero también prefiero que esa sorpresa me permita respirar.
domingo, 10 de mayo de 2009
viernes, 8 de mayo de 2009
Algunas personas nunca cambian
soy eso,
soy el ejemplo de esas personas,
soy la persona que nunca va a cambiar,
soy eso que te dice lo que sentiste alguna vez,
soy eso,
soy lo que alguna vez creíste entender,
soy lo que no querés que te importe ahora,
soy la cosa que alguna vez malinterpretaste,
soy la persona que nunca llegó a nada de lo que esperaste,
soy la persona de la cual te equivocaste alguna vez,
soy la persona de la cual te estás riendo ahora,
soy el payaso que te hizo reír hoy a la tarde (en mi tarde)
soy el único hijo de puta de que te dice lo que siente,
soy lo feo que te marca la belleza de los demás,
soy la mala persona que te hace sentir una mejor persona,
soy esa mierda que mirás a la distancia para sentirte mejor,
soy el pasado que te marcó por dónde no tenés que ir,
soy el referente de lo más bajo que sentiste alguna vez,
soy TU equivocación,
soy una canción que bailaste en el viaje de egresados de la secundaria,
soy la persona que te hizo cambiar
soy eso que nunca cambia
soy eso que te aburrió
soy un lugar, de esos que no querés volcer a pisar
soy el lugar que te hizo conocer otros lugares
soy tu pueblo natal
soy el grandote pelotudo que te pegó de pendejo
soy la persona que nunca te va olvidar
soy la personas de la cual nunca te vas a olvidar
soy tu primer amor.
soy el ejemplo de esas personas,
soy la persona que nunca va a cambiar,
soy eso que te dice lo que sentiste alguna vez,
soy eso,
soy lo que alguna vez creíste entender,
soy lo que no querés que te importe ahora,
soy la cosa que alguna vez malinterpretaste,
soy la persona que nunca llegó a nada de lo que esperaste,
soy la persona de la cual te equivocaste alguna vez,
soy la persona de la cual te estás riendo ahora,
soy el payaso que te hizo reír hoy a la tarde (en mi tarde)
soy el único hijo de puta de que te dice lo que siente,
soy lo feo que te marca la belleza de los demás,
soy la mala persona que te hace sentir una mejor persona,
soy esa mierda que mirás a la distancia para sentirte mejor,
soy el pasado que te marcó por dónde no tenés que ir,
soy el referente de lo más bajo que sentiste alguna vez,
soy TU equivocación,
soy una canción que bailaste en el viaje de egresados de la secundaria,
soy la persona que te hizo cambiar
soy eso que nunca cambia
soy eso que te aburrió
soy un lugar, de esos que no querés volcer a pisar
soy el lugar que te hizo conocer otros lugares
soy tu pueblo natal
soy el grandote pelotudo que te pegó de pendejo
soy la persona que nunca te va olvidar
soy la personas de la cual nunca te vas a olvidar
soy tu primer amor.
sábado, 2 de mayo de 2009
Ya no sé que hacer conmigo
Anoche me pasó algo extraño, incluso teniendo en cuenta las cosas extrañas que siempre me pasan. Estábamos en lo de El Fran por hacer unas pizzas a la parrilla y mirando un partido. En un momento de la noche voy a la cocina para preparar la salsa. El Pity me sigue. Empezamos a cocinar. Y ahí empezó lo raro.
Lo que yo pensaba, él lo hacia. Y viceversa. No exactamente así, pero de alguna manera pensábamos igual, pensábamos lo mismo. Respecto a todo. A como cortar los ingredientes, como cocinarlos, que recipientes usar, que tomar mientras cocinábamos. Todo. Incluso sobre que hacer para que el gato nos deje de molestar. Y ahí fue cuando todo se puso más raro.
No se si fui yo el que lo sugirió o fue él. La cosa es que de nuevo pensamos los dos lo mismo. Y no era cualquier cosa. O si. “Nunca pensaste que yo pude ser una creación de tu mente?”- me dijo. Y lo raro es que yo lo pensaba. No sólo eso. Me imaginé a mi llevando la salsa a la parrilla donde estaban todos los demás que me decían “que bueno que hiciste la salsa vos sólo” y yo les decía que no, que el Pity me había ayudado y entonces me mostraban en una cámara digital una foto mía cocinando sólo, mirando a un costado como hablando con alguien. Todo eso se me ocurrió en un instante. Una imagen de El Club de la Pelea se me apareció en algún lado (siempre voy a ser Edward Norton antes que Brad Pitt). El Pity no existe. Eso me decían. Entonces si esta idea es de él o mía no tiene importancia, él y yo somos la misma persona. Pero igual creo que no es así. Y no es así porque estaba hablando conmigo, al lado mío cocinando, porque puedo robarle esta idea, como a muchos otros, porque existe y esta idea se le ocurrió a él o a los dos a la vez. Y existe. Es por que yo lo vi mientras lavaba el cuchillo, mientras deslizaba la esponja por el filo, vi cuando se le resbala y ese filo corta un poco su piel. Y veo también mi mano que agarra un vaso de cerveza. Y mis dedos. Y una gota de sangre que empieza a caer lentamente de ellos.
Lo que yo pensaba, él lo hacia. Y viceversa. No exactamente así, pero de alguna manera pensábamos igual, pensábamos lo mismo. Respecto a todo. A como cortar los ingredientes, como cocinarlos, que recipientes usar, que tomar mientras cocinábamos. Todo. Incluso sobre que hacer para que el gato nos deje de molestar. Y ahí fue cuando todo se puso más raro.
No se si fui yo el que lo sugirió o fue él. La cosa es que de nuevo pensamos los dos lo mismo. Y no era cualquier cosa. O si. “Nunca pensaste que yo pude ser una creación de tu mente?”- me dijo. Y lo raro es que yo lo pensaba. No sólo eso. Me imaginé a mi llevando la salsa a la parrilla donde estaban todos los demás que me decían “que bueno que hiciste la salsa vos sólo” y yo les decía que no, que el Pity me había ayudado y entonces me mostraban en una cámara digital una foto mía cocinando sólo, mirando a un costado como hablando con alguien. Todo eso se me ocurrió en un instante. Una imagen de El Club de la Pelea se me apareció en algún lado (siempre voy a ser Edward Norton antes que Brad Pitt). El Pity no existe. Eso me decían. Entonces si esta idea es de él o mía no tiene importancia, él y yo somos la misma persona. Pero igual creo que no es así. Y no es así porque estaba hablando conmigo, al lado mío cocinando, porque puedo robarle esta idea, como a muchos otros, porque existe y esta idea se le ocurrió a él o a los dos a la vez. Y existe. Es por que yo lo vi mientras lavaba el cuchillo, mientras deslizaba la esponja por el filo, vi cuando se le resbala y ese filo corta un poco su piel. Y veo también mi mano que agarra un vaso de cerveza. Y mis dedos. Y una gota de sangre que empieza a caer lentamente de ellos.
martes, 28 de abril de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
Mal Trago
El gajo de limón sobresale de mi caipirinha como una aleta de tiburón de una pelicula Clase B. Creo que es hora de preparar otra.
Lo que mata es la humedad, pero a veces los efectos del calor son peores.
Lo más triste es que no podemos ser tan chic como queremos. Un kilo, es decir diez mini limones chiquitos y verdes, casi como aceitunas, valen $21,50. Sólo un par de pesos mas que una botella entera de caipirinha o eso. De la marca Velho Barreiro (la mejor amiga del limón).
Con que emparchamos nuestro eterno "faltan 5 pa´l peso"?
Esta vez con jugo de lima limón y unas rodajas de limón común.
Mañana, ya veremos.
Lo que mata es la humedad, pero a veces los efectos del calor son peores.
Lo más triste es que no podemos ser tan chic como queremos. Un kilo, es decir diez mini limones chiquitos y verdes, casi como aceitunas, valen $21,50. Sólo un par de pesos mas que una botella entera de caipirinha o eso. De la marca Velho Barreiro (la mejor amiga del limón).
Con que emparchamos nuestro eterno "faltan 5 pa´l peso"?
Esta vez con jugo de lima limón y unas rodajas de limón común.
Mañana, ya veremos.
miércoles, 8 de abril de 2009
Rayada
-Tomá mi amor, feliz cumpleaños.
-Gracias mi vida, igual no era necesario.
-Dale, abrilo
- Abre el paquete -
-Es . . . un reloj.
-Si. ¿Te gusta?
-Hijo de Puta.
-Gracias mi vida, igual no era necesario.
-Dale, abrilo
- Abre el paquete -
-Es . . . un reloj.
-Si. ¿Te gusta?
-Hijo de Puta.
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